Libro de sangre y rosas Capítulo 2 #3
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Capítulo 2 #3

–Soy… Mis padres trabajan en logística. Quieren que me encargue de la empresa, pero me gustaría trabajar en el Consejo.

–¿En qué departamento? –pregunta Julia, ocupada en un boceto. Echo un vistazo y veo que está dibujando el vagón de un tren, con siluetas oscuras que ocupan todos los asientos.

–Ética –respondo.

–Supongo, entonces, que revisarás muchos contratos de familiares. ¿Para asegurarte de que todo esté en regla y ese tipo de cosas? –dice Ife.

–Y que nadie sea convertido contra su voluntad –agrego, aunque dudo mucho que el Departamento de Ética del Consejo Vampírico haga algo al respecto.

Las observo, tratando de averiguar qué impresión les causo.

He dicho algunas mentiras en este último minuto, pero ni Ife ni Julia parecen haberse dado cuenta.

–¿Estás en el edificio Iolairean, ¿cierto? –Iolairean o Taigh nan Iolairean, como aparece en el mapa del campus, se encuentra justo en el límite de la zona del campus, construido a orillas del río.

–No, en Tynarrich –digo. Ella abre la boca sorprendida, yo frunzo el ceño y agrego–: ¿Es extraño?

–No sabía que admitirían humanos en Tynarrich. Creí que estarían todos en Iolairean.

Entonces, ¿por qué no estoy en el edificio con todos los humanos? Hago una pausa, tratando de ocultar el pánico que me invade, algo de lo que me quedó cuando vi ese maldito ataúd.

–Supongo que eso explica por qué comparto habitación con un vampiro.

Julia, que venía muy ocupada con su boceto, detiene el lápiz. Los ojos de Ife se abren como platos.

–No puede ser –dice Stephan.

–Sí –digo y frunzo el ceño mientras los miro a los tres. Luego, le pregunto a Stephan–: ¿Tú no?

– Ojalá –dice–. Pero ya es un milagro que Tynahine haya logrado que los Puros y los Convertidos coexistan.

–¿Por qué? –pregunto. Aunque ya sé que hay dos tipos de vampiros, nunca me detuve a pensar en cómo se ven entre ellos.

–Los Puros casi siempre se creen superiores –dice Julia–. Ife es una excepción a la regla, claro. –Sonríe mirando a su amiga, quien a su vez le devuelve el gesto.

–Así que tú eres…

–Una Convertida –dice Julia, su voz seca me indica que no está muy interesada en compartir más detalles.

–Aquí solo hay cerca de unos doscientos vampiros Puros –dice Ife–. El Consejo no tiene ni un solo Convertido en la junta, a pesar de que su población supera por mucho a la nuestra. Así que ya te puedes imaginar por qué hay cierta tensión entre nosotros.

–Parece un poco injusto –digo, Ife asiente con la cabeza.

–Claro que sí. Tengo un compañero de clase que fue perseguido por la Inquisición española hace tiempo, y siempre le digo que debería solicitar formar parte de la junta. Sería fantástico.

–¿Tu compañero de clase sobrevivió la Inquisición española ? –pregunto.

–Cuando era humano. Hace quinientos años.

–Pero… –Me inclino hacia atrás–. ¿Por qué carajo hay alguien de quinientos años en tu clase?

Stephan ríe e Ife niega con la cabeza, como si yo fuera una niña ignorante.

–La educación de los vampiros y la de los humanos no son iguales, Cassie.

–¿En qué sentido?

–Bueno, cuando un humano estudia, a no ser que quiera ser parte de la academia durante toda su vida, lo hace para conseguir un trabajo, ¿no es así?

Creo que sé a dónde va todo esto. Asiento con la cabeza de todos modos.

–La vida humana, la de un mortal, es lineal .

Estructurada, también. No es igual para los vampiros.

Nuestros intereses cambian de siglo en siglo.

Mi hermano era un cantante de ópera famoso antes de convertirse en doctor.

Y no sé si investigaste la página web de Tynahine, pero tenemos una Licenciatura en Filosofía, creo, que dura sesenta y dos años.

–¡Guau! –digo en voz baja–. ¿Cuántas décadas llevas aquí?

–Ah, solo cuatro años –dice–. Pero estoy bastante segura de que el Decano de la Noche nos dijo que la edad promedio de los estudiantes en Tynahine es de ochenta y nueve años. Además, algunos de nuestros profesores están aquí desde que la universidad abrió sus puertas en el siglo XIII.

