26
Sue
El día estaba soleado y despejado, algo extraño considerando lo nublado y gris que había estado mi ánimo en los últimos días. Desde aquella incómoda conversación con Liam, sentía que caminaba entre nubes espesas, sin tener claro hacia dónde iba exactamente nuestra relación.
Había intentado mantenerme ocupada, concentrarme en mi trabajo en el Jardín Botánico. Estaba en la zona de plantas tropicales, tratando de reorganizar algunas macetas, cuando escuché pasos suaves acercándose detrás de mí.
—¿Passiflora alata? Es preciosa —comentó una voz masculina a mi espalda.
Me giré y vi a Ethan Cooper, el paisajista que había conocido hacía unos días.
Sonreía con expresión amable y abierta, mientras observaba con admiración la flor exótica en la que yo había estado trabajando.
—Justo —le respondí con una sonrisa educada—. Es preciosa y bastante difícil de encontrar.
Ethan se acercó un poco más, aunque manteniendo una distancia respetuosa. Tenía algo en las manos, un pequeño sobre de papel, que sostenía con suavidad.
—Precisamente sobre eso quería hablarte —dijo—. He estado revisando mi colección de semillas. Resulta que tengo semillas frescas de Passiflora quadrangularis. Es todavía más rara y más bonita, si cabe. Pensé que podrían interesarte.
Sentí cómo mi rostro se iluminaba con auténtico interés.
Ethan sabía perfectamente cómo captar mi atención. Las plantas raras y exóticas eran mi debilidad absoluta.
—Vaya, Ethan, eso sí es interesante. Me encantaría conseguirlas. ¿Podrías traerme algunas?
Él sonrió, extendiendo el pequeño sobre hacia mí.
—De hecho, ya lo he hecho. Pensé que quizá podrían ser mi soborno definitivo para convencerte de aceptar esa cita conmigo.
Solté una risa ligera y bajé un poco la vista, sintiéndome ligeramente culpable.
Ethan era encantador, educado, inteligente y además compartía una pasión real por las plantas.
Probablemente debería aceptar su invitación sin dudarlo.
Sin embargo, cada vez que intentaba imaginarme saliendo con él, Liam aparecía claramente en mis pensamientos, con esa sonrisa descarada y su forma absolutamente arrolladora de llenar todos mis sentidos.
Ethan pareció notar mi conflicto interno, porque me observó atentamente con gesto comprensivo.
—¿Lo has pensado entonces? Lo de salir conmigo, quiero decir.
Suspiré, levantando la vista para encontrarme con su mirada.
—Todavía tengo que pensarlo un poco más, Ethan. Lo siento, es solo que ahora mismo todo es algo complicado para mí.
Él asintió despacio.
—Está bien. Lo entiendo. Tómate todo el tiempo que necesites. De cualquier manera, las semillas son tuyas. Me encantaría ver cómo crecen aquí en el jardín, con tus cuidados.
Tomé el sobre que me ofrecía, sintiendo una mezcla extraña de agradecimiento y culpabilidad.
—Gracias, Ethan.
Él hizo un pequeño gesto de despedida y se alejó despacio con actitud amable.
Me quedé quieta, observando las semillas entre mis dedos, pensando en lo sencillo que sería aceptar su invitación y avanzar con alguien como él…
pero también en lo imposible que resultaba imaginarme ahora mismo con alguien que no fuera Liam.
***
Al día siguiente estaba trabajando en el invernadero, intentando concentrarme en mis tareas y no pensar demasiado en Liam o Ethan, cuando la voz tranquila y familiar de Margaret me sorprendió desde atrás.
—¿Sabes, querida, en todos los años que llevo aquí, nunca he visto a nadie regar la misma planta cuatro veces seguidas?
Di un pequeño respingo y giré rápidamente la cabeza, encontrándome con sus ojos claros, divertidos, observándome por encima de sus gafas redondas.
—Perdona, Margaret —dije, mientras dejaba la regadera—. Estaba distraída.
Ella arqueó ligeramente una ceja, con expresión preocupada.
—Eso ya lo he notado. ¿Se puede saber qué te pasa, Sue? Llevas días rara, incluso para ser tú.
Solté un suspiro profundo, pasándome una mano por la frente.
—Es complicado. Tiene que ver con Liam… y con alguien más.
Margaret me observó atentamente, con interés creciente.
—Ya veo. ¿Hay otro hombre además del famoso escocés sexy?
