Leoncio, el vampiro casi nuevo (Colmillos y buenas maneras 2) Capítulo 17. De vuelta
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Capítulo 17. De vuelta

Léo

Decidieron alquilar un avión privado, para evitar sustos. Archie sacó todas sus armas económicas y pronto volaban hacia París. Todos, menos Cassandra. Su tío estaba hablando con su hermano en susurros que nadie intentó escuchar. Eran muy distintos y, sin embargo, tenían cierto aire familiar.

Cerró los ojos para descansar. Aunque las persianas estaban cerradas, notaba que era de día. Carole acarició el dorso de su mano y la miró.

—Casi hemos acabado, ¿no?

—Creo que es el fin de la primera parte. Aunque supongo que los problemas de mi tío se han acabado. Devolverá esa dichosa piedra y puesto que la policía se ha marchado…

—Me da que a tu tío no le hace ninguna gracia que se haya largado. Parece que le gustaba. Parecía muy contrariado al saber que era hermana de esa tal Beth.

—Si Archie se fía de su hermano, entonces yo también.

Él ha dicho que no tuvo que ver, y lo creo.

Puede que haya robado y estafado, pero mi madre me ha dicho muchas veces que Domitilo, mi…

abuelo por llamarlo así, les inculcó el amor por la vida humana.

Aunque había otra hermana que murió en circunstancias sospechosas. Al parecer, ella sí era una asesina.

—¡Qué fuerte! En el caso de los lobos también hay alguno que se desvía, Léo. A veces se vuelven medio locos, si toman drogas o alcohol. Se descontrolan.

—El alcohol siempre hace ese efecto —suspiró.

Carole lo miró y se encogió de hombros—.

Mi padre bebía cuando yo era pequeño y pegaba a mi madre.

Pero Anastasia habló un día con él, supongo que lo amenazaría de alguna forma terrible y sangrienta y poco a poco, se fue recuperando. Pero fueron unos años duros.

—Lo siento, Léo. Ahora entiendo muchas cosas.

—Ya, bueno.

—Ey, chicos. ¿Todo bien? —preguntó JP asomándose—. Qué fuerte lo de esa piedra. Es peor que la Belladona lunar. Paul se la ha dado a Benjamin. No parece que a los vampiros les afecte.

—No. No sentí nada especial, sin embargo, debe de ser importante.

—Si hace el mismo efecto, sí —respondió Carole—. Sentí el impulso de transformarme, pero… era como algo… primitivo. En realidad, puede ser algo muy peligroso si cae en malas manos. ¿No creéis que ese Páter la usará para el mal?

—Es posible —dijo JP—. No sé si deberíamos dársela.

Benjamin se acercó a ellos.

—Os he escuchado y mi hermano y yo estamos de acuerdo. Se la daré y romperé mi promesa y después… bueno, quizá alguien se cuele y la destruya. Ambos apreciamos a los lobos y si esa piedra hiciera que os volvierais locos… se destaparía todo. Tal vez es lo que querían los cazadores.

—Creo que no sabían para qué servía —dijo Léo pensativo—, o no la hubieran tenido en las catacumbas.

—Estaba protegida por una barrera fae —intervino Paul—, lo que es realmente raro. No percibí ninguna en el Vaticano.

—Obligarían a alguien a hacerlo, como debieron obligar a una bruja a hechizar los barrotes.

—Es denigrante que los sobrenaturales se alíen con los cazadores.

Benjamin asintió a su hermano. Se volvieron a sentar en su sitio, para continuar hablando. JP y Paul pidieron algo de comer al auxiliar y Carole se acurrucó en el hombro de Léo.

—Puedes dormir un rato, cubito. Yo te cubro.

—Antes… ¿qué era eso de Nueva York?

—Ah, bueno. Es que quiero ser actriz. ¿Te parece una estupidez?

—No, para nada. Entonces, ¿mejor Nueva York que Los Ángeles?

—Siempre ha sido mi sueño y es mi ciudad soñada. No sé, es como una obsesión. Quiero irme este otoño. He ahorrado y me puse en contacto con una chica que es actriz y tal vez pueda… alquilarme una habitación. Eso, si… si voy sola, claro.

—¿Querrías que te acompañase?

Carole se volvió hacia él con media sonrisa.

—¿Lo harías, cubito? ¿Te vendrías conmigo? Sé que no llevamos mucho tiempo… y es un poco salto al vacío.

—Sí. Me iré contigo. Y mi madre tiene un apartamento allí. No tendrías que alquilar nada. Estuvimos hace unos quince años viviendo allí. Me conozco la ciudad.

—Ah, no, no quiero ir de gorra. Y no te digo que vengas por…

Léo la besó. Ella ronroneó al sentir sus colmillos. Se apartó, mirándolo con una chispa en sus ojos.

—¿Te gustaría probar en el lavabo de un avión?

—¿En un avión con sobrenaturales que escuchan todo? Carole, no…

—Um, mierda, es verdad. Dichosos oídos.

Escucharon reírse a JP y Paul y se encogieron de hombros.

—Ya llegaremos a estar solos. Cotillas de mierda —soltó ella.

Archie carraspeó y Léo hizo callar a Carole con un suave beso.

—Aprovecharé para hablar con mi madre. Quiero presentarte formalmente, Carole.

—Suena muy fuerte. Pero vale. Si me voy a llevar a su pajarito, tiene que saber que mis intenciones son buenas.

La carcajada de JP hizo que todos se echaran a reír.

Carole bufó y se colocó en el hombro de Léo.

Él sonrió y cerró los ojos. Ahora sí empezaba a comprender lo que era el amor y lo que sentían Archie y Sophie.

Por supuesto que los echaría de menos, pero iba a seguir a su loba donde quisiera y, de todas formas, él también tenía sus propias ideas.

Se iba a unir a otro vampiro y fundarían una empresa para hacer vídeo juegos.

Ya habían perfilado un par. No le había dicho a su…

¿novia? que su madre ya le había asignado una buena cantidad de dinero y que, si quisiera, no tendría que trabajar jamás.

Pero también le había inculcado la necesidad de no estar ocioso.

Un vampiro vive demasiado tiempo y aquellos que no tienen un objetivo en su vida acaban por volverse locos.

Ahora él tenía dos. El primero, hacer feliz a Carole.

El segundo, su empresa. Y sí, le daba igual dónde instalarse.

Sonrió feliz. Si su madre humana lo viera así, estaría orgulloso de lo que había conseguido.

Era como si… como si todo su pesar de convertirse en vampiro se terminase. Gracias a Carole.

Acercó los labios a su oído y susurró dos palabras.

—Te quiero.

Ella se giró, sorprendida y aunque esperaba cualquier respuesta extraña, sonrió y asintió. El pecho de Léo se inundó de felicidad. Oh, sí. Eso era amor.