Capítulo 26 #2
No vine con la intención de asesinar a nadie de Tynahine. Pero mi compasión no aplica a alguien que asiste a una fiesta de sangre. ¿Habrá llegado la otra cazadora? Examino el lugar, busco a alguien que pueda luchar a mi lado.
–¡Bueno, esta fiesta se ha hecho esperar demasiado! –dice el vampiro en el escenario y la multitud aplaude. No lo vi en Silverbirch–. Pero creo que tenemos una selección fabulosa de los mejores corazones para que beban esta noche.
Me siento aturdida, no puedo reaccionar a sus palabras.
–Les daremos a los bocadillos una ventaja de diez minutos.
El castillo es tan grande como para que la persecución sea interesante.
Les pedimos, solo para asegurarnos de que la limpieza de mañana sea fácil…
–Se oyen risas y me pongo tensa. No es la primera vez que escucho esto, pero nunca te acostumbras a ese tipo de bromas–.
Que una vez que los hayan atrapado, los hipnoticen y luego traigan sus cuerpos al salón principal para que podamos deshacernos de ellos de forma ordenada.
De repente, chasquea los dedos y los bocadillos , como él los llama, despiertan de su trance. Miran a su alrededor y luego bajan la vista hacia su ropa roja, confundidos.
–¡Bienvenidos, amigos!
Me empieza a picar el cuello y siento cómo el miedo se apodera de mí. Pienso en todas mis misiones anteriores. En todos los humanos a los que no he podido salvar. No dejaré que nadie muera esta noche. No puedo permitir que vuelva a suceder.
–¡Vamos a jugar a las escondidas! Pueden hacerlo donde quieran –dice el vampiro, mientras los humanos comienzan a murmurar y una grita al ver un par de colmillos–.
Pero les pido que no destruyan la propiedad del castillo, o tendré problemas.
–Sonríe y, cuando me mira, no me reconoce como una amenaza–.
Tienen diez minutos para encontrar un escondite –continúa–, y si no los han encontrado al amanecer, vivirán.
Esa última palabra, “vivirán”, cambia la atmósfera de la sala.
Parece que ya ninguno está hipnotizado, están confundidos.
Ninguno parece saber dónde está ni por qué viste de rojo.
Veo un reloj justo encima del vampiro. Son las doce y diez de la noche.
El sol no saldrá hasta dentro de al menos seis horas.
No piensan dejar que ninguno sobreviva esta noche.
–Y el tiempo comienza… –Hace un gesto con la mano–. ¡Ahora!
Al principio, nadie se mueve. La mayoría están tratando de orientarse. Algunos sonríen, piensan que debe tratarse de algún tipo de broma. Veo a un hombre de mediana edad hablando con un vampiro, intenta entender lo que está pasando, como si el vampiro pudiera ayudarlo. Mierda .
Respiro hondo. Estudié los planos del castillo antes de venir, pero al mirar a mi alrededor solo veo una salida, un pasillo que conduce al interior del castillo. No sé qué tipo de trampas nos esperarán allí. Pero tengo que sacar a los humanos.
Solo hay quince personas. Más de la mitad de los que suelen asistir a una fiesta de sangre, pero eso significa que los vampiros lucharán mucho más para conseguir alguno. Tomo la primera muñeca que encuentro y tironeo a la chica hacia la salida.
–¡Corre! –grito, y la palabra llama la atención de los humanos, que voltean a mirarnos.
La mayoría de los humanos que escapan de este tipo de fiestas terminan con sus recuerdos borrados, porque los hipnotizan para olvidarlo todo. Sé que no podré hacerlo, pero necesito sacarlos de aquí lo más rápido posible.
–¡Y allá van! –canta el presentador, aplaudiendo.
–¡Si llevan tacones, quítenselos! –grito, mientras empiezan a darse cuenta de que esto es real.
Cuando una chica se quita los zapatos, las demás hacen lo mismo.
Alguien se cae en medio del alboroto y se pone a llorar.
El pasillo termina frente a una escalera enorme.
Un guardia de seguridad nos espera allí arriba, con una radio en la cadera.
–Buena suerte –dice, contento–. Todavía tienen ocho minutos, así que…
Antes de que pueda terminar de hablar, busco la estaca en mi bolso y la clavo en su pecho.
El guardia se convierte en una nube de polvo.
Levanto la vista hacia la escalera y observo el pasillo en busca de otros vampiros, pero, por ahora, estamos solos.
Me llevo un dedo a los labios mientras los humanos miran fijo el polvo en las escaleras.
Algunos parecen estar a punto de desmayarse, veo que alguien se tapa la boca con la mano para evitar gritar.
–Todos quieren sobrevivir, ¿no? –pregunto. Algunos asienten con la cabeza, mientras que otros se quedan mirando el polvo que ha dejado el cadáver del vampiro–. Bueno, tendrán que hacer lo que les diga y permanecer en silencio.
–¿No deberíamos escondernos? –pregunta alguien mientras yo miro el pasillo en busca del de seguridad–. Él dijo que…
–Morirán –susurro–. La única forma de sobrevivir es salir de aquí.
