Leoncio, el vampiro casi nuevo (Colmillos y buenas maneras 2) Capítulo 18. París
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Capítulo 18. París

Benjamin

Estaba demasiado preocupado por Cassandra y, en cuanto solucionara lo de su hermana y la piedra, iba a ir a buscarla.

Lo tenía más que claro. No porque le gustase…

o eso quería pensar. Ella lo había alimentado voluntariamente y para él fue un acto demasiado generoso para pasarlo por alto.

Y quería devolvérselo. No era porque le gustase, se repitió. No era eso.

—Maldita sea —susurró cuando entró en una tienda de lujo. Necesitaba ropa ya. Y su hermano también. Todos, en realidad. Habían aterrizado en París, pero antes de reunirse con Ana, fueron a una de las boutiques más caras de la ciudad, donde los conocían bien.

Los jóvenes estaban alucinando, recorriendo toda la tienda con grititos de asombro.

Los dos hermanos fueron a la sección de trajes.

Escuchaba a Archie hablar con su esposa y se notaba lo mucho que la amaba.

Era gracioso. Gracioso y bonito a la vez.

Desde luego, nada que ver con lo que tuvo con Beth.

Y… sinceramente, era un tema que algún día querría despejar.

¿Cómo murió? ¿Alguien la golpeó? Era algo que iba a averiguar. Se le acumulaban las tareas.

Escogió un traje fresco, azul. Vio que Archie se probaba uno gris. Bien, no quería parecer su gemelo.

Léo apareció con una camisa blanca y vaqueros, los otros chicos con camisetas y pantalones cargo. La loba, novia de su sobrino, con un vestido de tirantes y sandalias. Sonreía feliz. El amor… Maldita sea, no quería pensar en eso.

Ya recompuestos y después de que Archie cargase todo a su cuenta, salieron hacia el edificio donde vivía Anastasia.

Hablar con ella después de tantos años iba a ser chocante. Aunque él había vigilado su trayectoria. Ella no se permitía ninguna trasgresión, bueno, excepto casarse con un lobo. Sonrío divertido. El dichoso amor influía para hacer estupideces.

El mayordomo abrió los ojos al verlo y él le dio un abrazo.

Lo conocía bien. Los hizo pasar a la biblioteca.

Anastasia estaba allí, sentada y a su lado, de pie y con el ceño fruncido, su esposo, el lobo Tom.

Ella levantó la vista al verlos y enseguida corrió a abrazar a Léo, luego a Archie y cuando llegó a Ben, se quedó parada. Él sonrió.

—Maldita sea, Ben. Me alegro de verte.

Lo abrazó y él, sorprendido, le devolvió el cariño. No esperaba que su hermana hiciera eso.

—Sentaos.

—Madre, ya conoces a Carole. Somos novios.

—Ah, bien, hijo. Bienvenida, cariño. Hablaremos más tarde, porque ahora urgen algunos temas.

—Sí, claro, señora consejera.

—Por dios, muchacha, solo Ana. Y vosotros dos sois…

—Jean Paul es mi hermano pequeño ¿lo recuerdas? Ha crecido—dijo Tom sonriéndole. Ella asintió.

—Paul es una fae , consejera —dijo JP mirando primero a ella y luego a su hermano—, y mi novio.

—Me parece muy bien, JP, pero ahora hay que hablar de otras cosas.

Anastasia les indicó que se sentaran en una mesa grande. Mientras Tom acercaba bebidas para todos, fueron comentando todo lo sucedido. Ella asentía e incluso parecía tomar notas mentales. Cuando acabaron, Ana levantó la mano.

—Esto está muy mal, chicos. Los cazadores se van a cabrear por haber liberado a un par de prisioneros y, por lo que contáis, había más. Eso debería acabarse. El Páter no me preocupa, si le devuelves la piedra, pero eso de volver a robársela te pondrá una diana en la espalda.

—Hermana, he llevado una diana toda la vida.

—Si afecta al resto de la familia no puedo permitirlo. ¿Tan peligrosa es la piedra?

—Sí, madre. Afectó a JP y a Carole solo con un vistazo.

—Está bien, hablaremos con Sophie para ver si, como bruja, se le ocurre algo para neutralizarla. Luego está ese grupo de Roma, dependientes de ese Maestro. Les habéis tocado mucho las narices. ¿Y esa policía?

—Se fue. Pensó que le había hecho algo a su hermana, pero no fue así. Una noche acudí a su apartamento y estaba muerta. Y me largué. Eso estuvo mal, pero debido a mi… historial, podrían pensar que había sido yo.

—Si la atrapan… no será bueno. Colaboramos con la AISI desde hace muchos años y de esa manera nos dejan en paz. Habría que ayudarle, o recuperarla. Algo, Ben.

—Cuando le dé la piedra al Páter la buscaré, Ana.

—¿Y cómo es que tienes familia humana? ¿Vas a convertirlas?

—Bueno, padre me transformó a los veintiocho. Tuve mi vida. Y no, creo que no. Son demasiado… maliciosas. Tal vez la próxima generación sea mejor. Les doy el dinero suficiente para que vivan bien.

