Capítulo 15. ¡Liberado! #2
—El abuelito es lo más —dijo Lis terminándose el zumo. La miraron consternados.
—Ese Maestro quería retenerme y ahora ha atrapado a Benjamin. ¿Por qué?
—Como te he dicho, seguramente se habrán cruzado en alguna ocasión, y, además, le fastidió que te liberase. Creo que le tiene ganas a tu organización. Le ha jodido varias operaciones, entre ellas… bueno… habréis escuchado lo de la Belladona Lunar.
—¿Quiere dar a conocer a los humanos? ¿Por qué? No tiene sentido.
—Nadie sabe quién es. Puede que sea humano o sobrenatural, pero sí que desea jodernos a todos. Y por ese motivo, os vamos a ayudar.
—Y por la pasta del abuelito —dijo la niña mirándolos con una sonrisa.
—Oh, sí. No nos conviene que lo maten. Nos debe dinero. Así que… o venís con nosotras o vais a quedaros aquí, pensando qué hacer.
—Debemos rescatar a mi tío Archie, está en el Vaticano. Pero está encerrado en una jaula cerrada mágicamente con runas.
—¿Lo tenéis localizado? —preguntó con una chispa en los ojos.
—Sí, a él y a los otros prisioneros.
—¿Había más vampiros, lobos…?
—Sí, al menos un lobo grande, pero las runas los han debilitado. Archie apenas podía moverse.
Bajó el rostro y Carole lo abrazó.
—Podemos llamar a Gunter, él dijo que lo avisásemos.
—¿Gunter Raw? ¿Un lobo de unos cincuenta?
—Sí, el esposo de mi madre dijo que era de fiar.
—Pues no lo es. Trabaja para el Páter. Y este es un mafioso licántropo que vive en el sur de Francia —contestó Gia.
—El Páter es quien ha amenazado a Benjamin para que obtenga una reliquia que supuestamente se oculta en el Vaticano —dijo Cassandra.
—Bien, aclaremos las cosas. ¿Cuál es vuestra prioridad? ¿Archie? ¿Benjamin? ¿La joya? ¿El vampiro viejo que está encerrado?
—¡Vinísero no! —exclamó Léo—. Para mí es Archie. Está débil y no sé cuánto aguantará.
—Yo debo salvar a Benjamin —dijo Cassandra.
—Está bien, haremos dos equipos. Yo me llevo a Léo y a la loba, avisaré a una bruja amiga y sacaremos a Archie. Mi hija Lis, Cassandra y puedes llamar a Gunter para esto, iréis a por Benjamin. Los están siguiendo, así que me pasarán la localización.
—¿Y nosotros?
—Vosotros dos podéis entrar por la rejilla para dar apoyo, supongo.
Nosotros iremos al castillo Sant´Angelo donde hay otra entrada.
Yo llegaré hasta ahí, no puedo darme a conocer.
Se os unirá una bruja llamada Claudia. Ella os ayudará a sacar a Archie, pero debéis ser rápidos.
Cassandra, Lis te dirá dónde se han llevado a Benjamin, pero si son de la organización del Maestro como parece, habrá más gente.
Por eso es bueno que te lleves a Gunter, aunque trabaje para el Páter. Le interesa sacar a Benjamin.
—Había otros prisioneros —dijo Léo—, deberíamos soltarnos.
—No lo veo —contestó Gio—, si están ahí es por algo y no nos conviene que delincuentes como los que suelen pillar…
—Los soltaré —contestó Léo—, no sabemos si son malas personas y solo fueron secuestrados por ser sobrenaturales.
—Tú mismo, niño. Haz lo que te dé la gana, pero cuidad a Claudia, es una bruja muy valiosa para mí.
Se pusieron en marcha y aunque preocupado, estaba decidido a salvar a su tío. A sus dos tíos, en realidad. Carole le tomó de la mano y caminaron hacia el lugar. Una bruja conocida los saludó.
—El pajarito. Vaya, Gio, no sabía que estabas en contacto con ellos.
Gio le dio un suave beso en los labios y la tomó de la mano.
—Ten cuidado, Claudia. Hay varios sobrenaturales atrapados. Si puedes, ábreles la puerta, pero nuestra prioridad es sacar a su tío Archie. ¿Entendido? No arriesgues.
—No lo haré, Gio. Vamos, chicos. ¿Vuestros nombres?
—Léo y Carole —dijo la loba mirándola con desconfianza. No se fiaba de estas dos, por mucho que la humana fuera descendiente de ese tal Benjamin.
Buscaron unos árboles que rodeaban la muralla, más allá de la rejilla y la bruja dibujó una runa en la misma pared. Esta se estremeció y Gio se apartó.
