Capítulo 16 #3
Sostengo fuerte mi paraguas y me alejo con paso firme, el corazón se acelera en mi pecho. ¿Y si le dice a Aliz que estaba allí? Me arden los ojos y siento una picazón en el cuello. Ella tiene lo que yo no puedo tener. Lo que nunca debería haber deseado en primer lugar.
Encuentro un lugar donde despejar mi mente en un banco solitario bajo la sombra de un árbol con vistas al río.
Está húmedo, pero no me importa. Mantengo mi paraguas abierto y exhalo, como si cada nueva respiración fuera a liberarme de esos pensamientos retorcidos.
Saco mi teléfono y aprieto tanto los dientes que siento un dolor en la mandíbula.
Penny no ha llamado desde nuestra última conversación. Repaso todo lo que dijo. Una vez más, intento creerle. Pero cada vez que miro un rincón escondido de Tynahine, casi puedo ver su sombra, acechando las calles empedradas. ¿Y si alguna vez se sentó en este mismo banco, contemplando el río?
Justo cuando estoy revisando nuestro registro escaso de llamadas, su nombre ilumina la pantalla, como si ella estuviera en la misma situación que yo, mirando su teléfono y esperando a que la llamara, antes de decidir por fin dar el primer paso.
El viento casi me quita el paraguas de las manos cuando escucho su voz en mi oído.
–¿Cómo va todo? –pregunta. Trago con dificultad. Se nota la precaución en sus palabras. Distancia. Como si estuviera esperando otra discusión.
–Nada nuevo –digo y aprieto fuerte el mango del paraguas, mirando el espejo negro del río. La corriente es rápida y salpica contra las rocas que lo bordean. A lo lejos, al otro lado del bosque, veo luces encendidas en un edificio. ¿Será el pabellón de caza?
–Bien –dice. Su tono es más suave de lo habitual–. He estado investigando un poco sobre Inverness. Todo apunta a una fiesta sangrienta. Pero no del tipo habitual.
–¿El Decano de la Noche te dijo esto? –digo antes de poder tragarme las palabras. Escucho un suspiro del otro lado de la línea.
–Esta vez no. Calisto tiene sus propias fuentes –dice tranquila. Cierro los ojos, trato de recuperar mi confianza.
–¿Y quiénes son esas fuentes?
–Esa información solo está disponible para las cazadoras Supremas –dice con voz fría–. Deberías saberlo.
–Pero no te haría daño decírmelo. –Exhalo. Ella no responde–. ¿A qué te referías con “no del tipo habitual”?
–No se conoce ningún club de vampiros en Inverness –dice–. Fuera de Tynahine, claro. Pero he encontrado quince casos similares al que tú encontraste en Silverbirch. No matan, sino que saborean. Están buscando perfiles, sabores inusuales. Parece algo formal .
–Claro.
–Por lo general, no te enviaría a algo así –dice–. No irías sola, pero en cuanto sepa más…
–No necesito ayuda –respondo rápido. Y por primera vez, no es mi orgullo el que habla. No quiero a otra cazadora en Inverness. No quiero ninguna cerca de Tynahine.
Nadie puede ver mi marca de familiar.
–Eso no depende de ti –dice–. También necesito que dejes de tomar tus suplementos de alicina.
El viento se intensifica y voltea el paraguas. La lluvia moja mi bufanda.
–¿Qué? –pregunto, siento un nudo en el pecho. ¿Nocth le habrá pedido esto? Pero antes de poder preguntar, Penny continúa.
–Todavía no tengo una fecha exacta para la fiesta, pero actuarás como la víctima. Aunque no estés en la lista, no rechazarán a alguien con sangre del tipo S.
Mierda .
No puedo. Fausto Nocth ya me pidió que dejara de tomar mis suplementos, pero si lo hago, Aliz pedirá morderme. Y no creo que pueda resistirme. Todavía estoy pensando qué responder cuando agrega:
–Prepárate.
–Siempre estoy preparada –respondo, pero las palabras suenan vacías.
Cuando vuelvo a mi habitación, tomo el frasco de suplementos de ajo.
Sin ellos, nadie me mirará de la misma manera.
Mucho menos Aliz. Todavía no , pienso. Las cápsulas tardan entre diez y quince horas en salir del organismo.
Si Penny me avisa con algunos días de anticipación, tendré tiempo para dejarlos y luego retomar la ingesta en cuanto termine la fiesta.
Aliz sigue en la velada. Me pregunto quién habrá perdido la partida de cartas.
Intento no pensar en ella, despejo mi mente mientras me visto con el pijama.
La marca sigue creciendo, las enredaderas ahora pasan mi cintura.
Hago una mueca al ver esas líneas retorcidas.
Me rasco, furiosa, pero me detengo antes de abrirme una herida.
Me pregunto si todavía tiene la ropa puesta. La imagino desabrochándose lento el chaleco de terciopelo y mi respiración se acelera. Me cubro los ojos y respiro. Nunca he sentido esto. Ella me ha vuelto completamente loca.
Una ola de humillación corta con esta sensación de excitación antes de que pueda formarse por completo. Aliz no me quiere. Si no tuviera la marca, ni siquiera me miraría dos veces.
Estoy tan acostumbrada a que todos los vampiros me deseen, pero siempre ha sido por mi sangre. No puedo seducirla así, no cuando estoy contaminada con ajo. Debería dejar de tomarlo. Clavo las uñas en mi pecho, siento cómo la frustración me invade.
Comienza a picarme más que antes, así que cierro fuerte los ojos, espero quedarme dormida antes de que se vuelva insoportable.