Light Wielder (Fuego y metal 2) Capítulo 19. Acker
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Capítulo 19. Acker

Acker

Olivia me está volviendo jodidamente loco.

Supongo que no lo había preguntado, pero a Wells tampoco se le ocurrió mencionar lo embarazada que está realmente su esposa.

Está muy embarazada. De ese tipo de embarazo que aún puede ocultarse bajo una blusa holgada, así me lo ocultaron cuando aún estaba en Kenta, pero sin varias capas de ropa, su barriga abultada es muy evidente.

Y utiliza su estado como un arma, sabiendo que no puedo defenderme de su ira, que me sigue a dondequiera que vaya en este puto barco.

Subimos al barco en el puerto, no lejos de donde residen los padres de Wells, y dejamos que la corriente nos llevara río abajo hasta el mar.

Es más rápido que viajar a la costa en carruaje, pero nada es lo suficientemente rápido cuando estás atrapado con una amiga de la infancia que actualmente maldice el día en que nací con cada respiración.

Cuando Olivia no me grita abiertamente, me castiga con su silencio.

Lo cual estaría bien, de hecho sería preferible, excepto que la única razón de vivir de Wells en este momento es atender todos los caprichos de su esposa.

Lo que significa que cuando ella guarda silencio, él guarda silencio.

No puede arriesgarse a que lo vea fraternizando con el enemigo y eso es un jodido problema.

Hemos tenido que recurrir a escondernos como adolescentes en medio de la noche. Llevo dos horas esperándolo en la proa cuando al final hace acto de aparición. Con el cabello despeinado y claramente privado de sueño, está hecho un nervioso desastre.

—Está dormida —susurra, como si pudiera escucharlo desde debajo de la cubierta.

—Bien. —Quiero que suene positivo, pero la mirada de reproche que me lanza me dice que no lo he conseguido—. Está menos rencorosa cuando está descansada —corrijo.

Apoya un codo en la barandilla, sosteniéndose la cabeza.

—Te estaría sacando de quicio aunque no estuviera embarazada.

Pues sí, la verdad.

Olivia nunca ha sido de andarse con rodeos por el bien de los sentimientos de alguien.

Ni los propios ni los de los demás, hay que decir.

Es por eso por lo que ella y Beau se acercaron tanto de niñas.

Por eso y porque había pocas chicas más de su edad en la corte y, desde luego, ninguna que quisiera ser vista haciendo amistad con la hija bastarda del rey.

Pero a Olivia no le importaba nada de eso, para disgusto de sus padres.

Entre las dos, nunca me he salido con la mía haciendo algo imprudente sin recibir una reprimenda.

—Al menos yo podría estarla sacando de quicio a ella también —digo.

—Está decepcionada contigo —dice él.

—Obviamente.

—Y cree que estás tramando algo.

—¿Lo cree ella? —Mis cejas se arquean hasta la línea del cabello—. ¿O eres tú el que lo cree?

Él sonríe.

—Oh, yo sé que estás tramando algo.

Apoyado en los antebrazos, miro más allá, a la negrura de la noche. El cielo y el agua se fusionan, es imposible distinguir dónde termina uno y empieza el otro. Me recuerda a ese espacio entre Jovie y yo. El vacío que existe cuando sigo el lazo hacia ella. Me recuerda a nuestro tiempo en el barco.

Respiro hondo, reuniendo el valor para decir la verdad.

—Mi padre lleva toda la vida manipulándome, Wells.

Él se acerca e imita mi postura.

—¿Qué te ha hecho darte cuenta? ¿Esta alianza con Wren?

—Creo que, de alguna manera, siempre lo he sabido.

Incluso cuando era niño, me exigía cosas sin importarle mis sentimientos al respecto, simplemente porque le convenían para sus intereses.

Es solo que no me di cuenta de la magnitud hasta que...

—Exhalo ante la incredulidad—. Hasta que Jovie le arrebató su magia.

Los días posteriores a su traición son un borrón.

