Capítulo 16. La verdad duele
Cassandra
Lis le dijo que subiera en una moto y ella se colocó delante.
Había decidido no llamar a Gunter, si trabajaba para el Páter, no le interesaba que se involucrara.
Condujeron hasta las afueras de la ciudad.
Estaba alucinando con esa niña. Si a esa edad era así, ni se imaginaba cómo sería de mayor. O sí. Tenía a su madre de muestra.
Empezaban a no cuadrarle las cosas. Ellas descendían de Benjamin, eso estaba claro. No sabía que los vampiros cuidaban de su progenie. Era cuanto menos, raro y más de alguien que se dedicaba a robar. Claro que la tal Gio era una mafiosa de narices.
La niña le señaló una chatarrería y avisó a su madre cuando aparcaron detrás de un cobertizo abandonado.
—Deberías quedarte aquí, Lis. Puede ser peligroso. Esos sobrenaturales son salvajes.
—¿Y tú qué vas a hacer? Eres humana. Aunque lleves pistolas hasta en las botas.
—Voy a negociar con ellos.
Lis se echó a reír.
—No seas tonta. Si quisieran negociar, no habrían pillado a Benjamin. O antes a ti. Vamos a buscar un lugar discreto para entrar, sacamos al vampiro y nos largamos.
—Lo ves muy fácil, Lis. Si hay lobos o vampiros nos van a oler.
Ella bufó y se sacó un colgante del cuello.
—Esto me lo ha hecho Claudia, tengo dos. Sirve para que los sobrenaturales no nos detecten. No dura mucho una vez se activa, pero nos servirá. Póntelo. Se activa con una palabra. Shazam.
—¿Como la película?
—Sí, mi madre y ella me llevaron a verla y me encantó. Preferiría ser medio bruja que medio loba, la verdad.
—Entonces, busquemos cómo entrar y la pronunciamos.
Lis le dio la mano y Cassandra se sintió conmovida. Porque no dejaba de ser una niña y ella la iba a poner en peligro. Pero tampoco quería dejarla sola allí. Benjamin las podría sacar volando a las dos, suponía.
Dieron una vuelta por el lugar hasta que encontraron un riachuelo que salía del sitio.
Olía a óxido, pero no era eso lo importante, sino que la valla metálica estaba levantada.
Se metieron por debajo y pronunciaron la palabra.
Al instante sintió que un aire más espeso las rodeaba.
Veía a Lis algo borrosa. Ella hizo el gesto de la victoria y caminaron escondiéndose, de todas las formas.
Allí había varios sobrenaturales hablando sentados sobre unos taburetes.
Ya amanecía, así que se tenían que dar prisa o Benjamin se iba a achicharrar.
Algunos se volvieron hacia donde estaban ellas, pero no las vieron.
Se quedaron quietas durante un minuto y luego se acercaron algo más. Estaban discutiendo.
—… una cagada, y lo pagaron —decía la loba—, y no volverá a suceder. No queríamos a este vampiro, sino a la mujer, según dijo el maestro. Él nos llevará o le clavaré una estaca en las pelotas.
—¿No sabes quién es, Augusta? —dijo una bruja con una risa—. Es Benjamin Valeroso, el hermano de la consejera. Su valor ha aumentado.
Cassandra se quedó quieta. Ahora sí le cuadraba todo. Maldito fuera. Cómo la había engañado. Pero… no, no iba a pensar en nada, solo en sacarlo.
—Se lo diré al Maestro, por si le sirve para presionar a la consejera. Aunque si es él de verdad, he escuchado que es la oveja negra de la familia.
—Anastasia Valeroso es fiel a los suyos. Hará lo que el Maestro quiera. Es su hermano —insistió la bruja.
—Está bien. Lo llamaré. Comprueba que no le entre sol y se fría.
La bruja se levantó y caminó hacia un contenedor.
Cassandra apretó la mano de Lis y la siguieron.
El contenedor sí tenía ventanas con rejillas y un gran candado en la puerta.
Dejó a Lis en un lado y se acercó, tras la bruja.
Ella se volvió, pero no vio nada. Abrió la puerta y se echó a reír.
