Capítulo 3. Y sucedió
Carole
—No deberías presionarlo —comentó Cordelia mientras sorbía su granizado de limón. Sophie asintió dándole la razón, mientras acariciaba su barriga.
—Es un chico muy sensible, Carole.
Las miró fastidiada. Ni era un chico, aunque estuviera congelado en los veinte, ni era sensible. O bueno, sí lo era, pero qué más le daba.
Estaban sentadas en la terraza de la cafetería frente al local de Sophie, después de comer juntas y pasar un buen rato charlando un poco de todo.
—Tú te has liado con el alfa y eres una wiccana, ¿por qué no puedo liarme con un vampiro? Ni siquiera está prohibido.
—¿Te has liado con Jacques? —preguntó Sophie mirándola asombrada—. ¿Por qué no lo sabía?
Cordelia se sonrojó. Carole se echó a reír.
—Desde tu boda con el cubito de hielo. Se liaron esa noche, y no parecía ir a más, pero la he pillado. Huele a sexo con alfa —dijo Carole tocándose la nariz.
—Bueno, voy a dormir a su casa de vez en cuando. Se ha… se ha alquilado un piso en Limonde. Dice que es más cómodo.
—Madre mía, si está coladito por ti. Algo me dijo Casto, pero como es tan discreto... ¿Vas a tener cachorritos?
—Te encanta cambiar de tema, loba. Estábamos hablando de ti.
—Chicas, chicas. Podemos hablar de las dos, ya os reísteis suficiente de mi barrita de helado —dijo Sophie con una risa—. A ver, Cordelia, ¿vais en serio?
—El caso es que… quiere que le presente formalmente a la familia. Pero estoy muerta de miedo.
—¿Por qué? Parece un buen hombre.
—Lo sé. Pero es que no me gustaría que me volvieran a hacer daño. Mi abuela dice que quien no arriesga, no gana. Pero también está Brigitte.
—¿Te ha dicho algo malo sobre él?
—¡Qué va! Está deseando que algún día le enseñe cómo cambia. Le parece alucinante que salga con un alfa. Creo que he subido en su ranking de madre.
Se echaron a reír—. Y con Anastasia de jefa, todo parece ir bien. Ojalá tengamos tranquilidad por algún tiempo.
—Nunca se sabe. Ese vampiro asqueroso se largó —dijo Carole.
—Ya. Pero lo encontrarán. Está en busca y captura. No te desvíes, ¿qué pasa con Léo? ¿Te gusta? Dijo Archie que jugabas con él.
—También juega Jean-Paul que es el hermano del alfa. Somos unos cuantos en la partida. Y como veinte más.
—No te vayas por las ramas.
—No sé. Es muy… pasivo. O sea, en el juego es como ¡pin, pan! ¡decisiones rápidas! ¡valor! ¿sabéis? Pero luego en la realidad es paradito.
—A lo mejor le resultas demasiado apabullante —dijo Cordelia—, todo el mundo sabe la gran personalidad que tienes.
—Por no decir que eres algo impulsiva —terminó Sophie. Carole se enfurruñó.
—¿Ese concepto tenéis de mí? —preguntó a sus amigas. Ellas se encogieron de hombros preocupadas. Carole sonrió—. Pues es verdad. No me corto un pelo. Y me he prometido que lo voy a sacudir hasta que le salga la personalidad del juego.
—Me da un poco de pena Léo, la verdad —dijo Cordelia riéndose—, eres realmente malvada.
—Es que, si a alguien le conceden la vida eterna, debería aprovecharla.
—Archie me dijo una vez que a veces era como un castigo, porque ibas perdiendo personas que amabas. Los Valeroso parecen ser de esos, de los que aman de verdad y acaban perdiendo.
—Ya, visto así —contestó Carole pensativa—, pero por eso mismo, hay que aprovechar el tiempo en el que vives con alguien que te importe. Y, sí, me encanta jugar por la noche, pero hay que vivir también.
—¿Y por eso has pedido el turno de tarde? ¿Para dormir por la mañana? —preguntó Cordelia con cierta malicia.
Carole se sonrojó suavemente. —A ver, es que si me pego hasta las cuatro de la mañana jugando, no es cuestión de quedarme dormida en el mostrador y, de todas formas, nadie quería ese turno.
—Eso será —dijo Sophie. Miró al frente, distraída y enseguida Cordelia se volvió hacia ese lado.
