Capítulo 12. Primera clase
Léo
Sus amigos estaban emocionados por subir a primera clase. Pidieron varias veces comida y bebida a la auxiliar de vuelo que sonreía amable. Carole se colocó junto a él. Léo movía deprisa la rodilla, nervioso y culpable por su tío. Ella puso la mano sobre su muslo y él la miró.
—Sé lo que piensas. Te sientes culpable por no estar con Archie. Pero te digo una cosa, si él era el objetivo, tú les sobrabas y lo mismo… ya sabes —dijo haciendo el gesto de clavarse algo en el corazón. Léo asintió.
—Dos vampiros pueden luchar mejor que uno, de todas formas.
—Lo vamos a encontrar, ya lo verás. ¿Sabes a qué hotel vamos?
—Uno normal, mi madre ha reservado dos habitaciones contiguas. Dice que es mejor que no estemos en los lujosos, que es donde suelen ir los vampiros. Y Tom me ha dicho que se pondrá en contacto con un lobo de confianza para que nos dé apoyo. En realidad, no sé por dónde podríamos empezar.
—Por el Vaticano.
—Como si fuera tan fácil meterse allí. Está muy vigilado y debes tener permisos especiales, yo qué sé. Seguro que hay detectores de sobrenaturales.
—Pero habrá quien vaya de turismo.
—Sí, abajo hay una zona donde algunos de los tuyos tienen reliquias. También hay cosas de vampiros y según se dice, una catacumba llena de cráneos de las faes . No le gustará a Paul, si llegamos a entrar.
—Somos sigilosos. Más que los humanos.
—Debería ir yo solo. Puedo entrar volando.
—De eso nada, Léo. Somos un equipo. Iremos los cuatro juntos.
—Ey, chicos, ¿habéis probado el caviar? Es alucinante —dijo JP desde el asiento de al lado. Ambos estaban comiendo a dos carrillos.
—En otro momento. Y, además, no dejan de ser huevos de pescado.
JP se quedó pálido. —Huevos… en el sentido de testículos?
Léo se echó a reír. —No. Huevos como si fueran de gallina.
Su amigo suspiró y siguió comiendo. Carole apoyó la cabeza en el hombro de Léo.
—Sé que sacaremos a tu tío de donde esté. Estoy convencida.
—Mi tío es una gran persona, es honesto y bueno. ¿Por qué él?
—No se entiende. No he visto a nadie tan atento y educado y ama profundamente a mi amiga. No voy a dejar que le pase nada, por ella y por las niñas. Necesitan a su padre.
Léo asintió y no supo que estaba llorando hasta que ella borró una lágrima rojiza de su cara.
—Lo siento, Carole. No soy ese tipo aguerrido o valiente. Soy un vampiro de lo más normal.
—¿Y quién quiere a alguien así? Yo ya soy valiente e impulsiva.
Consiguió sacarle una sonrisa y apretó su mano.
Aterrizaron en Roma y tomaron un taxi. Por supuesto y como toda la familia, Léo hablaba perfectamente italiano. Se instalaron en la habitación y avisaron a su familia de que ya estaban allí.
Sophie estaba con Cordelia y Jacques también se quedaba a dormir con ellas, para protegerlas. Anastasia seguía sin noticias, pero les dijo que el lobo contacto de Tom se llamaba Gunter y que le había dado su teléfono móvil. Que les llamaría lo antes posible.
—¡Vámonos a dar una vuelta! —dijo Paul.
—Te recuerdo que estamos en una misión de rescate —dijo Carole con mala cara.
—Por eso. Vamos a ver qué hay en la noche romana y ver los accesos. No creo que sea nada malo —contestó molesto.
—Tiene razón. Podemos ir a pasear y acercarnos a la zona del Vaticano. No queda lejos —dijo JP.
—Está bien. Vamos.
Se cambiaron y dejaron las bolsas sobre la cama. Léo tomó una ración, le duraría un par de días y luego debería encontrar algún proveedor si para entonces no habían conseguido encontrar a Archie. O si no hacía mucho esfuerzo físico, claro. Entonces, debería alimentarse antes.
Salieron a la calle. No tenían mucha hambre, pero compraron helados. Carole le invitó a probarlo, pero él negó.
—Te decía si querías probarlo de mi boca, tonto —dijo ella con una sonrisa. Él se quedó parado y ella le dio un beso dulce. Los otros silbaron.
—Dejadlo para la noche, tortolitos —rio JP.
Carole le dio la mano a Léo que parecía encantado y se relamía la boca.
