Leoncio, el vampiro casi nuevo (Colmillos y buenas maneras 2) Capítulo 25. Se acabó
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Capítulo 25. Se acabó

Cassandra

Llegó al bosque con al menos treinta policías de la AISI. Ya se escuchaba jaleo y muchos humanos salían despavoridos. No sabían si eran de los buenos o de los malos, así que optaron por detenerlos a todos.

No le había costado nada convencer a su jefe. Después de los éxitos previos, se fiaba totalmente de ella. Aunque lo que más le había supuesto había sido dejar a Benjamin marcharse volando a por esa fae .

El jaleo en el claro era tremendo. Los agentes la miraron. No sabían quién eran los buenos y quién los malos. Ella señaló a sus amigos, pero tampoco estaba segura de los demás.

Buscó a Benjamin. Léo recogía a una Carole malherida del suelo. Envió a su equipo médico y le indicó que fuera bajo los árboles. Archie sostenía a Sophie que parecía estar muy dolorida, tal vez de parto. Se acercó a ellos.

—¿Cómo estás?

—Las niñas vienen, joder —dijo retorciéndose de dolor.

—Archie, llévatela a casa, yo me encargo de todo.

—Hay heridos, Cassandra, ¿nos podéis ayudar? —dijo la consejera cubierta de sangre.

—Sí, Ana.

Archie cogió en brazos a su esposa y salió volando por entre los árboles.

Seguía sin encontrar a Benjamin. Giacomo estaba o mal herido o muerto aferrado a una señora mayor.

Otra lloraba delante de los dos y Paul, que llevaba el rostro arañado, abrazaba a la que lloraba.

Un par de personas desnudas yacían en el suelo, tal vez lobos.

Buscó a sus conocidos. Cordelia lloraba, abrazada a un hombre desnudo.

Otro, pensó que era el marido de la consejera, lo sujetaba como si se fuera a romper.

No sabía si estaba vivo o malherido. Llamó a uno de sus agentes para que lo atendiera.

Una vampira pelirroja estaba apoyada en un árbol, intentando sobrevivir, pero tenía el cuello abierto. No sabía quién había sido, pero no tardaría en morir. Tal vez la consejera, porque iba llena de sangre.

—¡Benjamin! —gritó, ya desesperada. Miró a todos los lados hasta que vio su cabello rubio despeinado, no demasiado lejos de la pelirroja. Se acercó corriendo y se arrodilló junto a él—. Por Dios, no te mueras.

—Puede… Puede que hoy no, pero necesito… comer. ¿Podrías conse… conse…

Se le cayó la cabeza hacia un lado y tomó una decisión. No había más tiempo que perder. Sacó una navaja de su bota, se abrió la vena y se la puso en la boca. Al principio, no sucedió nada. Ella insistió, intentando que tragara.

—Vamos, hombre. Que hemos ganado. No puedes morirte.

—Ya…. Lo estoy —dijo con media sonrisa y empezó a lamer. Luego con un poco más de fuerza, hasta que cerró la herida y la miró, embelesado.

—¿Estás mejor? ¿Tu herida?

Le abrió la camisa y vio que poco a poco se iba cerrando.

—Si querías ver mis…abdominales solo tenías que decirlo.

—Serás idiota —dijo ella. Él la sentó sobre sus piernas y acarició su rostro.

—Ya es la segunda vez que me regalas tu esencia, agente Bonchamp y eso es algo que los vampiros apreciamos mucho.

—Bueno, te ibas a… morir. Debes irte, vas a ser tío. Archie estaba muy nervioso.

Se levantó y le tendió la mano a él. La tomó, sin hacer fuerza, y se puso de pie, algo mareado. Ana se acercó y lo abrazó. Señaló a la pelirroja, que ya no se movía.

—Te iba a rematar. Tuve que… aunque no es lo que hubiera preferido. Cassandra, gracias por venir, te ayudaré con los que son buenos y malos. Ben, deberías descansar y alimentarte un poco más. Ve a la casa.

—Eso le decía.

—A sus órdenes —dijo él. Pero no se alejó volando, sino caminando, algo tambaleante.

