Liam, millonario y seductor (Hermanos McRae. Herederos millonarios nº 4) 24
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Sue

Todavía me sentía algo agitada por lo ocurrido con Liam la noche anterior, y esa sensación no mejoraba a medida que avanzaba el día.

Pasar la mañana trabajando en el Jardín Botánico normalmente me ayudaba a aclarar mis pensamientos, pero hoy, por más que intentaba distraerme con el cuidado meticuloso de las plantas, no lograba sacarme el dichoso mensaje de la cabeza.

Suspiré profundamente mientras ajustaba con cuidado una enredadera trepadora que había empezado a invadir demasiado espacio en el invernadero.

La humedad cálida y el olor familiar de la tierra húmeda me reconfortaban un poco, pero no lo suficiente para despejarme del todo.

—¿Esa es una Passiflora incarnata?

La voz masculina sonó justo detrás de mí, haciéndome dar un pequeño respingo. Me giré con rapidez, llevándome la mano al pecho por la sorpresa.

El hombre frente a mí parecía ligeramente avergonzado por haberme asustado, pero sonrió amablemente, con disculpa clara en la mirada.

Era alto, moreno, con una sonrisa agradable y unos ojos marrones cálidos que denotaban una inteligencia tranquila y atenta.

Vestía con elegancia informal, camisa blanca y vaqueros perfectamente limpios.

—Lo siento mucho, no quería asustarte —se disculpó suavemente, haciendo un pequeño gesto con las manos.

—Oh, no pasa nada —dije, recuperando la compostura con una sonrisa educada—. Y sí, efectivamente es una Passiflora incarnata. ¿Te interesan las plantas?

Él asintió ligeramente, aún con esa sonrisa suave y tranquila.

—Soy paisajista, así que supongo que sí, podría decirse que me interesan bastante.

Eso despertó de inmediato mi curiosidad.

—Vaya, ¿paisajista? Qué interesante.

—Me llamo Ethan —se presentó extendiendo la mano hacia mí—. Ethan Cooper.

Acepté su mano, notando su apretón firme pero delicado.

—Sue Graham, encantada.

—¿Llevas mucho tiempo trabajando aquí? —preguntó Ethan, observando con interés la enredadera que acababa de ajustar.

—Unos cuantos años. Empecé como voluntaria y he ido ascendiendo. Ahora coordino buena parte de las actividades y proyectos del jardín.

Él asintió lentamente, recorriendo con la mirada todo el invernadero con admiración genuina.

—Se nota que te gusta mucho tu trabajo. Tienes esta zona impecable.

No pude evitar sentirme ligeramente halagada.

—Gracias. Supongo que le dedico bastante tiempo.

Durante un segundo nos quedamos en un silencio amable y cómodo. Hasta que Ethan finalmente habló con una ligera sonrisa tímida en los labios.

—Oye, esto quizás te parecerá raro porque acabamos de conocernos, pero… ¿te gustaría cenar conmigo un día de estos?

Me quedé momentáneamente sorprendida por la invitación.

No la esperaba en absoluto. Y menos después del lío emocional que tenía en la cabeza con Liam. Ethan pareció darse cuenta enseguida de mi ligera incomodidad.

—No tienes que responder ahora mismo. Solo piénsalo. No hay presión, de verdad.

Sonreí agradecida por su sensibilidad, y noté cómo una ligera calidez subía lentamente por mis mejillas.

—Gracias, Ethan. La verdad es que… es complicado ahora mismo. Pero prometo que lo pensaré.

Él sonrió, satisfecho.

—Entiendo. Bueno, entonces supongo que tendré que pasarme por aquí más a menudo para hablar sobre plantas hasta que te decidas.

Solté una pequeña carcajada, agradeciendo su forma tan relajada y sencilla de manejar la situación.

—Será un placer hablar de plantas contigo cuando quieras, Ethan.

Él se despidió con un pequeño gesto de la cabeza y salió lentamente del invernadero, dejándome con una sensación extraña en el pecho.

Ethan parecía ser una persona agradable, sencilla y sincera. Justo el tipo de hombre que probablemente me convendría conocer mejor. Pero cuando pensaba en una cena con él, en conocer a alguien nuevo, todo lo que sentía era un vacío extraño.

Porque no podía dejar de pensar en Liam.

Suspiré profundamente, volviendo a concentrarme en las plantas frente a mí.

Sabía que tenía que hablar con él y aclarar exactamente qué éramos el uno para el otro. Y sabía también que, hasta que esa conversación tuviera lugar, no podría avanzar realmente con nadie más.