Liam, millonario y seductor (Hermanos McRae. Herederos millonarios nº 4) 25
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Liam

Llegué al apartamento de Sue con la cena y el postre en las manos: comida tailandesa del pequeño restaurante que sabía que le gustaba tanto, y fresas frescas con nata para después.

No me darían un premio a la originalidad, pero tenía claro que esta noche no se trataba de impresionarla con la comida.

Se trataba de algo mucho más importante.

Llevaba días dándole vueltas a la idea. Lo había meditado en todas partes: en el gimnasio, en la oficina, en la ducha, en la cama… Hasta que por fin entendí que no tenía sentido seguir evitándolo.

Quería llevar lo nuestro al siguiente nivel.

Quería que Sue y yo tuviéramos algo más serio.

Algo oficial.

Algo real.

No tenía ni idea de cómo iba a salir esta conversación.

Era la primera vez en mi vida que quería dar este paso con alguien.

Pero tenía claro que quería intentarlo con ella.

Porque lo que teníamos no era cualquier cosa.

No era algo pasajero. Y por primera vez, la idea de comprometerme no me daba miedo.

Todo lo contrario: me apetecía muchísimo.

Toqué al timbre y apenas unos segundos después Sue abrió la puerta.

Llevaba puesto un vestido sencillo. Estaba preciosa, como siempre. Pero su expresión parecía ligeramente incómoda.

No quise darle importancia. Me limité a sonreír.

—Buenas noches, rubia. Espero que tengas hambre, porque traigo tu tailandés favorito. Y postre especial: fresas con nata. Hoy estoy inspirado.

Sue sonrió, pero su sonrisa no llegó hasta sus ojos.

—Gracias, Liam. Qué detalle —dijo dejando que entrara.

Fruncí ligeramente el ceño mientras caminaba hacia la cocina para colocar la cena en la encimera. Me giré hacia ella con curiosidad. Algo andaba raro. Lo sentí enseguida. Pero no quise darle importancia.

Le serví una copa de vino blanco mientras repartía la comida entre nosotros.

Empezamos a cenar, hablando de temas triviales.

Le conté brevemente cómo había ido mi día, la reunión virtual con Nash y Kai para concretar los últimos detalles de nuestro acuerdo, y cómo ambos parecían verdaderamente entusiasmados por incluir el whisky premium de los McRae en su resort.

—Parecen buenos socios —comentó Sue con sinceridad, probando un poco de la comida—. Me alegra que te vaya tan bien.

—Gracias, rubia. La verdad es que las cosas parecen estar encajando últimamente —respondí con una sonrisa significativa—. En general.

Ella levantó lentamente la vista hacia mí, con un ligero fruncimiento de cejas. Noté algo extraño en su expresión, algo que no supe descifrar.

—Liam… —empezó, dejando lentamente los palillos sobre el plato—. Creo que hay algo de lo que deberíamos hablar.

La miré con atención. No me gustaba nada cómo había sonado eso.

—Claro. ¿Qué pasa?

Sue se mordió suavemente el labio inferior, antes de volver a mirarme.

—Ayer, en el Jardín Botánico, se me acercó un chico. Es paisajista, entiende bastante de plantas y… bueno, parece un tipo agradable. Me invitó a salir.

Sentí cómo el aire se atascaba en mis pulmones. Intenté mantener la expresión neutral, aunque no me sentía nada neutral.

—¿En serio? ¿Y qué le dijiste?

—Que me lo pensaría —dijo manteniendo los ojos fijos en los míos.

Sentí una punzada en el pecho al escucharla, pero intenté controlarme.

No tenía derecho a reclamarle nada, lo sabía. Nunca tuvimos una sola conversación sobre nosotros. Sobre lo qué éramos. Pero aún así, el dolor que sentí en ese instante fue completamente real.

—Entiendo —respondí, tratando de sonar calmado—. ¿Y has decidido algo?

Ella bajó la vista un segundo, incómoda, antes de volver a enfrentarme con una mirada expectante y ligeramente desafiante.

—Antes quería preguntarte a ti. Sé que cuando empezamos esto dijiste que me ayudarías a superar mi bloqueo con el sexo, y que no hablamos de lo que pasaría después.

Pero siento que ya me has enseñado bastante.

En prácticamente todas las posiciones posibles —hizo una breve pausa—.

¿Crees que estoy lista para probar con alguien más?

La miré fijamente, con el corazón latiendo con fuerza mientras intentaba entender lo que estaba diciendo. ¿De verdad me estaba pidiendo permiso para acostarse con otro hombre?

—¿Qué es exactamente lo que me estás preguntando, Sue?

Ella me miró fijamente, con una expresión que no supe cómo interpretar.

—Te pregunto si crees que estoy preparada para salir con ese tipo.

Sentí cómo algo se congelaba lentamente dentro de mí.

De repente se me quitó el hambre por completo.

Me sentía estúpido, absurdo por haber asumido que Sue sentía exactamente lo mismo que yo.

Había venido aquí pensando que podíamos llevar lo nuestro al siguiente nivel.

Había planeado decirle que me estaba enamorando.

Y ahora estaba allí, frente a ella, escuchándola hablar de otro.

—Haz lo que quieras, Sue —respondí con voz fría, distante—. Debes estar con quien tú quieras. No puedo tomar esta decisión por ti.

Ella parpadeó sorprendida, como si mi reacción la desconcertara.

—Pero entonces… ¿te parece bien? ¿Te parece buena idea que yo pruebe con otro?

—Es tu vida, ¿no? —dije con más dureza de la que pretendía—. No soy quién para decirte qué hacer o qué no hacer.

Sue abrió la boca para decir algo, pero en ese instante sentí que no podía soportar ni una palabra más.

—Acabo de recordar que tengo que revisar unos papeles del trabajo. Tengo algo importante pendiente para mañana —dije con tono distante, poniéndome en pie, sin mirarla directamente—. Será mejor que me vaya ya.

—¿Ahora? ¿En serio? —preguntó ella sorprendida, poniéndose en pie también.

Asentí despacio, sin mirarla directamente mientras recogía rápidamente mis cosas.

—Sí. De verdad tengo que ocuparme de esto. Es mejor que me vaya.

Sentía cómo se formaba una tensión incómoda en el aire. No estaba enfadado exactamente, pero sí decepcionado. Herido. Pero sabía perfectamente que no tenía derecho a exteriorizarlo. No podía culparla por no querer lo mismo que yo quería.

Sue dio un paso hacia mí, pero se detuvo en el último momento. Sentí que quería decirme algo más, pero no lo hizo. Tal vez pensaba que no había más que decir.

—Está bien.

—Nos vemos pronto, Sue —dije caminando hacia la puerta.

—Claro —respondió ella con un pequeño hilo de voz—. Hablamos pronto.

Salí del apartamento sin mirar atrás, cerrando la puerta suavemente tras de mí.

Mientras bajaba las escaleras, sentí cómo algo pesado y frío se apoderaba lentamente de mi pecho.

No estaba seguro de qué había salido mal exactamente, ni de por qué me sentía tan vacío y frustrado.

Lo único que sabía con absoluta certeza era que la noche había sido un desastre.