Libro de sangre y rosas Capítulo 3 #2
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Capítulo 3 #2

Continúa con la historia de cómo fue transformado.

A los veinte años era un violonchelista consagrado en Estocolmo.

Gustavsson comenzó a tocar para aristócratas y una noche lo invitaron a tocar para una misteriosa condesa, que no reveló su nombre y se ocultó en las sombras.

Él esperaba que ella le ofreciera su apoyo y lo patrocinara, como hacían muchos otros aristócratas, pero en vez de eso, ella simplemente lo siguió.

En cada concierto, en cada salón, la veía acechando en la parte de atrás.

A veces incluso aparecía en sus sueños. Pero ella siempre mantenía la distancia.

–Fue el año más aterrador y emocionante de mi vida –afirma–.

Por fin, una noche recibí una carta. Me pedía que compusiera algo inspirado en ella y prometía que, si le gustaba, me daría un regalo que ningún otro patrocinador podría igualar jamás.

–Toma asiento y levanta su violonchelo con cuidado–.

La siguiente pieza es la que la convenció para regalarme la inmortalidad.

La historia me pone los pelos de punta. Estoy demasiado tensa y no puedo evitar temer que la mujer que lo convirtió esté acechando en algún lugar detrás de nosotros, esperando para atacar de nuevo.

Hay demasiados vampiros y parece que soy la única humana en la sala.

La música de Gustavsson no alivia esa sensación.

Es cruda, horrible, como si él supiera que su fin llegaría cuando la compuso.

Una vez que termina, la sala queda en silencio.

El profesor Gustavsson permanece sentado, con los ojos cerrados, como si estuviera rezando.

Luego vuelve a levantarse, cruza su plataforma para hablarnos de otra compositora, Caroline Campbell.

–Solo quedan tres de sus composiciones –dice–.

Era famosa porque no escribía nada y sus melodías eran tan complejas que, aunque intentaras memorizarlas, nunca podías captar el sonido original.

Campbell tocaba para la realeza, tanto para humanos como para vampiros, aunque la mayor parte de su repertorio se ha perdido, al igual que el Libro de sangre y rosas .

Busco otro bolígrafo en mi bolso, demasiado concentrada en el movimiento como para reaccionar del todo al nombre del libro.

Gustavsson coloca la aguja de su gramófono sobre un disco y el sonido de un piano crepitante inunda la sala.

Tomo el bolígrafo con fuerza y miro fijo el papel en blanco. No lo imaginé, es real.

Lo dijo.

Libro de sangre y rosas .

Contengo una sonrisa. Por fin . Observo a mi alrededor, nadie parece estar confundido por el título.

–¿Qué es el Libro de sangre y rosas ? –le susurro a Ife, mientras el profesor Gustavsson mueve la cabeza al ritmo del piano.

–¿Nunca has oído hablar del libro? –pregunta, incrédula y con los ojos muy abiertos.

–Creo que no.

–Es un compendio perdido de conocimientos –dice, inclinándose hacia mí–. Aunque lleva siglos desaparecido. Nadie sabe quién lo escribió, pero dicen que lo terminó con su último aliento.

–¿Qué clase de conocimientos? –pregunto. Necesito saberlo todo, pero tengo la sensación de que estoy a punto de darme la cabeza contra la pared, como otro callejón sin salida en los túneles sinuosos que recorren este campus abandonado por Dios.

–Métodos –dice Ife despacio–. Para matar vampiros.

Una emoción recorre mi cuerpo. Es tal y como dijo Penny.

–¿Y dónde está? –pregunto, tratando de contener la emoción en mi voz.

Ife frunce el ceño por un instante al mirarme, creo que sospecha algo, pero luego niega con la cabeza.

–Está perdido –dice–. Y esperemos que siga así.

Vuelvo a concentrarme en el profesor mientras pasa de una pieza a otra, tomando su violonchelo de vez en cuando. La clase parece eterna, dos horas larguísimas que parecen diez. Al final, nos da tres temas a elección para nuestro primer ensayo.