—Me parece correcto, Ben. Convertir a una persona en vampiro es un hecho casi religioso. Debes de estar seguro para hacerlo.

Miró a Tom, que acarició su mano.

—Por aquí no han ido las cosas mejor. Sigue habiendo algunas diferencias graves.

—No aceptan nuestro matrimonio —dijo Tom tensando la mandíbula—, a pesar de que, según las encuestas, a la mayoría de los sobrenaturales o les da igual o lo aprueban.

—Ya, los descontentos suelen meter mucho ruido, aunque sean un puñado —dijo Ben—. ¿Han intentado algo?

—Mientras estemos al frente no lo harán. Diría que tu amiga Katherine está en el ajo, Archie.

—No es mi amiga. Y no me extrañaría. Siempre estaba a la sombra de Caio y de Vinísero.

—No lo encontrasteis en el Vaticano.

—Ni lo buscamos. Nos importaba sacar a Archie —dijo Léo. Ana asintió.

—Bien hecho, hijo. Pero ese tipo no deja de ser un grano en el culo. Tengo una reunión con el capitán de la AISI y van a intervenir en el Vaticano. Creemos que el Papa ni siquiera conoce el tema. Así que será algo limpio y rápido.

—Señora consejera —dijo Paul—. Mis… mis ancestros están allí, sus huesos. Querría darles un entierro digno. Seguro que el rey desea hacer eso y darles el descanso eterno.

—Claro, lo tendremos en cuenta. No lo dudes. Gracias por tu intervención, Paul.

JP le dio la mano y él asintió, emocionado.

—Bueno, volved todos a Limonde. Sophie estará deseando abrazarte, quiso venir a París, pero le dije que no se le ocurriera. Le queda muy poco, Archie.

—Lo sé. Dijo que el doce de agosto. Estoy deseando reunirme con ella, hermana.

—Entonces, marchaos. Coged la furgoneta negra. Ben, ¿puedes quedarte?

—Desde luego.

—Y Léo, hablaremos con tranquilidad, pero que sepas que soy muy feliz de verte con Carole.

Se despidieron con abrazos y se marcharon al garaje. Benjamin se acercó al minibar y se puso un whisky, otro para Ana. Tom también se había marchado.

—Gracias, Ben —dijo ella aceptando el vaso—. No sé ni qué decirte. Hace tantos años que no te veía… y la verdad, te hemos echado de menos.

Él asintió, confundido. Su hermana había cambiado de verdad.

—Bueno, yo siempre supe de vosotros… o sea. No os espiaba. O sí. Os veía.

—¿Por qué nunca te acercaste, Ben? Nuestro padre quería que estuviésemos unidos. Aceptaba tu… tendencia a…

—¿Robar? ¿Estafar? Lo sé, Ana. Lo visité antes de tomar la verdadera muerte. Pude despedirme y me dio su bendición. Pero vosotros siempre habéis sido tan… perfectos. No estaba a vuestra altura.

—Eso es una verdadera estupidez, Ben. Siempre te hemos querido y estabas muy unido a Archie. Le destrozó que te alejases. Aunque supongo que se acostumbró. Ya sabes que es muy sensible y lo pasó muy mal con lo de padre. Suerte que entonces estaba con la otra bruja.

—Lo sé. Lo sé todo, Ana.

—Entonces, ¿qué vas a hacer con tu vida, Ben? ¿Te vas a instalar en algún sitio? Podría darte un objetivo, trabajar para mí.

—¿En el Consejo? Querida hermana, mi fama me precede.

—No, no es eso. Pero eres un buen… espía. Podrías vigilar el mundo para nosotros. Que todo funcione bien. Lo de la piedra es una muestra de lo peligroso que se puede poner. Y ya no hablo de los cazadores o de ese Maestro que no sé ni lo que quiere.

—Mostrar a los sobrenaturales al mundo, eso es lo que quiere.

—Si lo hace, esto se pondrá muy feo.

—Lo sé, Ana. Hablaré con el Páter, le diré que en un par de días le entregaré la piedra por si la esposa de Archie puede hacer algo con ella. Y después… quizá acepte tu oferta. Será divertido. Me encantan las conspiraciones.

Ana le sonrió con afecto. Un leve calorcito se instauró en el pecho de Benjamin.

En el fondo, siempre quiso volver con su familia.

Y si lo aceptaban como era… podría ir a visitarlos.

Léo le caía muy bien, y amaba a Archie. Él le enseñó todo lo que un vampiro neonato podía hacer.

Ana también y su padre los miraba orgullosos.

Quería volver a sentir esa relación familiar.

Se levantó, antes de emocionarse de más.

—Te mantendré informada. Iré a Limonde con la piedra y luego a ver al Páter.

—¿Y la policía?

—Es una cabezota. Pero imagino que echaré un vistazo para comprobar que esté bien.

—Me parece correcto. Sigues teniendo mi número, ¿verdad?

—Lo tengo.

—Hasta pronto, Ben, cuídate.

Se dieron un abrazo y sonrió. Se despidió del lobo y como ellos ya se habían marchado en la furgoneta, dio un salto y salió volando.