Caminaron hacia la Via della Conciliazione, que conducía directamente a la Plaza de San Pedro.
Los turistas más nocturnos todavía paseaban por la zona, haciéndose fotos, mezclándose con los peregrinos y los vendedores ambulantes.
La guardia vigilaba a todos los paseantes e incluso Carole parecía ligeramente intimidada.
—Por aquí será imposible entrar.
—Lo sé —dijo Léo—, hay otra zona más discreta. Vamos.
Los llevó hacia el Passetto di Borgo. Había una muralla medieval elevada y se la quedaron mirando.
—Conecta el Vaticano con el Castel Sant´Angelo. Antes los papas huían por allí cuando Roma era atacada para no ser asesinados.
—Vaya, y yo que pensaba que mi familia era paranoica —dijo Carole.
Léo examinó la muralla. Diez o quince metros de piedra ocre, cubierto parcialmente de hiedra y con abundantes cámaras de vigilancia, algunos puestos de guardia. Nada que él no pudiera evitar.
—Estás pensando en meterte. No, Léo —dijo Carole.
—Solo voy a echar un vistazo.
Y antes de que pudiera decir nada, saltó. Cayó al otro lado, tras un pino mediterráneo enorme. No se veía a nadie por los senderos de grava o el césped perfectamente cuidado. Había algunos edificios administrativos y estatuas religiosas.
Cuando dio un paso más, comenzó a sentirse débil y tuvo que apoyarse en un árbol.
Su aguda vista vio que en todas partes había runas grabadas, bien pintadas, bien colgadas en banderolas, como si fueran adornos.
Pero lo sintió en su carne, eran runas contra los sobrenaturales.
Retrocedió cuando se abrió una puerta y subió al árbol.
Dos tipos vestidos de sacerdotes, pero fuertemente armados salían hablando y se encendieron un cigarrillo. Pudo oler que eran humanos.
—Mañana lo trasladaremos. Dijo el maestro que no iba a dar problemas.
—Ya. Al final no deja de ser una bestia chupasangre a pesar de que tenga pintas de blanducho. Pero aprenderá una gran lección.
Se echaron a reír y a Léo no le cupo ninguna duda de que hablaban de su tío. Mareado, saltó y cayó al otro lado desmadejado. Sus amigos lo recogieron, preocupados. Se retiraron a un pequeño parque lateral.
—¿Estás bien? ¿Qué ha pasado? ¿Qué coño hacías? —dijo Carole como una metralleta.
—Déjalo que se recupere, mujer —contestó JP.
—Tienen a Archie, sin duda. Encerrado y van a… hacerle algo. Son humanos y van armados y todo está lleno de runas antisobrenaturales. Casi me desmayo. Ninguno vamos a poder pasar.
—Malditos cazadores —exclamó Paul furioso. Su rostro se había desfigurado de rabia. JP le tomó de la mano y se tranquilizó un poco.
—Volvamos al hotel. Léo… vas a… necesitar… ¿comer? —preguntó Carole.
—Me temo que sí. Las runas me dejaron sin… fuerza.
Se miraron los tres. Ninguno podía alimentarle, que supieran, pero no se sentían bien si mordía a alguien.
—Mandaré un mensaje a mi madre, por si sabe de algún lugar donde pueda tomar… algo.
Casi suspiraron de alivio. Su madre le devolvió una dirección y caminaron hacia allá. Era una calle bastante apartada donde había un herbolario natural que estaba cerrado. Carole chasqueó la lengua con impaciencia. Léo llamó suavemente a la puerta.
No pareció contestar nadie, hasta que se encendió una luz. Una mujer joven se acercó a la puerta y la abrió sin quitar la reja que la cubría. Olisqueó. Era una loba.
—¿Tienes hambre, chico?
—Sí, por favor. ¿Puedo llevarme varias raciones?
—Si tienes dinero para pagarlas, claro. ¿Alguna preferencia?
—No. Deme cuatro.
—Serán dos mil euros, tarifa extra por despertarme.
—¡Tendrás cara! —exclamó Carole saliendo de entre las sombras.
—Ah, ya me pareció oler a loba. ¿Estás con él?
—Sí.
—Está bien, entonces cuatrocientos. Prepara la pasta que te traigo las bolsas.
—Qué cara más dura —dijo JP—. ¿Tan costosas suelen ser?
—No, supongo que… precio para turistas.
Estaba débil, sacó el dinero y cuando ella le trajo una bolsa oscura con cuatro contenedores, se lo dio.
