Leoncio, el vampiro casi nuevo (Colmillos y buenas maneras 2) Capítulo 10. Todos los caminos conducen a Roma
31%

Capítulo 10. Todos los caminos conducen a Roma

Léo

Cuando descubrieron el zapato manchado de sangre de Archie, Léo la cogió en brazos y sin tardar un segundo, se presentaron en casa de Sophie. Abrió la puerta. Ella estaba preparando su desayuno.

—¿Archie?

La bruja los miró. Carole estaba desnuda y levantó una ceja. Señaló su habitación la loba subió rápido.

—Esto, cuando menos, es raro, Léo.

—¿Está mi tío aquí?

—No. Se supone que andaba por el túnel.

—Dios mío.

Léo quiso asegurarse, bajó corriendo por el túnel y lo recorrió.

Archie había avanzado hasta el bosque e incluso colocado una trampilla que daba más o menos al mismo sitio donde había encontrado el zapato.

Volvió a examinar a velocidad de vampiro la zona y encontró huellas, pero podrían ser de cualquiera.

Regresó a la casa, escondiendo la trampilla.

Sophie ya estaba con Carole, abrazadas y sentadas en el sofá. La miró desesperado. Por su culpa. Si hubiera estado con él…

—Creo que han secuestrado a Archie. Se lo han llevado, tía Sophie. Tengo que llamar a mi madre.

Buscó su móvil y enseguida marcó el número. Su madre lo cogió a la segunda.

—Hijo, ¿todo bien? ¿Vas a venir a verme pronto?

—Madre, creo que han secuestrado a Archie. Encontré un zapato manchado de sangre, aunque por lo que probé, no era la suya. Tal vez se defendió.

—¿Cómo? Estoy en quince minutos.

La escuchó discutir con su lobo, pero sabía que su madre saldría volando y que a su esposo no le quedaría otro remedio que coger el coche.

—Voy a llamar a alguien por si lo ha visto.

Se sentó en el centro de la habitación, Carole le dio sus sales e hizo un círculo.

—Espíritus afines, ayudadme a encontrar a mi esposo. Queridos ancestros, buscad a aquel que me ama, al que yo amo, y decidme dónde está.

Un suave viento rodeó a la bruja y ella cerró los ojos. Pero ambos se dieron cuenta por sus movimientos oculares que estaba viendo algo. Un ruido en la puerta les sobresaltó y Léo olfateó, para ir corriendo a abrir. Su madre parecía agotada y Tom estaba junto a ella, pálido.

—¿Habéis venido volando?

—Dios, sí —dijo Tom.

—Tú te empeñaste —protestó ella.

—Pasad.

Sophie había permitido el paso a toda la familia Valeroso. Tom se sentó en un sillón, todavía mareado y ella miró a Sophie.

—Espera, está haciendo sus cosas.

Se llevó a su hijo a la cocina para que le explicase todo y con rapidez, la puso al día. Ella solo escuchaba y asentía.

Luego, escucharon hablar a Sophie y salieron ambos.

—Me dicen que está en una ciudad santa, que fueron otros vampiros y algunos otros seres. Se defendió, pero lo dejaron inconsciente.

—¿Una ciudad santa? —preguntó Carole.

Anastasia suspiro y se llevó las manos a la cara. Luego, las quitó y su mirada era tan terrible que Carole y Sophie se abrazaron.

—Ciudad santa, por supuesto, donde viven los mayores cazadores del mundo. El Vaticano.

—Tenemos que ir allí a buscar a Archie, madre.

—Es muy mal momento, Léo. No puedo irme o se irá todo a la mierda. ¡Joder! —exclamó Anastasia. Su esposo la abrazó. O al menos, lo intentó. Ella estaba furiosa.

—Entonces, iré yo —dijo Sophie.

—No, estás a punto de dar a luz —contestó Carole.

—Es mi esposo.

—Y mi hermano. Irá Léo. Las cosas andan difíciles en el Consejo. Una corriente de fanáticos quiere volver a tomarlo y si me voy de la ciudad, darán un golpe de estado. Léo, necesito que vayas tú. Solo confío en ti.

—Por supuesto, ya pensaba ir.

—Yo te acompaño —dijo Carole. Anastasia, pese a lo que pudiera pensar Léo, dijo que sí.

—Son muy jóvenes, Ana —comentó Tom—, si es peligroso…

—Sabes cómo está el Consejo. Si me voy, se acaba todo y no es que no ame a mi hermano, lo sabéis todos, pero incluso él me daría la razón.

Estaba demasiado atormentada y Léo la abrazó.

—Iremos nosotros. Buscaremos a Archie por toda la ciudad. Y no volveré hasta que lo encuentre.

—Debéis tener cuidado porque a esos cazadores les gusta tener trofeos. Casi extinguieron a las faes . Supongo que Archie es como aquello que no se debe hacer entre sobrenaturales. No solo tuvo una relación mixta, sino dos. Y nos ha inspirado a muchos. Es como… una punta de lanza.

—Consejera, tal vez le podría pedir a un amigo que viniera, es lobo y su novio… es una fae . O sea, si hay alguien que querría vengarse, sería él.

—No me fío de las faes , la verdad, pero si vosotros sí, adelante. Yo corro con todos los gastos. Aumentaré tu crédito en la tarjeta y… bueno, si vais los cuatro, no parecerá un viaje de búsqueda sino algo más festivo.

—Exacto, nadie sospechará de nosotros —dijo Carole.

—¿Puedes quedarte con alguien, Sophie? No es conveniente que estés sola.

—Hablaré con Cordelia, podrían venir a dormir a casa. De todas formas, este lugar tiene una gran protección mágica.

—Está bien. Infórmame cada dos horas, Léo. No quiero perderte también a ti. Y por favor, ten mucho cuidado. Intentaré averiguar algo por mi cuenta. Vamos, Tom, antes de que se den cuenta de que nos hemos ido.

Él puso cara de sufrimiento y los vieron salir. Ella, a pesar de su aparente fragilidad, cogió al enorme lobo en brazos y saltó hacia arriba. Carole silbó.

—Tom estaba verde, pero hay que ver tu madre la fuerza que tiene.

—Sí. Vamos a coger los billetes para esta noche. Está amaneciendo. Sophie, dormiré abajo, si te parece.

—Claro que sí. Yo prepararé algunos amuletos por si os sirven. Carole, ve a decirle a tus amigos y si aceptan, venís esta tarde. ¿Os parece bien?

—Desde luego. Nos vemos.

Salió deprisa de la casa. Léo abrazó a su tía.

—No te preocupes, esté donde esté, lo encontraré.

Ella se metió en la cocina para preparar sus cosas, él bajó al sótano, pasó a su casita e hizo una maleta pequeña, luego volvió. Carole le envió un mensaje diciendo que sus amigos se apuntaban y cogió cuatro billetes para Roma. Solo quedaba primera clase, pero daba igual.