Benjamin estaba en un rincón, encadenado y las ventanas dejaban pasar la luz del día.
—Sácame, desgraciada —amenazó él.
—Venía a taparte las luces, pero no lo haré. El sol se mueve y tendrás que pegarte a la pared para no freírte.
Entonces, Cassandra la golpeó en el cuello y la mujer cayó al suelo. Benjamin la vio caer y miró alrededor. Ella se quitó el colgante y él sonrió, aliviado.
—Son cadenas con runas. Imagino que lleva las llaves. Deprisa.
—Voy.
Registró a la mujer y sacó las llaves. Luego, se acercó a Benjamin y lo liberó. Cuando salieron, evitando las ventanas, Lis se quitó el colgante.
—No te va a dar tiempo de salir. Te vas a achicharrar.
—Iremos deprisa. Vamos.
Una serie de gruñidos se escucharon a lo lejos. Los sobrenaturales corrieron hacia la puerta.
—Ah, ese parece mi padre. Se habrá enterado de que estoy aquí. Aprovechemos para largarnos. Vuela, vampiro.
Cassandra cogió en brazos a la niña y Benjamin a ambas y salió volando fuera de la chatarrería. El sol empezaba a picarle demasiado y tuvo que bajar cuando avistó un bosquecillo y meterse tras una sombra. Las quemaduras empezaban a extendérsele por la piel. Siseó cuando Cassandra tocó su piel.
—Debéis marcharos. Encontraré un refugio o me enterraré. No puedo salir. El sol está demasiado fuerte. Esperaré a que anochezca.
—No podemos dejarte aquí, hombre, estás herido.
—Me recuperaré.
—Solo se recuperará si bebe. Eso es de primero de sobrenatural —dijo Lis.
Cassandra dudó. Ben parecía estar peor, incluso a la sombra. Le ayudó a levantarse para meterse más adentro entre los árboles, pero cayó cuan largo era.
—Yo no puedo darle sangre, soy una niña. Y además soy híbrida. Tienes que alimentarle o se morirá.
—Pero yo…
—No se te va a comer. Es un tipo civilizado. Ofrécele tu brazo, vamos, no hay tiempo.
—No… no… me arreglaré… cuando sea de noche…
—No seas idiota, Benjamin. Come. O muerde. Lo que sea —dijo acercándole el brazo.
Sus colmillos salieron y ella se sentó a su lado, insistiendo.
Él asintió. Su rostro empezaba a estar demasiado quemado.
La mordió con suavidad. Ella sintió un suave dolor, pero enseguida empezó a sentirse relajada.
Ben se alimentó y luego pasó la lengua por su herida, cerrándola.
Ella lo miró con excitación. Él lo notó.
—Vamos, dejad eso para luego. Escucho a los lobos.
Lis silbó suavemente y tres lobos acabaron acudiendo. Ben se empezaba a recuperar y se había logrado sentar, apoyado en un árbol. Cassandra seguía aturdida y algo débil.
El alfa llegó hasta Lis y se convirtió en hombre.
—Estás bien, hija.
—Sí, papi. ¿Y los malos?
—Han huido, algunos… han caído. He dejado que Augusta se vaya. Ella es… mi gemela. No puedo acabar con ella. No entiendo por qué se ha aliado con cazadores. Supongo que ella siempre despreció mi autoridad.
—Igual quería ser alfa —dijo Lis—. ¿Tenéis un vehículo? O si no Benjamin se achicharrará.
—Sí. Hemos traído un furgón cerrado.
Se fue y al rato escucharon el vehículo. Cassandra y Benjamin se apoyaron el uno en el otro y pasaron al interior, luego, el alfa cogió en brazos a Lis y le dio un achuchón. Ella se echó a reír. Volvieron hacia la ciudad.
La niña avisó a su madre. Los dejaron en la puerta del hotel de los jóvenes y el alfa se marchó con Lis. Ellos acudieron a la habitación. Archie no estaba. Solo los otros chicos.
—Archie y Léo con Carole se fueron hacia vosotros, para ayudaros. Lo llamo —dijo el lobo con urgencia.