—El hermano de Tom, el alfa, está muy grave, no sé si sobrevivirá. Debemos llevarlo a algún lugar. ¿Tenéis alguna ambulancia para trasladarlo?

—Sí, ahora mismo.

Se llevaron a Jacques y Cordelia fue con él.

Carole estaba recuperándose y Léo la tomó en brazos para retirarse a la casita.

Había algún herido más, algún fallecido, pero al menos, el Maestro había sido contenido y probablemente, incluso aunque quedasen fanáticos en otros lugares, los irían atrapando.

Ya llevaba dos horas en el claro y todo empezaba a despejarse.

Agradeció a Anastasia que se quedase, sus dotes de mando habían sido imprescindibles.

Tom llevaba un pantalón corto que había sacado de algún sitio y vigilaba a todos, sobre todo a su esposa.

Al final, lograron hacerse con todo el grupo, ayudar a los heridos, recoger a los muertos y acompañar a los habitantes a Limonde.

El eclipse ya se había acabado y cuando llegaron al jardín de Archie, una nube de perseidas iluminó el cielo. Los tres se quedaron mirando absortos y entonces sonó un llanto. Y luego otro.

Corrieron hacia la casa, subieron las escaleras donde Archie contemplaba a las dos niñas con arrobo. La médico estaba ayudando a Sophie y Ben se sentaba desmadejado en las escaleras.

—Ya han nacido —dijo Archie. Ana se acercó.

—Son preciosas, hermano. Perfectas.

—Te presento a Vega y Maia. Nombres de estrellas.

—Maravilloso, Archie.

Cassandra se sentó junto a Benjamin. Le abrió la camisa. Todavía tenía la herida abierta.

—Se pasará, no te preocupes. ¿Todo bien?

—Sí.

Archie le mostró las niñas a Tom, que sonrió feliz. Luego, se las devolvió a su madre. Ella parecía agotada, pero sana.

Carole y Léo aparecieron por la puerta, limpios y curados. Ella se acercó a las bebés y les hizo carantoñas. Léo abrazo a su familia.

—Dejemos descansar a Sophie. Es un gran esfuerzo ser madre.

—Yo me quedo, señor Valeroso. La cuidaré —dijo la doctora.

—Gracias por su trabajo.

Acostó a las niñas en las cunas y Sophie se acomodó en la cama, junto a la médico que le había acompañado.

Los hermanos Valeroso, junto a Carole y Cassandra se sentaron en la mesa. Archie sacó una botella de ginebra y otra de whisky y unas pastillas de Benjamin. Las mezclaron con el alcohol. Anastasia suspiró.

—Han sido unos días muy intensos. Creo que necesito unas vacaciones.

—No pensarás retirarte, ¿no? —preguntó Benjamin. Ella negó.

—Pero te aseguro que necesito un tiempo de desconexión. Tal vez quedarme cerca de la familia, estar con estas dos preciosas niñas. Con mis hermanos. Con mi esposo.

—¿Y los contrarios?

—Diría que se estarán un tiempo calladitos. Tom, imagino que querrás ir a ver a tu hermano. Puesto que va a amanecer dentro de poco, le pediré a mi hermano o a mi hijo que me inviten a quedarme.

—Desde luego, os podéis quedar a dormir todos aquí. En la casita solo hay una cama, pero en la habitación de invitados se puede meter Ana y…

—Yo me largo, tranquilos.

—No, Ben. Quedaos en el sofá. Es un sofá cama muy cómodo y cerraremos las cortinas. Estás muy débil.

—Te diré algo, Ana.

Tom le dio un beso y salió por la puerta. Archie lo miró preocupado.

—Tranquilo, tenemos una furgoneta cerca con ropa y documentación. No va a presentarse así en el hospital, aunque vamos, sería todo un espectáculo.

Benjamin soltó una risita. Luego, Cassandra abrió la boca asombrada. Carole sacó una carcajada que hizo sonreír a Léo. Archie suspiró y también se unió.

Cassandra miró a esa extraña familia a la que sentía pertenecer. Benjamin le tomó de la mano.

Podría empezar a gustarle esa vida.