Liam, millonario y seductor (Hermanos McRae. Herederos millonarios nº 4) 17
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Liam

Nada más cerrar la puerta de mi apartamento detrás de nosotros, Sue se giró con esa mirada que ya empezaba a conocer demasiado bien: hambrienta, decidida y sin una gota de vergüenza.

En solo unas pocas semanas habíamos pasado de besos nerviosos a que ella tomara lo que quería sin pedir permiso. Y joder… me encantaba.

No dijo ni una palabra. Solo me empujó suavemente contra la pared del pasillo, me besó con fuerza y luego me arrastró hacia el salón. Antes de que pudiera reaccionar, me tiró sobre la alfombra grande frente al sofá.

—Liam… —susurró, subiéndose el vestido hasta la cintura mientras se colocaba directamente sobre mi cara.

No llevaba bragas.

Gemí contra su sexo empapado en cuanto se sentó sobre mí. Sus muslos suaves me rodearon la cabeza y su peso delicioso me presionó contra la alfombra. Me volvió loco el olor de su excitación, caliente y dulce. Agarré su culo con ambas manos y la atraje más fuerte contra mi boca.

Empecé a devorarla sin piedad. Lamí desde su entrada hasta el clítoris, chupando y succionando ese pequeño botón hinchado que ya sabía exactamente cómo volverla loca. Sue gimió alto, apoyando las manos en mi pecho mientras empezaba a mecerse contra mi lengua.

—Dios… sí —jadeó, moviendo las caderas con más confianza cada vez.

Me encantaba esto. Me encantaba que ya no dudara, que ya no se escondiera.

Que simplemente se montara en mi cara porque le daba la gana.

Succioné más fuerte, penetrándola con la lengua y luego volviendo a atormentar su clítoris con movimientos rápidos y firmes.

Sus gemidos se volvieron más agudos, más desesperados.

Estaba empapándome la barbilla y la nariz, y yo no podía estar más duro.

Cuando sentí que sus muslos empezaban a temblar y que su ritmo se volvía errático, me aparté apenas lo suficiente para gruñir contra su piel:

—Pon algo en esa boca, rubia… antes de que te corras.

Sue soltó un gemido entrecortado. Se inclinó hacia delante sin pensarlo dos veces, apoyando su pecho sobre mi abdomen.

Sus dedos temblorosos pero decididos desabrocharon mi cinturón, bajaron la cremallera y sacaron mi polla dura como el acero.

Sentí su aliento caliente un segundo antes de que su boca caliente y húmeda me envolviera.

—Joder… —gruñí contra su sexo, hundiendo la cara de nuevo entre sus piernas.

Ahora estábamos en un 69 perfecto sobre la alfombra.

Ella me chupaba con ganas, deslizando su lengua alrededor de la cabeza y bajando lo más que podía, mientras yo seguía comiéndomela como un hombre hambriento.

El sonido húmedo de su boca y sus gemidos ahogados alrededor de mi polla me estaban volviendo loco.

No aguantamos mucho.

Sue empezó a temblar violentamente, apretando sus muslos alrededor de mi cabeza mientras se corría con fuerza contra mi lengua, gimiendo alrededor de mi polla.

El sonido y la sensación fueron demasiado.

Me corrí con un gruñido ronco, derramándome en su boca mientras ella tragaba sin parar de temblar.

Durante unos segundos solo se escucharon nuestras respiraciones agitadas.

Sue se apartó con cuidado y se dejó caer a mi lado sobre la alfombra. La atraje inmediatamente contra mi pecho, abrazándola con fuerza. Nuestros cuerpos estaban calientes, sudorosos y todavía temblando. Le besé el pelo, la sien, los labios hinchados.

—Ven aquí, mi chica preciosa —murmuré, acariciándole la espalda.

Ella se acurrucó contra mí, escondiendo la cara en mi cuello. Sonreí en la penumbra del salón, pasando los dedos por su cabello revuelto.

—Me encanta verte así —susurré con voz ronca—. Tan segura de ti misma. Tan libre. Hace unas semanas te ponías nerviosa solo con que te tocara… y ahora te montas en mi cara nada más entrar por la puerta.

Sue soltó una risa suave y avergonzada contra mi piel, pero no se escondió. Al contrario, levantó la cabeza y me miró a los ojos con esa nueva luz que tanto adoraba.

—Contigo es fácil ser valiente —confesó en voz baja.

Le acaricié la mejilla con el pulgar y la besé despacio, profundo.

—Entonces sigue siendo valiente, rubia. Porque pienso dejarte montarme la cara todas las noches que quieras.

Nos quedamos abrazados sobre la alfombra.

Sue trazaba círculos perezosos con los dedos sobre mi pecho, todavía recuperando el aliento. Pasaron unos minutos en silencio cómodo hasta que levantó la cabeza y me miró directamente a los ojos. Había una vulnerabilidad nueva en su mirada, pero también una determinación que me aceleró el pulso.

—Liam… —susurró—. ¿Crees que falta mucho para que podamos follar de verdad?

La pregunta me pilló por sorpresa. Me incorporé un poco sobre un codo para verla mejor.

—Todo esto está genial —continuó ella, sonrojándose pero sin apartar la mirada—. Nunca había disfrutado tanto el sexo oral. Me siento… libre. Deseada. Segura contigo. Pero quiero más. Quiero sentirte dentro de mí. Quiero ese siguiente paso.

Sus palabras fueron directas y honestas, y me excitaron tanto como me enternecieron. Le acaricié el pelo, apartándoselo de la cara.

—No falta mucho, rubia —respondí con voz ronca—.

De hecho, me parece perfecto que lo quieras.

Yo también lo deseo como un loco. Pero quiero que sea especial.

Tengo una idea. —La giré suavemente para que quedáramos frente a frente—.

La semana que viene tengo una reunión importante en Golden Dolphin Cove, un resort de lujo en la costa de California.

Los dueños del resort quieren incorporar nuestro whisky McRae premium a su carta exclusiva para sus huéspedes de alto nivel. Iré como representante de mis hermanos.

Hice una pausa, pasando el pulgar por su labio inferior con una sonrisa lenta.

—Quiero que vengas conmigo. Nos alojaremos en una suite de lujo con vistas panorámicas al océano y piscina climatizada privada en la terraza. Solo tú y yo, el mar, y todo el tiempo del mundo. Allí… allí será el momento.

Los ojos de Sue se iluminaron. Vi el nerviosismo, la ilusión y el deseo mezclándose en su expresión.

—¿De verdad? —preguntó en voz baja, casi emocionada.

—De verdad. —La besé despacio, profundo, dejando que sintiera todo lo que provocaba en mí—.

Quiero que sea perfecto. Quiero que cuando te haga mía, estés rodeada de belleza, que te sientas tan deseada y segura como te mereces.

Y después… pienso follarte en esa piscina, en la cama, contra la ventana con vistas al mar… hasta que no puedas caminar derecho.

Sue soltó una risa temblorosa y se apretó más contra mí, escondiendo la cara en mi cuello.

—Me estás matando con la anticipación otra vez, McRae.

—Bien —murmuré contra su pelo, sonriendo—. Porque esta vez va a valer la pena cada segundo de espera.

Nos quedamos abrazados sobre la alfombra, piel contra piel, planeando en susurros ese viaje que marcaría un antes y un después. Sentí su corazón latiendo fuerte contra el mío y supe que ella también lo sentía: estábamos construyendo algo real. Algo hermoso.

Y yo estaba listo para dárselo todo.