Intento imaginar a alguien haciendo el mismo trabajo durante ochocientos años. Ife se aleja para ir a buscar otra ronda de sangre y, mientras Stephan charla con Julia, empiezo a sentirme incómoda.

–Entonces –dice Ife, colocando dos vasos humeantes de sangre sobre la mesa–. ¿Nos decías que compartes habitación con un vampiro?

–Todavía no sé quién es. –Muerdo mi wrap y la lechuga, las espinacas y el crujiente halloumi llenan mi boca. Echo un vistazo hacia el otro extremo de Ambrose justo cuando aparece un grupo nuevo de personas.

Una decena de chicas, todas con una belleza vampírica etérea.

Una destaca entre ellas. Alta, con el pelo corto y blanco. La misma chica que vi en el quinto piso de la biblioteca. La sala estaba vacía cuando me fui, así que estoy bastante segura de que fue su voz la que escuché cuando pidió que la mordieran o cuando dijo: “Tenemos compañía”.

–No es ella, ¿verdad? –pregunta Ife, notando cómo la estaba observando.

–Eh… –Despejo mi garganta–. No lo sé.

–Como si Aliz Astra fuera a compartir una habitación –dice Stephan, burlándose. Cada músculo de mi cuerpo se tensa cuando escucho ese nombre. ¿Astra?

–Y mucho menos compartir piso –dice Julia, levantando la vista de su boceto para mirar a la vampira de cabello blanco–. ¿No es la dueña del pabellón de caza?

–Más bien el palacio de caza –dice Stephan.

–Tienes razón, sí lo es –dice Ife, frunciendo los labios, enfadada–. Maldita sea.

–¿Astra? –susurro el nombre, sin poder creerlo aún–.

¿De los Astra? –pregunto. Ife asiente con la cabeza, divertida por mi reacción.

La vampira en cuestión, Aliz Astra, espera en la fila del puesto de sangre, mientras las chicas a su alrededor pelean por su atención.

Los Astra son los vampiros más poderosos de Europa.

Y yo estuve hablando mal de su padre en clase.

Antes de apartar la vista, Aliz Astra voltea y nuestras miradas se cruzan desde lejos.

Al igual que anoche, algo se tensa dentro de mí, como si fuese una cadena que me atrae hacia ella.

Inclina un poco la cabeza y su expresión fría rompe con una sonrisa pícara. Mi corazón se acelera.

–¿Por qué está mirándonos? –pregunta Ife, desviando mi atención de Astra.

–Yo… –Cierto, ahora que lo pienso, ¿por qué nos mira? –. Bueno, puede ser que anoche la haya escuchado por accidente.

–¿Diciendo qué? –pregunta Ife en voz baja, con los ojos abiertos por la emoción.

–Más que diciendo, haciendo –digo, y por alguna estúpida razón, mis mejillas se enrojecen.

–Impactante –dice Julia, poniendo los ojos en blanco.

Entonces, Astra debe tener cierta reputación.

Vuelvo a mirar hacia la multitud. Ella ya no me está observando y, ahora que ha dejado de prestarme atención, el aire fluye más cómodo en mis pulmones.

Ojalá supiera cuál de las chicas que la rodean es la que escuché con ella en la biblioteca.

También me gustaría poder quitarla de mi cabeza.

–La mayoría de los vampiros aquí toman muy en serio sus estudios –dice Ife, jugando con el popote–. Y si mal no recuerdo, Astra también, al menos al principio. Tuve algunas clases con ella durante mi primer año aquí. Luego, comenzó a reprobar.

–¿Reprobar? –pregunto, mirando de nuevo a la vampira de cabello blanco.

–Puede que venga de la familia más poderosa de Europa, pero es bastante estúpida.

–Ha tenido que repetir las mismas clases cuatro años seguidos –dice Julia, alargando su cuello delgado al voltear para ver a Astra–. Vampiria estará perdida si ella llega a ser la próxima jefa del Consejo.

–Entonces, los humanos pueden ser expulsados por reprobar Integración, pero ¿Aliz Astra tiene derecho a quedarse todo el tiempo que quiera? –pregunto, Ife asiente con la cabeza.

–Para ella, Tynahine es como su patio de juegos –dice Julia. Sus ojos claros se cruzan con los míos y, por un segundo, olvido que ella también es una vampira–. Así que más te vale que no te elija como su próximo juguete .