–Humana –susurra alguien frente a nosotras mientras guardo mis cosas en el bolso. Levanto la vista y me sorprende encontrar la mirada fija de un vampiro desconocido–. El profesor Gustavsson quiere hablar contigo –dice.

Ife frunce el ceño, primero al vampiro y luego a mí.

–Ella tiene nombre –sisea.

–Bueno, no sé cuál es su nombre –replica la criatura. Encojo los hombros y le digo que se vaya sin mí.

El aroma a incienso se vuelve más intenso a media que avanzo por el pasillo entre las mesas, con el eco de mis botas que resuena en las baldosas antiguas.

Gustavsson borra su pizarra, llena de nombres de varios compositores vampiros desconocidos.

Luego se arregla la corbata antes de por fin mirarme.

–Ah, usted debe ser… –Mira una lista que tiene sobre el escritorio y luego vuelve a mirarme, mientras frunce el ceño–. ¿Cassie Smith?

–Sí –digo.

La puerta de madera se cierra de un golpe y levanta una brisa momentánea que apaga algunas velas. El aula, ya de por si oscura, se oscurece aún más. Y ahora, estamos solos.

–Siento llegar tarde –empiezo, porque imagino que por eso quiere hablar conmigo–. Me confundí de camino en los túneles –digo, ocultando mis puños cerrados detrás de la espalda–. Pero no sucederá de nuevo.

–Ah, no se preocupe –dice rápido–. Imagino que estudiar en una universidad como esta debe ser un verdadero shock para una humana.

Mantiene distancia, de una manera un poco incómoda.

–Supongo que sí –respondo. El eco de nuestras voces invade la sala y espero que alguien pase y abra la puerta para entrar, pero incluso los túneles parecen estar vacíos ahora–. Pero tenía muchas ganas de venir aquí.

–Yo igual –dice–. Es el primer año que Tynahine abre sus puertas a los humanos. Y también, el primer año que permite entrar a un alma miserable como la mía para compartir mi supuesta sabiduría.

–¿Es su primer año enseñando aquí? –pregunto.

–Estuve aquí dos siglos atrás, pero como estudiante –dice–.

Sin embargo, no es por eso por lo que quería hablar.

Es mi única estudiante humana, Cassie. Así que, solo quiero dejar en claro que si alguna vez se encuentra bajo algún tipo de…

–hace una pausa, buscando una palabra–… problema, puede acudir a mí.

Mi oficina es un lugar seguro para los humanos.

Por muy seguro que esté Fausto Nocth de su pequeño proyecto, todavía hay peligro.

Entonces, si alguna vez se siente amenazada, mi puerta siempre estará abierta.

–Gracias –digo. Mis músculos están tensos.

Sus palabras parecen sinceras, pero la idea de acudir corriendo a la oficina de un vampiro cuando estoy en peligro me resulta un poco inquietante–.

Antes mencionó que las composiciones de Campbell se han perdido, al igual que el Libro de sangre y rosas , y eso me dejó pensando…

–Hago una pausa, esperando que responda sin tener que insistir demasiado–. ¿Qué es exactamente ese libro?

Me mira y comienza a doblar un papel, de forma muy meticulosa. Creo que va a ignorar mi pregunta.

–Un libro de secretos –dice al final–. Es famoso por sus instrucciones sobre cómo matar vampiros.

Pero contiene mucho más. Remedios para maldiciones, hechizos de grimorios prohibidos y una lista de todas las debilidades vampíricas conocidas en Occidente –agrega–.

Es tanto una historia como una recopilación de teorías.

Algunos incluso dicen que contiene la cura para el vampirismo.

Una forma de revertir nuestra enfermedad .

Apaga las velas de su escritorio, de modo que ahora la única fuente de luz son los vitrales, que brillan en la penumbra de los túneles.

–Aunque yo no me preocuparía por libros tan peligrosos como ese, Cassie Smith –dice y coloca el violonchelo en su espalda–. Alguien podría confundir su curiosidad con algo un poco más… siniestro.