Leoncio, el vampiro casi nuevo (Colmillos y buenas maneras 2) Capítulo 23. Y llega lo peor
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Capítulo 23. Y llega lo peor

Léo

La noticia de que Ben había entregado la piedra y que se iba a Roma para buscar a Cassandra los animó.

Como también el hecho de que su madre le había comentado que el Vaticano estaba limpio y que cuando examinaran los cráneos, entregarían los restos a las respectivas razas.

Había mucho material y les llevaría meses, sino años revisarlo.

Archivos, ordenadores, listas… su madre estaba emocionada porque el golpe había sido a la cabeza de la serpiente.

La AISI, según le dijo, también estaba más que satisfecha, pero no habían acabado.

El equilibrio entre humanos y sobrenaturales pendía siempre de un hilo, y él se propuso ayudar a que eso funcionara.

Se levantó solo. Carole se había ido y puesto que todavía no había anochecido, pasó por el túnel hacia la casa de su tío. Él estaba en el laboratorio, escribiendo. Sonrió al verlo.

—¿Qué tal está hoy Sophie?

—Muy pesada. Faltan dos días para que nazcan, según ella y se han colocado boca abajo. Presionan sus órganos y…

—Tranquilo, Archie. Es algo que las mujeres llevan haciendo desde siempre.

Levantó la vista, apenado y asintió.

—Carole y Cordelia están aquí, han venido para acompañarla todo el tiempo. Es que estoy nervioso, Léo, voy a ser padre —dijo asombrado.

—Y serás un padre estupendo, no lo dudo.

—Entonces… ¿a Nueva York?

—Sí, Archie. Me he enamorado. Los Valeroso tenemos gustos distintos a todos los vampiros.

—Desde luego —dijo con una risa—, tu tío Ben se ha enamorado de la humana. Y ella parece corresponderle.

—Ya se echaban miraditas, lo noté. Me alegro, tal vez se asiente.

—No lo creo. Me da que su carrera acaba de empezar. Al menos estarán juntos.

Levantó la cabeza.

—Me llaman. Sube, tengo helado rojo en el congelador. Lo he fabricado a partir de las pastillas de Ben. Me mandó un lote. Creo que, si las comercializara, se haría rico. Todavía más.

Subieron al salón. Las persianas estaban echadas y también las cortinas, aun así, entraba algo de luz. Sophie sonrió a Léo y este le dio un beso a Carole.

—Míralos, tan acaramelados —dijo Cordelia con una risa. La loba le sacó la lengua—. Es que hay que ver lo que has cambiado. De querer tontear a derretirse por su barrita de helado.

Léo tropezó y Archie se lo llevó a la cocina entre risas.

—Ellas son muy… muy…

—Son adorables y tienen un humor cáustico que me encanta, sobre todo tu loba. Deberás acostumbrarte.

—Me encanta y espero que no cambie nunca.

—Bien dicho. Y ahora, por favor, prueba mi helado. Dime qué opinas.

Sacó dos vasitos de cristal con algo cremoso y rojo. Metió una cuchara y asintió.

—Lleva algunos ingredientes humanos para que coja consistencia, pero son aceptables, ¿no crees?

—Está delicioso, Archie. Podríais poner una fábrica de helados para vampiros y forraros.

—Bah, no lo creo. No necesito más dinero, soy feliz con lo que tengo. Tal vez hagamos pública la receta. Como esos programas que… no sé cómo se llaman.

—Programas de código libre. Sí, es el mismo concepto.

Pasaron al salón. Cordelia miró el helado con la ceja levantada, pero no dijo nada. Se sentaron con ellas cuando Archie recibió una llamada. Se levantó al instante y desapareció. Leó lo siguió. Estaba abajo.

—No puede ser, Ben. No ahora. ¿Cuánto tiempo? Bien. Gracias. Cuídate. Cuidaros.

Colgó el teléfono con el rostro descompuesto.

—¿Qué sucede? ¿Está bien Ben?