–¿Qué está pasando? –pregunta una señora con voz entrecortada.
Mierda . Sé que, si este fuera mi primer contacto con un vampiro, yo también reaccionaría así.
También sé que no todos podrán seguirme el ritmo.
Saco la cruz de plata de Gustavsson y busco entre los rostros a alguien que parezca estar alerta.
–Sujeta esto –digo, entregándoselo a una chica alta con rizos castaños–. Si ves a alguien detrás de nosotros, levántalo. Y no lo mires a los ojos.
–¿Qué son? –pregunta.
–Vampiros –respondo. En circunstancias normales, no me creerían–. Y quieren asesinarnos. Así que quédate detrás de mí.
Comenzamos a correr. La siguiente guardia de seguridad, ubicada en una esquina, parece más atraída por el olor de mi sangre –y posiblemente por el de los demás– que por el arma que tengo en la mano.
Así que, antes de que la vea, salto sobre ella.
Se da cuenta de que soy una cazadora, pero en lugar de luchar conmigo, intenta hipnotizarme, con sus ojos color rojo.
–No va a suceder –digo, antes de atacarla. Fallo la primera vez, le doy a su hombro mientras intenta huir, su sangre me salpica. Pero no vuelvo a fallar y uno de los humanos grita de miedo–. ¡Son ustedes o ellos! –exclamo.
Tengo sangre en el rostro, pero si esto es lo más aterrador que ven esta noche, entonces habré hecho bien mi trabajo.
Al final del pasillo hay un rosetón. Y si hay una ventana, significa que por fin hemos llegado a una de las paredes que dan al exterior.
–¡No los miren a los ojos! –digo–. Sé que aquí habrá más guardias.
Y no me equivoco. Las víctimas pueden esconderse, pero no se les permite escapar. Eso arruinaría la diversión. Hay al menos una decena de vampiros alineados junto a las ventanas. Mi corazón se acelera. ¿Dónde mierda está el ayudante que me prometió Penny?
Busco entre los rostros de los guardias y, para mi sorpresa, veo a Jannet entre ellos. Stella está justo detrás. ¿Cómo es posible? Gustavsson dijo que las habían enviado a la cárcel y les habían arrancado los colmillos. ¿Habrán escapado?
Aunque al principio me he quedado en shock, ahora estoy bastante entusiasmada.
He estado esperando este momento desde que se presentaron en el archivo.
Después de todo, ellas tienen la culpa de esta marca de mierda.
Se supone que el maquillaje que la cubre es resistente al sudor, pero está empezando a derretirse, el color beige se mezcla con la sangre, arruinando mi vestido.
–¡Ah! Consiguieron llegar hasta aquí –dice uno de los guardias. Van armados con bastones. Supongo que dispararnos significaría desperdiciar nuestra sangre–. Habrían tenido más posibilidades de sobrevivir si se hubieran escondido, en vez de intentar huir.
–Y tú habrías tenido más posibilidades de vivir si hubieras cerrado la boca –digo, dando el primer disparo. La bala de plata le atraviesa el cerebro y se desploma. Lo termino con una estaca, dándole una muerte mucho más rápida de la que merece.
Entonces suceden varias cosas a la vez. Al igual que en el almacén a las afueras de Silverbirch, la mayoría de los vampiros se convierten en murciélagos. Y cuando intento atrapar a uno que pasa volando, escapa.
Solo quedan cinco, entre ellos Jannet y Stella.
Jannet aún no me ha reconocido. Veo que cierra los ojos con fuerza y me doy cuenta de que ninguno de ellos sabe cómo transformarse en murciélago.
En vez de atacarme y arriesgar su vida, una de las vampiras voltea hacia los humanos y con los ojos brillando en color rojo, les ordena:
–¡Mátenla!
Les dije a los humanos que cerraran los ojos para que los vampiros no pudieran hipnotizarlos, pero no me hicieron caso.
Y, de repente, se abalanzan sobre mí. Siento cómo un par de manos me toma el cuello y un puño me golpea el rostro.
Supongo que esta es la razón por la cual, por lo general, no me permiten concentrarme en salvar a las víctimas hasta que el organizador no esté muerto.
Un chico recoge mi arma, mientras otro sigue estrangulándome.
Pero la chica con la cruz plateada, que debió mantener los ojos cerrados, empieza a alejarlos, gritándoles, con la esperanza de sacarlos del trace.
Las luces del pasillo, y de todo el castillo, se encienden de repente.
Los diez minutos han terminado. Los invitados se convertirán en murciélagos e invadirán el castillo en cualquier momento.
No quiero hacerles daño a los humanos, pero no puedo perder tiempo.
Empujo a uno de ellos con el codo, recupero el arma y disparo justo en la cabeza de la vampira que los había hipnotizado, antes de clavarle una estaca en el pecho.
Se escuchan gritos a la distancia, parece que algunos humanos quedaron atrás aunque yo quería salvarlos a todos. Recargo mi arma, me hierve la sangre. Jannet se abalanza sobre mí, está aterrorizada, tiene los ojos rojos como el fuego.
–Muere –masculla.
–Tú primero –digo.