El consejo había muerto y sus familias exigían represalias.

Cuando mi padre se negó a atacar Maile, se enfurecieron y retuvieron recursos necesarios de sus tierras.

Enviaron a sus hombres a unirse a los levantamientos en la capital.

Las protestas se volvieron violentas, estallaron disturbios y la única respuesta de mi padre fue ordenar la muerte de los familiares restantes de los miembros de su consejo asesinados.

—Quiero que te encargues de esto —me ordenó una noche en su salón.

Y me negué.

—No tendré muertes de inocentes sobre mi conciencia.

Quería matar linajes enteros, hasta a los niños más pequeños.

Quería reconstruir un consejo con terratenientes sin título.

Hombres que habían trabajado para los consejeros anteriores, pero que nunca habían tenido posiciones reales de poder.

Sospecho que creía que, si les daba títulos y dinero, obtendría su lealtad incondicional.

Nunca desobedecí a mi padre de forma manifiesta.

Mi insubordinación era usualmente subrepticia, nunca lo suficiente evidente como para requerir un castigo severo.

Al menos, no hasta que elegí a Jovie en vez de a Irina y la alianza con los strou.

Me culpó por los problemas que mi querida hermana y mi vínculo crearon cuando mataron a todo su consejo.

Y cuando le juré en ese momento que no mataría en su nombre, me miró como si yo fuera el enemigo. Como si el hecho de que yo no fuera su espada significara que no valía nada.

Salí de su salón sintiéndome enfermo y fue la primera vez que percibí un atisbo de quién era realmente mi padre.

—Vas a tener que matarlo —dice Wells.

—Lo sé —respondo. Lo supuse desde el momento en que Wren entró en el salón de mi padre, pero se confirmó cuando reveló su magia recién adquirida en mis aposentos.

—Tuve una oportunidad y yo... —Trago saliva que baja mezclada con la vergüenza, me atrevo a mirar a mi amigo y agradezco comprobar que no hay un enjuiciamiento en su mirada—. No la aproveché.

—No serviría de nada ahora mismo. Sin el ejército de Wren, Kenta caería y Wren y Chryse estarían allí para recoger la corona de tu cadáver.

—Sin embargo —digo mientras enderezo la espalda y endurezco mi resolución—, me encargaré de mi padre tras tener un ejército que me respalde.

Una sonrisa irónica se dibuja en la boca de Wells.

—¿Y cuál es el plan exactamente? Aún no has revelado nada más que tu deseo de llegar al muelle de Maile sin ser identificado, ¿y luego qué? ¿Llegar a las puertas del palacio y llamar, con todo el descaro?

—Con Olivia, sí.

—¿Mi esposa?

—Jovie le ha estado suplicando a Olivia que busque asilo en Maile hasta que termine la guerra. —Sus ojos se mueven entre los míos, buscando una pista de cómo lo he descubierto. Hago una mueca ante la verdad que estoy a punto de revelar—. Intercepté uno de sus pájaros.

Al principio parece perplejo ante la idea de que su esposa le haya ocultado un secreto, pero luego la ira reemplaza a la confusión, su mandíbula se tensa.

—Tienes que controlarlo todo, ¿verdad?

Niego con la cabeza, porque está totalmente equivocado.

—Estaba celoso —admito—. Olivia había estado en contacto con ella cuando yo no podía y me moría de necesidad por conocer sus pensamientos, por leer sus palabras. De tener siquiera un fragmento de ella, aunque no estuviera destinado a mí. —El olor a flores silvestres apenas se aferraba al pergamino.

Eso es algo que Wells puede entender completamente. La compasión le brilla en los ojos y ni siquiera me molesta. No cuando yo la siento tan profundamente por mí mismo.

Él maldice y sacude la cabeza mientras vuelve hacia la cubierta principal. La segunda guardia de la tripulación mantiene nuestro rumbo mientras el resto duerme. Aunque al menos la mitad juega a las cartas en la cubierta mientras bebe cerveza.

