Capítulo 33
A liz no puede matar.
Es inocente. Nunca ha dudado en su decisión de deshacerse de la marca, esa compasión innata que tiene es la razón por la que no puede quitarle la vida a otra persona.
Está acostada a mi lado, quieta y en silencio, y yo acaricio su cabello con los dedos.
–Encontraremos una manera –susurro.
Ella toma mi mano y cierra los ojos.
El comedor de Tynarrich está en silencio, salvo por el ruido violento de la lluvia que golpea las ventanas, con las persianas levantadas ahora que ha caído la noche.
–Sabías que no había biblioteca –digo cuando veo a Elia.
–¿En dónde está Aliz? –pregunta.
–Estudiando –digo. Estar lejos de ella se vuelve cada vez más insoportable. La picazón en mi cuello arde. Juraría que casi puedo sentir las enredaderas, verdaderas espinas clavadas en mi piel. Me rasco la marca a través de la bufanda de tartán y Elia baja mi mano.
–Cuando Ada estaba viva, tenía la memoria más impresionante que puedas imaginar. Era más que fotográfica. Podía recordar el día en que nos conocimos con lujo de detalles. Podía recordar los olores, la tela de mi vestido y cada insulto que le lancé. Todo.
La miro con atención, asimilando la amargura con la que habla.
–Ella es la biblioteca. Incluso como fantasma, se sabe de memoria todos y cada uno de los libros que ha leído. Así que sabía que tendría las respuestas que buscabas. Deberías pensarlo como un milagro que decidiera contártelas. Es caprichosa, incluso muerta.
–¿Cómo se convirtió en un fantasma? –pregunto–. ¿Murió en la biblioteca?
Nunca he visto un fantasma humano, mucho menos uno vampiro.
–Murió en Budapest –dice Elia–. Y no estoy del todo segura de cómo su espíritu logró aferrarse a nuestro mundo.
Encontré su fantasma después de que su padre quemara sus libros.
Llevaba muerta cuatro años cuando Ares atravesó su laberinto.
Seguro obligó a una bruja a que le mostrara el camino.
Y cuando bajé a ver los restos, ella salió de las cenizas, sin recordar su muerte ni a la maldita que la asesinó.
–Catherine –digo con cuidado, y Elia aprieta la mandíbula.
Es evidente que no quiere hablar de la fundadora de Calisto, así que continúa:
–Para entonces ya había dejado atrás mis días de alquimia, pero pensé que Ada debía haber dejado restos de su alma en el Libro de sangre y rosas . No sé si fue intencionado o no, pero desde entonces su fantasma ronda la biblioteca.
–¿La visitas todos los meses? –pregunto. Elia esboza una sonrisa triste.
–Sería muy tonto de mi parte –responde–. ¿Romper mi corazón una y otra vez? Siento como si mi vida hubiera sido un epílogo interminable desde el día en que ella murió. Y verla congelada en el tiempo es como echar sal en la herida, Rebecca.
–Ten cuidado con mi nombre –digo–. Ese día, cuando te vi por primera vez en los túneles, venías de la biblioteca, ¿verdad?
–Mis heridas no se curan tan rápido como las de Aliz –admite.
Luego vuelve a centrarme en el tema que nos interesa–.
Si vas a romper el contrato, creo que el baile de Halloween es el lugar ideal.
Un disfraz, música alta… Y ese palacio tiene más habitaciones secretas de las que te imaginas.
Ada no solo cazaba animales, te darás cuenta.
Tiemblo, tratando de quitar la imagen de la fantasma de mi cabeza. ¿Qué vio Elia en Ada?
–Claro.
Observo la noche brumosa a través de la ventana con las persianas abiertas.
–Ven a verlo mañana –dice, levantándose–. Y yo intentaré conseguir más información comprometedora sobre tu profesor. Si es un Vasallo, entonces sería el mejor objetivo para esta supuesta fuente eterna.
–No. –Aprieto los dientes–. Si es un Vasallo, quizá sepa más sobre la muerte de mis padres de lo que Calisto me contó.
Miro al otro lado del pasillo silencioso, asegurándome de que nadie nos haya oído. Elia frunce el ceño al oír mis palabras. No puedo matarlo hasta saber la verdad. Quizás incluso pueda decirme si trabajaba para ellos y si Penny sabía que me iban a reclutar antes de que murieran mis padres.
Debe haber alguien a quien pueda matar. Rompo el lápiz entre mis dedos, miro fijo un ensayo que estoy escribiendo para Integración sobre la caída del Antiguo Consejo.
Hace siglos, los sanguinarios jefes de familia fueron asesinados uno por uno por sus herederos en una masacre extraña pero calculada conocida como el Golpe de los Herederos.
Ares Astra se salvó de ser asesinado por su heredera solo porque su hija había muerto un año antes del Golpe, cuando fue quemada por sus propios guardaespaldas.
Necesito encontrar a alguien. Se nos acaba el tiempo.
Pero ¿cómo convenzo a Aliz para que me acompañe?
Ella no es tan sanguinaria como Ada. La oigo detrás de mí, moviéndose frente al microondas mientras calienta una taza de sangre.
No nos hemos besado, apenas hemos hablado desde que salimos de la biblioteca.
Las palabras escritas en la página se vuelven borrosas y, justo cuando estoy buscando un lápiz nuevo en mis cajones, mi teléfono vibra.