—Pajarito, si necesitas más, llámame —dijo dándole una tarjeta—, no siempre estoy en casa.
—Gracias.
Cerró la puerta y se marcharon. Léo se tambaleaba y Carole le hizo sentarse.
—Toma una, hombre, que te vas a caer de culo. No pasa nada. Si quieres, no miraremos.
No le quedó otro remedio. Abrió la bolsa y olisqueó. Era buena. La tomó con ansia, porque estaba agotado. Pronto, comenzó a sentirse mejor. JP y Paul se habían alejado, pero Carole parecía mirarlo fascinada. Se limpió la boca y escondió sus colmillos. La miró, azorado.
—No te preocupes. Eres vampiro, sé que te alimentas de sangre y resulta… curioso. Venga, vámonos al hotel y descansaremos. Mañana nosotros haremos turismo mientras te recuperas.
—No deberíais ir solos…
—Tranquilo.
Caminaron de la mano hacia el hotel. Había recuperado sus fuerzas y antes de llegar, informó a su madre de lo que había visto.
—Deberemos usar a aliados humanos para infiltrarnos. Tranquilo, Léo, lo pongo en marcha.
—Madre, querían hacerle algo pronto. No podemos permitirlo.
—Y no lo haremos. Descansa. Mañana se van a arrepentir de haber secuestrado a mi hermano.
Imaginó el rostro terrible de su madre y supo que movería cielo y tierra para recuperar a Archie.
Carole estaba hablando con Sophie, tranquilizándola y contándole todo.
Por fin, llegaron al hotel y se metieron en sus habitaciones para descansar.
Léo guardó los paquetes en la nevera y se echó, derrotado, sobre la cama.
Carole se duchó y salió envuelta en una toalla. Se sentó a su lado.
—Lo sacaremos, Leó. Ya lo verás.
—Me siento muy inútil, Carole. Si hubiera sido más fuerte, podría haber entrado en ese lugar y…
—Si estaba lleno de runas, ni el alfa o un vampiro más viejo podría entrar. No te maltrates. Debemos ser inteligentes. —Se quedó pensativa—. Oye, ¿tú no sabías programar y esas cosas? ¿Eres un hacker?
—Técnicamente no lo soy… pero he aprendido algunos trucos, supongo. Tengo… amigos que sí lo son.
—¿Puedes contactar con ellos? Podríamos entrar en la red del Vaticano.
—Lo dudo mucho. Si físicamente estaban protegidos con runas, sus redes lo estarán con magia.
—Si se supone que son antisobrenaturales, ¿por qué tendrían acceso a la magia?
—Pueden coaccionar a alguien, imagino. Llevan cientos de años intentando cazarnos. Habrán aprendido cosas, digo yo.
—Inténtalo.
Se sentó y abrió su móvil, se conectó a un servidor oculto y comenzó a buscar a sus compañeros. Alguno había sobrenatural, lo sabía, pero en general, se conocían poco.
Necesito ayuda , comentó en su foro privado.
¿Qué te pasa, Drakul2?, contestó Leviatán25b
Carole, que no se perdía una palabra, alzó una ceja, pero siguió chateando.
Es algo muy serio, Leviatán, necesito al mejor. Hay que entrar en el Vaticano.
¿Estás loco? Pero me gusta. Avisaré a Elfadelasestrellas ya sabes que no hay nadie que pueda igualarla.
Gracias. Han atrapado a alguien que me importa mucho. Mi familia
Está jodido. He escuchado sobre los que acaban allí. Y no es bueno.
Por eso necesito entrar por algún sitio que no esté protegido.
Nos ponemos a ello. Mantén el chat abierto y te avisamos. ¿Buscamos celdas, prisioneros, mensajes?
Y entradas por debajo de la superficie. El exterior está lleno de runas. Gracias, os debo una bien grande.
No pasa nada, tío. Nos gustan los retos. Te digo algo.
Desconectó y dejó el móvil. Carole se sentó sobre él.
—¿Drakul2? Es bastante obvio, ¿no?
—Supongo. Carole, solo quiero descansar.
—Lo entiendo, Léo. Ve a ducharte si te apetece y dormimos un rato.
Asintió y se fue a la ducha. No dudaba de que sus amigos eran habilidosos y sí, a él le habían enseñado muchos trucos, aunque no tenía su nivel.
Cuando salió, ella ya estaba metida en la cama. Cerró las persianas y se metió con ella. Carole se acurrucó y él cerró los ojos, pero no podía dormir, pensando en cómo estaría Archie y rezando porque no le ocurriese nada.