Epílogo
Sue
Un año después volvimos al Golden Dolphin Resort.
Había algo especial en aquel lugar.
Las mismas olas rompían contra la misma arena dorada, pero todo había cambiado por completo para nosotros.
La última vez que habíamos estado allí éramos dos personas intentando averiguar qué significábamos el uno para el otro.
Esta vez regresábamos como una pareja. Con un año de recuerdos compartidos, planes de futuro y la certeza de que habíamos encontrado nuestro lugar.
El día se había pasado lentamente entre paseos tranquilos por la playa, baños relajados en nuestra piscina privada y largas conversaciones sobre cosas pequeñas y cotidianas.
Ahora, mientras la tarde se transformaba lentamente en noche, Liam me había invitado a cenar en la misma playa privada del resort.
La cena fue perfecta: deliciosa, íntima, llena de risas suaves y miradas cómplices.
Liam estaba especialmente atractivo aquella noche. Llevaba una camisa clara ligeramente abierta y ese aire relajado y seguro que siempre me desarmaba.
Algo había en sus ojos, algo en la forma en que me miraba con una sonrisa entre tierna y traviesa, que hacía que mi corazón latiera más fuerte.
Después de cenar, Liam se levantó con calma, ofreciéndome la mano con un gesto suave.
—Ven conmigo —dijo simplemente.
Me puse en pie, intrigada, y lo seguí hacia la orilla.
La arena aún guardaba el calor del sol que había iluminado Golden Cove durante todo el día.
La luna empezaba a reflejarse sobre la superficie tranquila del mar, dándole a todo un aire mágico.
—¿Qué ocurre, Liam? —le pregunté con una pequeña sonrisa, observándolo de cerca—. ¿Me vas a contar qué es lo que te tiene tan misterioso hoy?
Él se giró despacio hacia mí, tomando suavemente mis manos entre las suyas, mirándome fijamente con una expresión que me hizo sentir una pequeña punzada de anticipación en el pecho.
—Sue, desde que llegaste a mi vida, todo lo que pensé que sabía sobre mí mismo cambió por completo. Nunca creí en esto, en nosotros, en la idea de compartir mi vida con alguien. Hasta que apareciste tú.
Sentí cómo mi respiración se aceleraba lentamente al escucharlo.
Liam sonrió despacio y sacó del bolsillo una pequeña caja que reconocí inmediatamente.
Mi corazón empezó a latir con más fuerza.
—Me has enseñado tantas cosas, rubia. Sobre mí, sobre nosotros, sobre cómo enfrentar mis miedos. Pero sobre todo me has enseñado lo que significa amar de verdad. Y ahora no puedo imaginarme mi vida sin ti. No quiero hacerlo.
Tomó aire profundamente, sosteniendo suavemente mis manos, mirándome directamente a los ojos.
—Sue Graham, estoy absoluta e irremediablemente enamorado de ti.
Quiero pasar cada día contigo. Quiero discutir por quién se ha acabado la última taza de café, reírnos de cualquier tontería, viajar contigo al fin del mundo o quedarnos simplemente en casa viendo películas malas.
Y sobre todo, quiero hacer todo eso sabiendo que eres mía y que yo soy tuyo, para siempre.
Abrió lentamente la caja revelando un anillo sencillo, elegante, brillante bajo la luz suave de la luna.
—¿Quieres casarte conmigo?
Sentí cómo mis ojos se llenaban lentamente de lágrimas. Mi corazón latía desbocado mientras sonreía con emoción pura.
—Claro que quiero, Liam. Claro que sí.
Él sonrió ampliamente, aliviado, feliz, mientras colocaba el anillo en mi dedo y luego me atraía con fuerza hacia él, abrazándome como si no quisiera soltarme nunca más.
—No sabes cómo me alegra escucharte decir eso —susurró en mi oído con una pequeña risa temblorosa—. Me tenías realmente nervioso.
Sonreí contra su pecho, cerrando los ojos con un suspiro de felicidad absoluta.
Porque sabía perfectamente que aquello era exactamente lo que había estado esperando toda mi vida.
Una persona a la que amar con todas mis fuerzas y con la que compartirlo todo, incluso esos pequeños miedos que había tardado tanto en superar.
Y esa persona, sin lugar a dudas, era Liam McRae.