—Sí, bien. Vamos arriba. Hay que avisar a todos.

Las tres estaban de pie, esperando. Archie acompañó a su esposa a sentarse y la tomó de la mano.

—Ben me ha informado de que los líderes de La Compañía, los que querían descubrir a los sobrenaturales, vienen hacia aquí. Se ha unido Katherine y no creo que vengan solos. Quieren… según él, quieren arrasar Limonde. Puede que lleguen esta noche.

—¡No! —exclamó Sophie abrazando su vientre. Cordelia se levantó.

—Voy a avisar a Jacques.

Se retiró a un lado para hablar por teléfono y Carole miró a Léo con determinación.

—No vamos a dejar que hagan nada a nuestro pueblo y a nuestra gente.

—¿Pero cómo avisamos a la gente? —preguntó Sophie.

—Hipnosis colectiva —dijo Archie—. Será agotador, pero podemos sacarlos del pueblo, que vayan al lago. Que preparen una fiesta, hogueras. Todos los humanos deben salir de la ciudad. Los sobrenaturales, prepararse.

—Avisaré a las brujas de la comunidad —suspiró Sophie—. Esto no me gusta.

—Voy a llamar a Ana.

Se retiró, pero Léo lo escuchaba hablar cuchicheando, deprisa. Solo se enteró de que ella venía para aquí una vez comprobasen que esa gente no quería atacar París. Léo no sabía qué hacer. ¿Por qué esa gente era así? Se le ocurrió algo.

Llamó a Paul.

—Hola, oye quería preguntarte algo que es muy íntimo, pero es necesario.

—Bueno, dime Léo, si lo sé, puedo contestarte.

—¿Tu familia tiene alguna historia con los Valeroso? Alguna rencilla, no sé. Lo que sea que haga que los odien.

—Vaya… no sé cómo… cómo te has enterado. Pero que conste que yo no soy así. Yo no os odio. Eran otros tiempos y otras circunstancias.

—¿Qué ocurrió?

—Verás, cuando… la matanza de las faes , el heredero, que era el padre de Giacomo, pidió ayuda a Dolotilo Valeroso, para vengar a sus compatriotas.

Él se negó. Dijo que su familia no era combatiente, aunque supieran y que debería aprender de lo ocurrido y no volver a cometer los mismos errores.

Supongo que su falta de apoyo hizo que se enfadase.

Pero es comprensible. ¿Qué quería? ¿Empezar una guerra que seguro iban a perder?

La mayoría de los nuestros se alegraron, apenas quedaban faes entonces y si hubieran luchado, nuestra raza se habría extinguido.

Me suena que discutieron, que pelearon. Pero un vampiro es más fuerte que una fae y diría que un lobo. ¿Es lo que necesitabas?

—Justo eso. ¿Podéis venir JP y tú a casa?

—Está hablando con su hermano, creo que pasa algo grave.

—Sí, tu tío viene por nosotros. Eso pasa.

—No puede ser. ¿Por qué?

—Tal vez quiera vengarse de mi familia, pero hay otras personas implicadas.

—Eso no puede ser, Léo. Hablaré con…

—Si hablas, sabrá que nos hemos enterado.

—No, hablaré con mi madre. Ella nunca ha estado a favor de las políticas de Giacomo. Pero cuando él ascendió al trono ella solo tenía cinco años. No pudo hacer nada y al crecer, ya tenía los apoyos suficientes. Deben prepararse, porque esto les afectará.

—¿Están lejos?

—Sí, viven en Valencia, en España, pero seguro que tomará un avión. Gracias por avisar, Léo.

—Gracias a ti por contármelo.

Colgaron y se fue donde estaba su tío, todavía hablando con su madre. Enseguida les resumió y él asintió.

—Es una historia fea que contaba mi padre. Ese tipo se enfadó tanto que lucharon. Domitilo siempre fue pacífico, pero le dio una paliza y lo echó de su casa.

