Capítulo 15. ¡Liberado!
Léo
Se despertó hambriento y cansado. Él estaba muy bien en la casita de Limonde, con el aire acondicionado, delante de su pantalla. Sí, lo había pasado bien con Carole, y, desde luego, quería rescatar a Archie, pero empezaba a sentirse abrumado.
Se levantó descalzo para alimentarse. Ya había anochecido y supuso que o estaba durmiendo o se habría bajado a comer algo.
Se dio una ducha y se puso sus vaqueros, la camiseta negra que le había regalado Archie para Navidad en la que se veía una imagen de Matrix, una de sus películas favoritas, y se revolvió el cabello.
Tomó una bolsa y buscó a Carole, pero no le había dejado tampoco ninguna nota. Envió un mensaje y no contestó.
Entonces, supo que lo habían hecho. Sin él. Enfadado, salió a la calle. En ese momento, su amigo del chat le contestó. Habían encontrado una entrada, una vía de escape a través de una rejilla. Le pasaron la ubicación exacta y se fue para allá.
Si ellos se habían ido sin él, él entraría sin ellos.
Quería sacar a Archie a toda costa. Se orientó más o menos bien y encontró la rejilla.
Era incluso extraño que solo estuviera cubierta por unos arbustos.
La abrió sin dificultad y entró dentro con la sensación de sentirse observado, pero sin que nadie se lo impidiera.
Caminó por la zona. Había sido muy fácil, se sentía realmente satisfecho de sí mismo.
Decidió tomar uno de los dos pasillos y llegó a una habitación cuadrada, con armarios, parecía un almacén o algo similar.
A un lado, otra puerta de madera vieja que se estaba abriendo.
Se quedó paralizado, como un conejo delante de un coche, pero cuando él se asomó, respiró.
—¡Léo! ¿Qué narices haces aquí?
—¿Tío Ben? ¿Has venido a por Archie?
—¿Archie? ¿Qué quieres decir? ¿Y por qué estás solo?
—Archie fue secuestrado y lo han traído al Vaticano. Hemos venido a rescatarlo.
—¿Hemos?
—Unos amigos y yo. Aunque no sé dónde están. ¿Y tú? ¿No sabías lo de tu hermano?
—No. Ni idea. Vengo por mis propios asuntos. Maldita sea, Léo, eres un joven inexperto. ¿A quién se le ocurre?
Se estiró, mirándolo con mala cara. Solo había visto algún retrato de los cuatro hermanos, pero no lo conocía personalmente y lo primero que se le ocurría era decirle que era un crío.
—He entrado, ¿no? Algo sabré hacer.
—Mmm, tienes razón. Escucha, lo primero, voy de incógnito. Nadie puede saber que soy tu tío. Llámame Benjamin o Ben, pero nada de tío.
—Está bien, pero no comprendo.
—Es importante y por la familia. Estoy acompañado por una agente del AISI, ¿sabes qué es?
—Sí. ¿Y dónde está?
—Atrapada aquí. He venido a sacarla. Y, de paso, tenía que rescatar una pieza.
—¿Robarla? Mi madre dice que eres un estafador. O un ladrón.
—Ya. Tu madre es encantadora —contestó con una sonrisa cínica—. Y sí, la tengo que recuperar, no robar. Quien me ha contratado la poseía antes. Pero es peligroso, Léo. Creo que el vampiro Vinísero anda por aquí.
—No importa, quiero sacar a Archie, es una buena persona.
—Ya lo sé —respondió con impaciencia—. Yo lo sacaré. Tú te marchas por donde has venido.
—No me voy a ir. Te aguantas. Y si no quieres ir conmigo, iré solo.
—¿Por qué los jóvenes de ahora son tan cabezotas? —exclamó con un gesto exasperado—. Está bien, vendrás, pero harás lo que yo te diga y si en algún momento debes correr o volar, obedeces. Porque vuelas, ¿no?
—Soy un Valeroso. Vuelo como todos.
—Bien, bien.
—Pero hay runas antisobrenaturales por todo el jardín. Si salimos allí, nos vamos a debilitar.
—Eso es una contrariedad. Al menos, tenemos la rejilla. Vamos, Léo. Buscaremos a mi encantador hermano. Ve contándome cómo lo pillaron.
Léo le resumió un poco todo lo que había sucedido.
Se fiaba… en parte. Archie le había hablado alguna vez de Ben y lo tenían como un vividor, robaba, estafaba, pero no como una mala persona o un asesino.
Solo había tomado el camino fácil, según su hermano.
Sin embargo, le parecía que cuando dijo que su tío estaba prisionero, su rostro se descompuso. Él no lo sabía y le afectaba de verdad.
Salieron a un pasillo que ascendía, sin saber muy bien por dónde ir. Ben levantó la mano y se pegaron a una pared. Por un pasillo que cruzaba, caminaban dos hombres vestidos con una túnica negra y con armas en la cintura. Eran humanos y mejor, porque si no, los hubieran olido.
—Diría que huele a vampiro por el lugar que han venido esos dos. ¿Probamos?
Léo asintió y siguió a Ben que caminaba muy sigiloso. Salieron a otro pasillo de piedra donde había varias celdas y no estaban libres. Léo tocó un barrote y apartó la mano rápido, como si se quemara, siseando.
—Niño imprudente. Estas celdas están hechas para que los sobrenaturales no escapen. Veremos cómo las abrimos.
Echaron un vistazo. Los ocupantes de las celdas parecían estar adormilados, al fondo y echados sobre un camastro. Léo vio el cabello rubio de su tío y lo llamó con suavidad.
—Archie, Archie.