—Volved pronto. Andaré por aquí.
Se metieron por la apertura que se formó sin que los viera nadie.
Daba a un almacén con cajas bastante polvorientas, por lo que pensaron que no se usaba mucho.
La bruja, Claudia, llevaba una mochila con sus herramientas y sacó una vara que Léo olió que era de palosanto y comenzó a dibujar en la puerta de salida. Esta se abrió con un clic.
—Según sé, las celdas están abajo. Tendréis que ayudarme.
—Buscaré con el olfato a mi tío.
—Llevaremos un hechizo de ocultación, pero no durará mucho. Así que a correr.
Caminaron por los pasillos evitando a la gente que, en realidad, no parecía verlos, aunque algunos se volvían confundidos. Por suerte, ninguno de ellos era sobrenatural o lo hubieran tenido mucho más difícil.
Por fin, llegaron a un lugar que les resultaba familiar. Un guardia humano estaba sentado en una silla mirando el móvil. Eso era una contrariedad.
—Vamos, vampiro, ve rápido y acaba con él.
—Yo no mato a nadie —susurró Léo—, pero puedo dejarlo inconsciente.
En segundos, se acercó al tipo y le tocó el cuello para cortar la circulación sanguínea al cerebro. Se desplomó. Su madre le había enseñado, como si fuera una tradición de los Valeroso.
Pasaron a las celdas y le mostró la de Archie. Ella sacó unas botellas y luego pasó la mano por delante.
—Unas runas muy potentes, tengo que encontrar el ritual adecuado.
—Date prisa.
—Vigila, loba, avisa si llega alguien.
Carole se apartó para hacerlo y ella mezcló varios líquidos en un frasco. Luego tomó su palosanto y lo mojó en él. Luego dibujó en el aire, pero no parecía funcionar.
—Maldita sea la bruja que hizo esto. Pero no podrá conmigo.
Luego, insistió y por fin notaron algo distinto. Léo tocó la reja y no le quemó. Arrancó la puerta y se metió para sacar a su tío.
—Léo, Dios… estoy débil.
—No te preocupes, te sacaremos de aquí en un momento. Claudia, ¿podrías intentar liberar a los otros?
—No. Me he quedado sin fuerzas. Tal vez a uno.
—Bruja, libérame —gruñó el lobo—. Te deberé una bien grande. Soy Marco Antonio.
—Pero no nos atacarás, ¿no? Se te ve hambriento.
—Por supuesto que no. No me alimento de personas, joder.
—Adelantaos, lo intento.
—Ten cuidado, le prometimos a Gio que te cuidaríamos.
—¿Gio? ¿Giovanna Calessi?
—Sí. ¿La conoces? —preguntó Claudia.
—Soy el padre de su hija. Sácame.
La bruja se concentró para abrir la jaula. Carole vino porque había escuchado ruidos y cuando abrió, el alfa salió tambaleándose. Ella fue a ayudarlo.
—Gracias, loba.
—Eres un alfa, ¿cómo te atraparon?
—No es el momento —dijo Léo—, vamos. Mi tío está muy débil.
Léo lo sujetaba, era como si hubiera perdido quince kilos, teniendo en cuenta que era un hombre delgado, ahora parecía famélico. Llegaron con dificultad al pasillo. Claudia se apoyó en la pared, débil.
—No puedo sostener el hechizo de ocultación más. Tendremos que ser sigilosos y darnos prisa.
—Me adelantaré —dijo Léo. Archie quiso impedírselo, pero seguía muy débil. Claudia lo ayudó a caminar.
Léo volvió y les hizo señas para que siguieran adelante.
De repente, dos guardias armados salieron de una habitación y entonces él actuó.
Se sintió como si estuviera en un vídeo juego.
Su rapidez fue increíble. Dejó a los dos tipos inconscientes y los metió al mismo lugar de donde habían salido.
Por fin llegaron al almacén, y cuando entraron, todos respiraron aliviados.
—Cuando salgamos, hay que correr hacia el parque que hay enfrente, allí nos podemos escabullir. ¿Estamos de acuerdo? —dijo Claudia.
Asintieron. Ella movió su palo y la puerta se fue abriendo, poco a poco.
Claudia se asomó y, como no vio nada, salió despacio.
Luego, los demás. Cerró la puerta con magia.
Ya no le quedaban fuerzas. Cruzaron la calle y acabaron bajo la sombra de unos árboles.
El alfa se dejó caer al suelo, agotado. Léo apoyó a Archie en un banco. Respiraba con dificultad.
—Necesito comer, Léo.
—Toma las llaves de mi casa, pajarito, ya sabes dónde es. En la nevera hay bolsas. Trae las que necesites.