—¿Así que todo es venganza? Y en lugar de vengarse de los humanos que los masacraron, lo hace de los sobrenaturales.

—Ten en cuenta que ellos se esconden muy bien, incluso las brujas, pero si nos acorralan a lobos o vampiros, será terrible. Porque reaccionaremos. Y entonces obtendría lo que quiere, que nos matásemos entre nosotros.

Suspiró y volvió hacia la salita. Sophie colgaba y Carole mandaba mensajes en su móvil.

—Mi hermana viene hacia aquí. Esta gente ha alquilado unas furgonetas y se han puesto en marcha. Según sus espías, pueden venir de veinte a treinta… Sin contar que puedan llamar a gente de alrededor.

—Nosotros les venceremos —dijo Carole. Léo se sentó a su lado y le tomó de la mano.

—En cuanto anochezca, haremos la hipnosis colectiva. Te enseñaré cómo porque necesitaré tu ayuda. Debes alimentarte todo lo que puedas, Léo. Tenemos quince minutos y salimos.

Asintió, disgustado. Pasaron a la casita y él besó a Carole, pero ella lo dirigió hacia la nevera.

—No hay tiempo para besos. Come y ponte fuerte. Por favor.

Él se terminó tres bolsas enteras hasta sentirse pleno. Archie ya estaba fuera y salió. Carole se quedó con Sophie, que los miraba preocupada desde la puerta. Incluso Lucas, el gato, con sus pequeños, no se había atrevido a salir.

—El truco es este, se llama proyección mental.

Los vampiros más ancianos lo hacen sin esfuerzo, a ti te costará un poco, pero serás capaz.

Consiste en meter en la cabeza de los humanos la idea de que quieren irse al lago de fiesta, y que las personas ancianas o que no se pueden mover, las llevarán al hospital de la ciudad de al lado.

No queremos que se quede nadie que no sea sobrenatural.

—¿Y cómo lo hago?

—Deja que te muestre las imágenes.

Archie lo miró y enseguida recibió esa idea, lago, hogueras, comida, fiesta. Asintió.

—Es como si empujaras su mente. Inténtalo conmigo.

Se concentró en su tío y él aplaudió.

—He conseguido ver el lago, bien hecho. Encárgate de los niños y ancianos, son más fáciles. Volemos.

Se elevaron por la ciudad y fueron introduciendo esa idea en cada ciudadano. Menos mal que no eran demasiados habitantes, porque cuando volvieron a la casa, estaban agotados. Léo se cayó sentado al suelo y Archie se tambaleaba.

Carole llegó con varias bolsas y volvieron a alimentarse. El ruido de la ciudad despertando los animó. Todos estaban cogiendo sus coches y marchándose.

Casto, Jacques, JP, Paul y Cordelia llegaron entonces.

—He enviado a mi madre y a mi hija a Lepartí. Una amiga las lleva —dijo a Sophie que asintió.

—Ponnos al día, Archie —dijo Jacques.

La reunión fue breve. Otros lobos, vampiros y brujas se empezaron a concentrar en el jardín. No todos los habitantes sobrenaturales de Limonde habían acudido. Algunos huían. Pero los demás querían luchar por su vida en ese pueblo. No habría más de veinte.

Ana aterrizó con el alfa en brazos, que soltó al momento. Jacques abrazó a su hermano y ella a su hijo y a Archie.

—Mi pequeño ejército viene para acá. Pero tardarán una hora. No sé si esta gente llegará antes. No los hemos visto por el camino.

—Iré a mirar —dijo Léo. Asintieron y se elevó por el cielo. Estaba realmente nervioso.

Miró el sol. Mañana era el eclipse y se supone que Sophie daba a luz. Solo esperaba que todo se acabara antes de eso.

No vio nada ni a nadie y eso que dio vueltas por los alrededores.  Volvió a la casa confuso.

—Han desaparecido por el camino —dijo Ana tan sorprendida como él—, los han perdido. ¿Qué narices está pasando?