Sonreí ligeramente ante su tono, bajando la vista con una mezcla de vergüenza y culpa.
—Algo así. Ethan Cooper, un paisajista que ha venido al jardín hace poco. Me invitó a salir, y cuando se lo mencioné a Liam… no sé, todo se volvió muy raro entre nosotros. Ahora estoy confundida y no tengo claro qué hacer.
Margaret asintió lentamente, comprensiva, aunque con un ligero brillo travieso en los ojos.
—¿Y te interesa ese Ethan?
Suspiré, ligeramente incómoda.
—Es un buen tipo, Margaret. Es amable, le gustan las plantas, es agradable…
—Pero no es Liam McRae —concluyó ella, observándome con absoluta claridad.
Mis mejillas se encendieron en el acto.
—Yo… No tengo claro lo que Liam quiere exactamente. Y no quiero estar esperando algo que quizás no va a llegar nunca.
—¿Y lo has hablado con él?
Negué con la cabeza como respuesta. Margaret se acercó y apoyó una mano suavemente sobre mi brazo.
—Escúchame, Sue. La vida es demasiado corta para estar intentando adivinar lo que otra persona quiere.
Si algo he aprendido es que, cuando se trata del corazón, lo mejor es ser valiente, directa y honesta.
Habla con Liam claramente. Dile lo que sientes y lo que quieres.
Porque sinceramente, cariño, ese brillo que tienes en los ojos cuando hablas de él no es algo que se vea todos los días.
Suspiré despacio, sintiendo que mis mejillas se encendían lentamente.
—Es solo que… tengo miedo, Margaret. Miedo de no ser suficiente o de que esto no signifique para él lo mismo que para mí.
Ella sonrió con ternura.
—¿Quieres saber un secreto? Cuando Harold y yo estábamos empezando, pasamos por algo parecido.
Tenía tanto miedo de perderlo que durante semanas evité decirle lo que sentía realmente.
Pero un día, después de darle vueltas hasta casi volverme loca, decidí arriesgarme.
Me planté en su puerta con un ramo de flores y un corazón lleno de valor.
Cuando me abrió, le dije: «Harold, no sé si sientes lo mismo, pero si voy a perderte, quiero que al menos sepas lo que siento antes. » ¿Y sabes lo que hizo él?
Negué con la cabeza, intrigada.
Margaret sonrió ampliamente, con esa sonrisa traviesa que siempre le brillaba en los ojos.
—Se echó a reír, me besó como nunca me habían besado en mi vida y me dijo que llevaba meses intentando reunir el valor para hacer exactamente lo mismo.
Desde entonces aprendí que si hay algo que merece la pena, siempre es mejor hablarlo.
El miedo a perder es peor que cualquier posible rechazo.
No hagas que tu corazón espere demasiado, Sue. No vale la pena.
La observé en silencio unos segundos, sintiendo que cada palabra suya calaba profundamente en mí.
Porque Margaret tenía razón. La única forma de resolver esto era siendo sincera con Liam, diciéndole exactamente lo que sentía.
—¿Y Ethan? ¿Qué debería hacer con él?—pregunté con sinceridad—. No quiero herirlo ni hacerle perder el tiempo.
Margaret sonrió con suavidad y acarició mi brazo con afecto maternal.
—A Ethan solo puedes decirle la verdad, Sue. Lo mejor que puedes hacer es ser sincera con él también. Explícale cómo te sientes, lo que realmente estás viviendo. Seguro que lo entenderá y lo respetará. No juegues con él, porque estoy segura de que tú tampoco quieres eso.
Respiré profundamente, sintiendo que mi mente se aclaraba lentamente gracias a las palabras de Margaret.
—Gracias —le dije con sinceridad—. De verdad, Margaret, no sé qué haría sin ti.
Ella sonrió con calidez y dio un pequeño apretón en mi brazo.
—Probablemente seguir regando la misma planta durante el resto de la tarde.
Me reí ligeramente y ella soltó una carcajada antes de alejarse para volver a sus tareas. Me quedé allí en silencio unos segundos más, consciente de que Margaret tenía razón.
Era hora de dejar de esconderme. Era hora de enfrentar la situación con Liam, aclarar lo que teníamos, lo que ambos queríamos. Y también, de ser sincera con Ethan.
Porque, en el fondo, ya sabía perfectamente lo que quería hacer. Solo tenía que encontrar el valor suficiente para dar el paso.
Y esta vez, estaba decidida a no echarme atrás.