—Olivia no me lo dijo porque sabía que yo querría que se fuera.

—Nunca se iría sin ti. —La voz me sale más aguda de lo que pretendía.

—Mucho hablar de mi esposa, pero no has mencionado ni una sola vez qué vas a hacer con tu vínculo cuando lleguemos allí.

—De todos modos, vas a darme tu opinión sobre el asunto, ¿verdad?

—La táctica más inteligente y obvia sería seducirla. Otra vez.

Aunque la idea resulta tentadora...

—No veo cómo sería posible con mi esposa a cuestas.

Una sonrisa se le dibuja en el rostro.

—Como si eso os hubiera detenido antes.

—Aquello fue diferente —aseguro mientras lo miro fijamente con dureza.

Él pone los ojos en blanco.

—Entonces te humillarás, supongo.

La mera idea hace que el labio se me curve en señal de disgusto.

—No estoy seguro de que eso resulte ventajoso mientras negocio una posible alianza para obtener apoyo militar.

Él choca su hombro contra el mío, se inclina y me obliga a mirarlo a los ojos.

—Solo quiero que mi mejor amigo sea feliz.

—Deberías rebajar tus expectativas.

—Está bien, pero reconciliarte con Jovie logra dos cosas a la vez: terminar tu actual estado de celibato y ganar posible influencia con su madre.

No es que no lo hubiera pensado..., espera.

—¿Cómo demonios conoces los detalles de mi vida sexual?

O de la falta de ella, más bien.

Me mira como si fuera estúpido.

—Estoy vinculado, ¿recuerdas? Sé cómo funciona.

La memoria de mi noche de bodas con Irina me viene a la mente.

Jovie apareció como un fantasma al otro lado de la habitación.

Delgada y pálida, completamente inmóvil mientras observaba a Irina montada sobre mi regazo.

Yo había estado temiendo la noche de bodas, pero una sola mirada al rostro consternado de Jovie encendió en mí la necesidad de hacerle tanto daño como ella me había hecho a mí.

Para que sintiera el mismo dolor a cambio.

Así que hundí las manos en la carne de Irina, instándola, manteniendo los ojos fijos en Jovie mientras la boca de Irina descendía sobre la mía.

En ese momento, me encantó. Disfruté del dolor que se reflejaba en su rostro.

Ella rompió la conexión antes de que avanzara más con Irina y desapareció de mi presencia, pero yo estaba determinado a acabar lo que había empezado, impulsado por el despecho.

Desnudé completamente a Irina y me lancé al acto final. Podría haber sido cualquiera debajo de mí y no me habría importado. Todo lo que quería era un alivio. Una escapatoria. Cualquier cosa que llenara la herida abierta en mi corazón.

Ni siquiera podía registrar qué parte de ella estaba tocando mi boca. No había sabor, sensación ni sonido.

Entonces, como un incendio creciente, una sensación como ninguna otra me llenó el pecho.

Intenté ignorarla al principio, pero se volvió insoportable, hasta el punto de que tuve que alejarme de la carne de Irina, sintiéndome aturdido.

Me llevó un momento darme cuenta: iba a llorar.

El impulso era tan violento que salté de la cama y ordené a Irina que saliera de la habitación.

Sin duda pensó que estaba mal de la cabeza, gritándole como un loco cuando un momento antes estaba encima de ella. Nada pudo detener las lágrimas.

—Pensé que solo estaba experimentando los sentimientos de Jovie —digo.

—Probablemente sí —explica él, con expresión contemplativa—. Y creo que esa es la cuestión.

Por razones que desconozco, el vínculo hizo posible que Jovie pudiera ver dentro de mi mente, mientras yo solo podía percibir sus emociones.

Y aunque siempre he podido sentir las emociones de Jovie a través del lazo, nunca lo había experimentado así.

Potente. Brutal. Implacable, incluso cuando me ponía las piedras mangi.

Nunca volví a tocar a Irina después de aquella noche.