Archie salió volando y tardó en volver casi una hora. Sophie se frotaba las manos, nerviosa.

—Intentaré contactar con mis acompañantes.

Cordelia y Carole entraron con ella. Ana se acercó a Léo.

—¿Y si Ben se ha confundido? ¿Tú qué opinas?

—Creo que traman algo. Lo malo es que hemos sacado a toda la gente del pueblo, pero luego volverán. Y será difícil volver a sugestionarles para que se vayan.

—Mañana es el eclipse, según he mirado, será sobre las ocho y veinticinco de la tarde y durará como un par de horas. Podemos sugestionar solo a la alcaldesa para que organice una vista en el lago, si es el lugar más seguro. Al menos, evitará que muchos se queden en la ciudad.

—Buena idea, madre.

—Oye, Léo, que… no hemos tenido tiempo de hablar, pero que ya sabes que apruebo tu relación con Carole y que te vayas a Nueva York, aunque te echaré de menos. Me alegro de que hayas encontrado una compañera.

Él abrazó a su madre. Ya había dejado de arrepentirse de ser un vampiro. Si no lo fuera, no habría encontrado al amor de su vida.

—Iremos paso a paso, madre.

Jacques, junto con Tom, estaban hablando a los habitantes sobrenaturales, explicándoles que habían perdido la pista de los que atacaban, pero que estuvieran alerta, por si tenían que prepararse. Poco a poco, todos se fueron a sus casas.

Sophie salió, apoyada en sus amigas. Archie la recogió al instante.

—Mis espíritus están confundidos, han sentido la energía y luego desapareció de repente. No los localizan.

—¡Maldita sea! —exclamó Archie. Sophie le tomó de la mano.

—Deberíamos descansar. Ana, si quieres quedarte a dormir….

—No, tranquila, Sophie. Tomaremos una habitación aquí cerca. Avisadnos de lo que sea, a cualquier hora. Léo, atento.

Se marcharon de la mano hacia la oscuridad. Supuso que Tom no quería que lo vieran de nuevo subiéndose encima de la aparentemente frágil esposa.

—Id todos a descansar. Estaremos vigilantes, pero no podemos hacer nada más.

—Enviaré a unos cuantos lobos que recorran el perímetro. Y también los enviaré al lago, no se les vaya a ocurrir atacar a los humanos.

—Dios no lo quiera —suspiró Archie.

Carole lo tomó de la mano y se metieron en la casita. Todavía quedaba noche y él estaba nervioso.

—No creo que pueda descansar. Voy a… subir al tejado. Tú puedes dormir.

—Prefiero estar contigo. ¿Me subes?

—Desde luego.

La tomó en brazos y saltó al tejado. Archie se asomó y lo saludó ligeramente. Desde allí, las vistas eran espectaculares. El cielo estaba asombrosamente despejado, y es que al día siguiente entraba la luna nueva. Todo sería mucho más claro. Pero no entendía.

—Si no querían atacarnos, ¿por qué tantas historias?

—Quizá tu tío malinterpretó sus intenciones.

—No lo creo. Si de algo sabe, es de ese tipo de intenciones. Puede que se hayan enterado de que lo sabemos. Quizá se han echado atrás.

—Lo dudo. Tiene pinta de ser el típico fanático y si se ha aliado con esa vampira que quería tirarse a Archie y que colaboró con Caio, solo hay que sumar dos más dos. Creo que su plan es mucho más retorcido. No llegar y atacar. Pienso que harán algo más… dramático.

Vieron el amanecer. Carole se había quedado dormida apoyada en él y cuando los primeros rayos de sol asomaban, la cogió en brazos y bajaron al sótano.

Le quitó las deportivas. Ella abrió un ojo y suspiró.

Luego, él se acostó junto a ella. No era justo que unos fanáticos vinieran a estropear su feliz vida.

Y él estaba dispuesto a luchar por defenderla.