Benjamin se dejó caer en el suelo, las cicatrices se iban cerrando, pero todavía estaba débil.
Paul le acercó unas bolsas de la nevera y le dio las gracias.
Ella necesitaba muchas explicaciones, pero lo dejó estar por el momento.
Además, se sentía levemente atraída, supuso que por el efecto del mordisco. Se sentó en una butaca.
JP sonrió.
—Ya vuelven. Cuando llegaron a la chatarrería no había nadie así que ya volvían, por el sol.
—Bien por ellos —dijo Benjamin brindando con su bolsa vacía.
—Así que Benjamin Valeroso —dijo ella desde su asiento. Él se encogió de hombros.
—Soy el hermano malo, la oveja negra. No quiero avergonzar a mi familia.
—Y, sin embargo, los cuidas.
No contestó, sino que dio un trago a la bolsa.
A los minutos, llamaron a la ventana y entraron todos. Léo y Archie iban cubiertos con capuchas, aunque a pesar de ello se habían socarrado un poco. El recién llegado se dirigió hacia su hermano, que se levantó, y le dio un cariñoso abrazo.
—Benjamin, caramba, estás fatal. Me alegro mucho de verte.
—Y yo, Archie.
—Deberíamos marcharnos de esta ciudad.
—Yo no puedo todavía. Debo recuperar una reliquia.
—¿Algo como esto? —preguntó Paul sacando algo de su bolsillo. Era una piedra blanca rodeada de un engarce de oro. JP y Carole sacaron los dientes agitados y lo volvió a meter en su bolsillo.
—¿Cómo es que lo tienes tú?
—Cuando JP y yo nos metimos en las catacumbas, llegamos a la zona donde había cráneos de faes , pero también de lobos. Fue horrible. Pero en una urna descubrí el colgante. JP se puso malísimo al verlo, casi se convierte, así que decidí llevármelo, por si acaso.
—Te daría un beso, chaval —dijo Benjamin—. Ahora sí que nos largamos, pero antes necesito ir al hotel, ducharme y cambiarme. Puedo dejarte ropa, hermano. Me da que la tuya es de Léo.
—Deberíamos ir a París, hablar con Ana. Tiene que estar informada.
—¿Y ese vampiro viejo?
—¿Sinceramente? —dijo Archie—, me da igual. Solo quiero volver a casa con mi esposa.
—Nosotros volveremos, le daremos eso al Páter y luego debemos continuar con nuestra misión, Benjamin.
—Uf, ni un respiro, agente Bonchamp. Eres agotadora.
—¿Bonchamp? ¿Eres hermana de esa muchacha?, mi esposa la ha estado viendo por algún motivo.
—Sí.
—¿Tu hermana… es… era… Beth Bonchamp?
—Sí, Benjamin. Oh, dios. ¿Entonces eras tú el vampiro que estaba con ella? ¿La asesinaste? —gritó ella y sacó una pistola. Archie se puso entre los dos.
—Mi hermano no es un asesino.
—No lo hice. Ella estaba muerta cuando la encontré. Y puesto que no soy un tipo… de fiar, me fui.
—Maldito seas, Benjamin. Hijo de puta.
Dio un paso atrás. Ben miró a su hermano.
—Te juro por nuestro padre que no la maté ni tuve nada que ver con su muerte.
Archie puso la mano en su hombro.
—Te creo, Ben. Cassandra, los vampiros tenemos un juramento sagrado y siempre decimos la verdad cuando nombramos a nuestro dómine. Él no fue.
—No te creo. Bien, desde ahora, tú vas por tu lado y yo por el mío. Te puedes largar, Benjamin Valeroso. Nuestro trato queda roto.
—Pero Cassandra…
Ella aguantó las lágrimas y salió de la habitación. La había estado engañando todo este tiempo, aunque claro, no sabía que…
Sintió una punzada en el corazón de dolor. Estaba claro que no se podía confiar en él. Recogió todas sus cosas y se perdió entre las calles de Roma. Bien. Ahora estaba sola y debía encontrar a ese Maestro. Como fuera.