Él levantó la vista, débil y ojeroso. Cuando los vio, se frotó los ojos. Con mucha dificultad y tambaleándose, se levantó y se acercó a los barrotes. Léo sonrió con tristeza. Su tío estaba en muy mal estado.
—No… entiendo. Léo… ¿Ben?
—Hermano, te sacaremos de aquí.
—No sé cómo. Los barrotes están encantados. Llenos de runas que nos debilitan. Hay varios vampiros, algún lobo, y no sé si faes . ¿Sophie?
—Está bien, no te preocupes. ¿Cómo podemos sacarlos?
Ben frunció el ceño. Buscó por la zona las llaves de la celda, pero no encontró nada. Solo varios alambres y aunque forcejeó la cerradura, no pudo. No solo había un cerrojo físico, sino mágico.
—Debemos traer otro tipo de herramientas.
—Marchaos, por favor, no quiero que os atrapen. Estaré bien.
—No me iré sin ti, tío Archie.
—Por favor, Léo. Resistiré hasta que volváis. Es peligroso. Ben…
—Me lo llevo, no te preocupes. Te juro que volveré para sacarte.
Archie sonrió con tristeza. —Lo sé. Cuida al chico. Gracias y… me alegro de verte, aunque sea en estas circunstancias.
—Vamos, Léo.
Aunque se resistió, comprendió que era lo mejor. Deberían volver con algún tipo de arma. Se fijó que había un lobo con una cicatriz en el ojo. Parecía estar débil también, pero, aun así, les gruñó.
Corrieron por la salida y enseguida llegaron a la rejilla. Ben la abrió y comenzó a salir. Una pistola se deslizó en sus narices. La loba.
—Vaya, vaya, qué sorpresa me acabo de encontrar. Sal, vampiro.
—Estoy solo y desarmado. No haré nada.
Léo comprendió y se escondió entre las sombras.
No sabía quién era esa loba, pero no haría ni un solo movimiento para que lo detectase.
La rejilla se cerró y escuchó que se marchaban.
Luego, salió. Ya no estaban. Confuso, se preguntó qué debería hacer.
Envió un mensaje a Carole, que lo llamó al momento.
—¡Dónde estás!
—Dónde estáis vosotros. Me he despertado y no había nadie. Y han pasado muchas cosas.
—Ven al hotel ya. Corre o vuela.
Miró a todos los lados y saltó al cielo hasta llegar a un callejón lateral del hotel. Luego, subió por la pared hasta la habitación. Allí estaban todos y alguien más. Llamó al cristal y se sobresaltaron. Carole le abrió y cuando entró, le dio un abrazo y un puñetazo en el brazo.
—Auch. ¿Dónde estabais?
—Nos colamos en el Vaticano y nos hemos encontrado con Cassandra, es policía de la AISI. Le hemos contado que tu tío ha sido secuestrado. Ella iba con un vampiro.
—¿Benjamin?
—¿Lo conoces? —preguntó ella alzando la ceja.
—Sí, un poco. Los vampiros… pero bueno no es lo importante. Hemos visto a Archie, estaba bien, algo débil, pero los barrotes estaban cerrados con magia. Y lo malo que… cuando salíamos, una loba le puso una pistola en la cara a Benjamin y se lo llevó.
—¡Joder! Este tío siempre metiéndose en líos.
A ver, niños, escuchad. Esto se está poniendo muy peligroso.
Hay varias facciones que están por medio.
Esa loba pertenece a un grupo mandado por un tal Maestro, que quiso secuestrarme, pero Ben me sacó.
Y luego están los cazadores de sobrenaturales, allá dentro.
Por lo que es peligroso y deberíais volver a casa.
—Ni de puta coña —exclamó Carole—. Solo estás tú y eres humana, perdona que te lo diga.
Llamaron a la puerta y todos se sobresaltaron. Cassandra pareció buscar un arma y luego chasqueó la lengua, disgustada. Los miró.
—Atentos.
Los sobrenaturales la rodearon con un círculo y ella abrió. Una mujer con una niña los miraba con cara de fastidio unida a una sonrisa irónica.
—Vaya, vaya, todos los polluelos en el mismo nido. ¿Has visto, Lis?
—Sí, madre. No tienen ni idea.
—¿Quién eres? —preguntó Cassandra.
—Es de mala educación no dejar pasar a alguien, sobre todo si va con una niña pequeña.
—Es humana —dijo Carole y luego miró a la niña—. Ella es híbrida.
—Bien por la cachorrita. Os traigo noticias de Benjamin. ¿Paso o no paso?
—Pasa.
Ambas entraron y mientras la mujer se quedaba en el centro de la habitación, la niña iba a la nevera y cogía un zumo. Se sentó en un sillón, mirándolos a todos atentamente.
—¿Quién eres?
—Soy la que sabe lo que se cuece en Roma y…
descendiente de Benjamin. Él me pidió ayuda o, mejor dicho, contrató mi ayuda para echar un vistazo a la rubia —dijo señalándola con la cabeza—, pero luego ha resultado mucho más divertido.
Sobre todo porque no tenéis ni idea de con quién os habéis metido.
—¿Dónde está Benjamin? —preguntó Léo molesto. Estaba seguro de que su madre no sabía que su tío tenía familia humana.
—Se lo ha llevado una loba, aunque eso ya lo sabes, niño.
Esa loba se llama Augusta y trabaja para el Maestro, un tipo muy malo que normalmente reside en Florencia, pero…
puesto que una agente de la AISI y varios niñatos de Limonde han llegado a la ciudad, quizá no se quiere perder la fiesta.
Además de, por supuesto, querer echarle el guante al vampiro más estafador del mundo.
Supongo que, en algún momento, le ha robado a él también.