27
Liam
Llevaba varios días de un humor pésimo.
Desde la conversación con Sue, desde aquella maldita noche en la que todo había salido al revés de lo que planeé, no lograba quitarme de encima esta sensación incómoda de frustración y desencanto.
Intentaba concentrarme en el trabajo, refugiarme en mi despacho para no tener que dar demasiadas explicaciones a nadie. Pero estaba claro que todo el mundo había notado ya que algo me pasaba.
Aquella mañana estaba especialmente irritable cuando escuché unos golpes suaves en la puerta. Antes de que pudiera contestar, Ewan entró en mi despacho, con esa expresión relajada que siempre tenía.
—¿Se puede saber qué coño quieres? —le solté sin miramientos, levantando apenas la vista de los papeles sobre mi escritorio.
Ewan arqueó una ceja, sorprendido por mi reacción.
—Vaya. Veo que no mentían cuando decían que estabas insoportable estos días. ¿Se puede saber qué te pasa exactamente?
Suspiré profundamente, dejando caer el bolígrafo sobre la mesa con frustración.
—Nada especial. Estoy explorando mi lado oscuro. Resulta que lo tengo más desarrollado de lo que pensaba.
Ewan arqueó una ceja, sin pizca de humor, mientras cruzaba lentamente los brazos sobre el pecho.
—Pues será mejor que relajes un poco tu lado oscuro, Liam.
Esta mañana me ha llamado Andrew Connors, el contacto del periódico «The Manhattan Times».
Por lo visto te pidió confirmar la fecha del lanzamiento oficial del nuevo whisky McRae Premium, y tú le respondiste algo así como que se buscara otro trabajo y dejara de molestar a gente ocupada. ¿En serio, Liam?
Levanté lentamente la vista, sintiendo una mezcla incómoda de culpa y vergüenza, aunque traté de disimularlo con indiferencia.
—Estaba en un mal momento. Ese tipo llama demasiado. Es agotador.
Ewan negó lentamente con la cabeza, mirándome con clara desaprobación.
—No puedes tratar así a los medios, Liam.
Lo sabes perfectamente. Y mucho menos a Connors.
Es uno de los periodistas más influyentes en temas empresariales, ¿qué diablos te pasa?
Menos mal que Genny lo conoce personalmente porque trabajaron juntos en el mismo periódico años atrás y me ha ayudado a mediar la situación, o habríamos tenido un problema gordo.
Me pasé una mano por la cara. Sabía que tenía razón, pero estos días, desde aquella conversación con Sue, me sentía incapaz de controlar mi estado de ánimo.
—Está bien. Lo siento —murmuré con tono resignado—. No volverá a ocurrir. Puedes decirle a Connors que me disculpo. Le daré lo que necesite.
Ewan asintió, observándome con atención durante unos segundos en silencio.
—¿Seguro que no quieres hablar de lo que te pasa, Liam? Porque está claro que no es solo el periodista el que te tiene así.
Suspiré, dejando caer los hombros, consciente de que no tenía sentido seguir ocultándolo delante de Ewan.
—Es por Sue —confesé finalmente, desviando la mirada hacia la ventana del despacho mientras sentía cómo todo lo que había tratado de contener estos días empezaba lentamente a salir—. Lo siento, sé que es ridículo que esté así, pero… tuvimos una conversación bastante rara.
Ewan frunció ligeramente el ceño, acercándose y sentándose en la silla frente a mi escritorio.
—Explícame qué pasó exactamente, Liam.
Volví a suspirar, sintiéndome completamente absurdo, pero decidí contarle todo.
—El otro día fui a verla. Llevaba días dándole vueltas a cómo decirle que quería que lo nuestro fuera algo serio.
Quería pedirle que lo intentáramos, pero antes de poder decirle nada, ella me salió con que alguien le había pedido una cita.
Un tipo en el Jardín Botánico. Entonces empezó a preguntarme qué me parecía.
Ewan arqueó una ceja, sorprendido.
—¿Qué? ¿En serio? ¿Te dijo claramente que quería salir con otro?
Negué despacio.
—No. Fue todo bastante ambiguo. Y me bloqueé. Le respondí borde, le dije que hiciera lo que quisiera. Y me fui de su apartamento sin explicarle nada.
Ewan me observó en silencio unos segundos, como si intentara digerir lo que acababa de contarle.
—¿Y le explicaste en algún momento lo que realmente sentías, Liam? ¿Le dijiste claramente que querías una relación seria con ella?
Miré hacia otro lado mientras sentía cómo algo se apretaba en mi pecho.
—No. No lo hice. ¿Cómo iba a hacerlo si ella me estaba hablando de otro tío? ¿Qué se supone que debería haberle dicho? «Oye, por cierto, ya sé que estás pensando en salir con ese paisajista, pero yo estoy aquí como un idiota planeando una declaración romántica».
Ewan negó despacio con la cabeza.
—Liam, quizás ella te hablaba de otra persona precisamente porque tampoco sabe lo que sientes tú. Quizá solo intentaba ver si reaccionabas, si decías algo que dejara claro lo que eres para ella.
Me quedé callado unos segundos, tratando de asimilar esa posibilidad. Todo había sido tan confuso… Quizás Ewan tenía razón y yo había reaccionado de una forma demasiado visceral.
—No lo sé —respondí finalmente con un suspiro frustrado—. Lo único que sé es que ahora mismo estoy hecho un lío y no tengo ni idea de cómo arreglar esto.
Ewan me miró con solemnidad.
—Pues ya sabes lo que tienes que hacer. Habla con ella, Liam. Dile exactamente lo que quieres y lo que sientes. Y hazlo rápido, antes de que salga con ese paisajista y te mande a tomar viento, que sinceramente es lo que debería hacer si tuviera dos dedos de frente.
No pude evitar soltar una carcajada breve y amarga ante su comentario. Porque, aunque doliera admitirlo, Ewan tenía toda la razón del mundo.
Ya era hora de dejar de evitar el tema. Ya era hora de decirle claramente a Sue lo que sentía, antes de que realmente fuera demasiado tarde.