En circunstancias normales, en las que ella no llevara días sin dar señales de vida, habría rechazado la llamada y le habría dicho que volviera a llamar más tarde.
Ahora, cuando veo la imagen de Penny en mi pantalla, estoy tan sorprendida que no puedo pensar.
Mis dedos se mueven solos y, mientras acerco el teléfono a mi oído, logro articular:
–¿Penny?
–¿Estás con la sanguijuela?
Miro a Aliz, recuerdo que sus sentidos son mucho más agudos que los míos, ella me mira fijo, con los ojos abiertos como platos. Seguro lo ha escuchado. Ah, mierda.
Salgo corriendo de la habitación sin decir nada y me siento en lo más alto de la escalera, entre decena de retratos antiguos.
–¿Estás viva? –pregunto, mi corazón se acelera. ¿Por qué no has contestado mis mensajes?
–No gracias a ti –dice. Por extraño que parezca, Penny no parece enojada. Es más, usa el mismo tono que la última vez que me llamó, antes de enviarme a la fiesta de sangre en Inverness. Todavía estoy tratando de ordenar mis pensamientos cuando ella pregunta–: ¿Encontraste el libro?
El libro es un espectro . Casi digo esto en voz alta. Pero luego recuerdo la promesa que le hice a Elia.
–No –respondo, y la mentira me sale con tanta facilidad porque llevo un mes y medio sin hacer otra cosa que mentir–. Pero… ¿cómo saliste? ¿Luchaste contra el Consejo?
Hay una pausa. Algo parecido a un suspiro.
–No, Rebecca. No luché contra el Consejo.
Cruzo las piernas y miro hacia atrás, a lo largo del pasillo, para asegurarme de que Aliz no esté escuchando.
–Pero me complace decirte que oficialmente te han ascendido a Suprema. Cuando regreses a Londres, recibirás tu nuevo uniforme y alojamiento. Ah, y un aumento de sueldo, claro.
Sigo mirando fijo al pasillo, sin poder asimilar del todo sus palabras. No tienen ningún tipo de sentido.
–¿Qué?
–Encontrar el libro sigue siendo una misión importante, pero no he sido del todo sincera contigo, Rebecca.
–¿A qué te refieres?
–Como ya sabes, las Iniciadas trabajan solas.
Se espera que vean a los vampiros, a todos los vampiros, como enemigos naturales.
–Mi mirada está fija en mis botas, trato de pensar a dónde quiere llegar con todo esto–.
El objetivo principal de enviarte a Tynahine era ver si serías capaz de integrarte, es decir, trabajar junto a ellos sin perder de vista tu misión.
A veces, aunque no me guste, trabajamos con el Consejo.
En Inverness me demostraste que puedes distinguir entre los malos y los…
Bueno, no me gusta llamarlos buenos , así que vamos a decir tolerables .
Me quedo inmóvil, sin pestañear. Elia dijo que Calisto está trabajando con los Vasallos.
Pero ¿y si se equivoca? Nocth mencionó que, si Calisto enviaba a una cazadora, sería para supervisar la integración.
Que mi supuesta misión real sería solo una excusa, y tenía razón.
La única razón por la que estoy aquí es para demostrar que puedo integrarme.
–Entonces, ¿no estás enojada conmigo? –susurro. Me duele la cabeza. ¿Penny me envió aquí como prueba ? ¿Acaso estaba fingiendo cuando intentó dispararme en Inverness?
–Todo lo contrario. Superaste mis expectativas –responde–. Descubriste a los Cinta Roja y desmantelaste la fiesta en Inverness.
–Yo… –Por alguna razón, no le creo. Penny nunca se ha impresionado durante estos cuatro años. Es imposible que yo sea objeto de su admiración. Trago con dificultad e intento concentrarme–. ¿He terminado? ¿Puedo irme a casa?
–Todavía no –dice–. Aún necesito que encuentres el libro. Y cuando me lo entregues, te diré quién mató a tus padres.
No hay ningún libro . Estoy a punto de decirlo, pero Penny cuelga. Me siento como si acabara de sobrevivir a un terremoto. ¿Qué carajo fue esto?
¿Una prueba?
“A veces trabajamos con el Consejo”. Quisiera gritar.
Pienso en Elia, en Gustavsson y sus secretos, pero, de alguna manera, siento que Penny ya me está volviendo a convencer.
Por fin me ha dado el ascenso que quería.
Por fin sabré qué les pasó a mis padres.
Quizás Elia se equivoque con respecto a Gustavsson, quizá sea una coincidencia.
Penny no me traicionaría. No me usaría. Y ahora por fin se ha dado cuenta de cuánto valgo.
De repente, siento cómo las espinas se clavan en mi interior, cortándome la piel. Me ahogo y, cuando llevo mi mano hacia la marca, estoy segura de que la encontraré empapada de sangre. Pero está seca. La última vez que sentí este tipo de dolor fue la noche en que Aliz recuperó sus recuerdos.
Cuando regreso a la habitación, apenas puedo respirar. Pero Aliz está bien. Cierra el libro que estaba leyendo, voltea para verme.
–No era mi intención escucharte. No puedo controlarlo… –dice mientras cierro la puerta. Su expresión cambia de repente cuando me mira–. ¿Qué sucede?