Capítulo 15. ¡Liberado! #3
Él asintió y los dejó solos, pero debía alimentarlo. Salió volando y llegó a la casa. Efectivamente, ahí estaban. Tomo una docena en una bolsa de compras que vio y volvió en segundos. Suspiró de alivio cuando lo vio allí. Solo estaba Carole y Claudia, que miró lo que había cogido Léo.
—Me debéis pasta, pero bueno, ya lo solucionaremos. Me largo.
—Gracias, Claudia.
—No lo hago por vosotros.
—¿Y el alfa?
—En cuanto se tuvo en pie, se fue con Gio. Dijo que le acompañaría hasta su manada, a las afueras de Roma. Adiós, aunque seguro que nos volvemos a ver.
Se marchó mientras Archie se alimentaba con gula. Tomó al menos seis bolsas y ofreció a su sobrino, que aprovechó para tomarse un par. Carole se movía nerviosa, mirando el móvil.
—No me contestan. JP y Paul. ¿Y si se han metido en un lío? No deberían haber entrado.
Archie tomó el móvil de Léo para llamar a Sophie, tranquilizándola durante un buen rato con palabras dulces. Le mandó un mensaje a Ana prometiéndole que la llamaría en breve. Luego, volvió a comer. Ya tenía su aspecto habitual, aunque no en cuanto a pulcritud.
—Tenemos una habitación de hotel. Y… Archie. Benjamin ha sido secuestrado por una loba.
—Vámonos de aquí lo antes posible. Me lo cuentas en la habitación. ¿Puedes llevar a Carole? No sé si me siento lo suficientemente fuerte para ello.
—Desde luego, no será la primera vez. Vámonos.
Léo cogió en brazos a Carole y Archie tomó la mochila y salió volando detrás de ellos. Llegaron al hotel y entraron por la ventana que había dejado abierta.
—Necesito ducharme, ¿podrás prestarme ropa, Léo?
—Por supuesto, adelante. Mientras, llamaré a mi madre. Estaba muy nerviosa.
—De acuerdo.
Se metió. Carole tomó un zumo de la nevera y dejó la sangre. Luego, Léo llamó a la consejera.
—¿Dónde estáis?
—Estamos en el hotel, madre. Archie estaba débil, pero bien. Atrapado en el Vaticano, con otros sobrenaturales. Solo pudimos sacar a un alfa. ¿Sabías que tío Ben está por aquí? Él nos ha estado ayudando, pero lo han atrapado. Una loba que trabaja para un tal Maestro.
La sarta de imprecaciones que salió de la boca de su madre fue épica. Nunca la había escuchado decir eso. Archie salió de la ducha con una de sus camisetas y vaqueros que le venían algo cortos, pero ya tenía el aspecto de siempre. Pusieron el manos libres.
—Me atraparon dos vampiros, una bruja y un lobo. Y sí, trabajaban para los cazadores, lo que es demasiado absurdo. ¿Sobrenaturales haciéndoles el trabajo sucio a los cazadores? Es denigrante.
—Archie, nos da igual todo, largaros de allí.
—No podemos irnos, madre. Nuestros amigos pueden estar en peligro. Y tío Benjamin está trabajando con una policía de la AISI.
—¿Ben trabajando con la autoridad? Algo tendrá contra él, supongo.
—No importa, Ana. Tenemos que liberarlo. Él prometió que me sacaría de la jaula donde he estado encerrado y yo haré lo mismo por él.
—Está bien, pero tened mucho cuidado. Tom pregunta si habéis contactado con Gunter.
—Gunter está compinchado con un tal Páter que persigue a Benjamin. No es de fiar.
—¿Y quién te dijo eso?
—Una tal Gio, descendiente de Benjamin…
—Por el Santo Grial, no sabía que él tenía descendencia. La ha ocultado todos estos años. Deberé tener una conversación con él. Está bien, haced lo posible, pero por favor, tened mucho cuidado.
Colgaron y Carole llamó a JP. Pero al poco, escucharon dos golpes en la puerta. Ella los olió y abrió la puerta. Paul parecía disgustado.
Se saludaron y JP acompañó a su novio para sentarse en una silla. Se tapó la cara para que no viesen sus lágrimas.
—Hemos visto los… restos de su familia. Los reconoció. Estaba muy enfadado, pero me lo traje. Era peligroso. Ahora está destrozado.
—Lo siento mucho, Paul —dijo Léo—, pero JP ha hecho bien. No podemos con todos los que están ahí dentro. Ni siquiera sabemos cuántos son.
—Muchos. Un ejército —suspiró Archie—. Ahora vamos a por Benjamin.
—Fue con la agente, que por cierto es esa mujer rubia de la biblioteca, y la hija de Gio, que debe de tener unos seis años, pero vaya…
—¿Podemos localizarlas?
—Gio me dio su número —dijo Léo—, la llamo.
Enseguida contestó.
—No sé dónde está mi hija ahora, pero la última vez que contactó conmigo estaba cerca de una chatarrería, al norte de la ciudad. Marco Antonio iba para allá con sus lobos.
—Iremos también.
—Vosotros mismos.
Colgó sin más. Se miraron. Era realmente fría.
—Paul, JP, quedaos aquí, nosotros iremos a localizarlos —dijo Léo.
—A mí no me dejas —protestó Carole.
—Ya me lo imaginaba, por eso no te he nombrado. Archie, ¿sabes dónde puede ser?
—Sí, he estado en Roma varias veces. Vamos. Sígueme.
Salió por la ventana volando. Léo cogió en brazos a Carole y ella se agarró a su cuello.
—Te aseguro, cubito, que no esperaba que a tu lado tuviera tantas aventuras emocionantes.
—Yo prefiero la vida tranquila, Carole. Esto se acabará.
—No pasa nada, tal vez podamos retomar nuestras aventuras en… ¿Nueva York?
La miró antes de saltar. Ella sonrió.
—Ya hablaremos.
Salió detrás de su tío con media sonrisa. Oh, sí, había llegado a dos conclusiones bien claras. La primera, que estaba colgado de ella. Y la segunda, que la seguiría donde fuera.