—¿Qué pasa?
—Es que… veréis, hace un tiempo vino a verme una señora muy elegante, preguntando por su hija.
No sabía si había muerto o no. Y sí, ella vino a verla y parecía muy feliz.
Solo que… estos días ando viéndola y parece preocupada.
Intento hablar con ella, pero se va. Es como si me rondase, como si quisiera decirme algo, pero no acaba de hacerlo.
—¿Fue asesinada? —preguntó Carole.
—No, ella dijo que había sido un accidente, pero nombró a un tal Benjamin. No sé. Intento que venga a hablar, pero en cuanto la miro fijamente, se marcha.
—Dale tiempo —dijo Cordelia.
Un mensaje sonó en el móvil de Carole. Ella sonrió.
—Me largo. De todas formas, os habéis vuelto muy formales.
—Niña descarada —dijo Cordelia riéndose.
—Es broma. Que he quedado en Lepartí. Me viene a buscar Jean-Paul, han quedado con algunos de la Guild.
—¿De la qué? —preguntó Sophie. Carole bufó.
—Del grupo de gente que jugamos y que hemos creado una especie de equipo para luchar juntos, que en los videojuegos se llama así. Estáis muy mayores. Solo os interesan los tiarrones.
Las tres se echaron a reír y Carole se marchó. Jean-Paul le había dicho que Louise había convencido a Léo para ir y eso era una rareza, porque por mucho que le decían, nunca salía de su casita.
Se puso un top ajustado y se maquilló sin exagerar. Luego, ambos se fueron hacia Lepartí. Había congeniado mucho con JP, como le llamaba. Era un tipo muy atractivo y ella le quiso meter la lengua, pero sus gustos iban por otro lado. Desde entonces, eran inseparables.
Y sí, el alfase había mudado a un piso de Limonde, para estar con Cordelia, pero de paso, JP había venido a pasar el verano allí, aunque discretamente se marchaba cuando su amiga iba a verlo. Normalmente, a su casa.
—Estás preciosa —le dijo JP cuando abrió el viejo coche para que ella entrase—. ¿Hoy quieres derretir a un cubito de hielo?
Ella se echó a reír. Lo habían hablado en confianza, una de esas noches que JP se pasaba a su casa y dormía en su habitación.
Al principio, su madre se mosqueó, pero él le dijo que era gay y entonces se quedó tranquila.
O sea, no es que su familia no conociera que ella era libre en el aspecto sexual, pero otra cosa era en su propia casa. Ideas raras de lobos.
—No lo creo. Es duro de pelar. Y lo que no entiendo es cómo es tan valiente y atrevido en el juego y luego…
—Tal vez lo avasalles un poco, Carole —dijo con media sonrisa mientras conducía hasta Lepartí. Ella bufó.
—Otro igual. Creo que Léo necesita un estímulo para reaccionar. Yo soy ese estímulo.
Él se echó a reír y ella le sacó la lengua.
—¿Cómo llevas que tu hermano salga con una wiccana?
—Bien. Me gusta Cordelia. Es amable y mi hermano sonríe mucho más. Aunque tiene un punto de mala leche, parecido a ti. —Se la quedó mirando y negó—. No. Tú tienes cien puntos.
Ella le dio un suave puñetazo y rieron.
—El caso es que desde que Anastasia es consejera, las cosas están más tranquilas.
Siempre hay a quien le horroriza que diferentes razas estén juntas, pero que sea mi hermano Tom el marido de la consejera nos ha unido mucho más a vampiros y lobos.
O que Archie esté casado con Sophie. Eso es bueno, muy bueno.
He escuchado rumores sobre gente que siempre ha amado a otra persona de distinta raza y que se están abriendo a ello.
Es como si se sintieran más libres de poder vivir su vida con quien realmente quieren.
—Es bueno, JP.
—Lo es. Fue muy duro ser un lobo gay, aunque es verdad que no por parte de mi familia, pero ya sabes, tipos duros en pelotas… y esto de las razas… bueno, supongo que iremos poco a poco.
—Estás muy filosófico hoy, JP.
—Es que… he conocido a una persona.
Ella lo miró y él pareció ponerse nervioso.
—Hemos quedado en un rato en el pub. Me gustaría presentártelo si… si no le dices ninguna barbaridad.
—Soy una santa —dijo Carole haciendo el gesto del arito en su cabeza. Él sonrió.
—Es un… fae . O sea… él me lo dijo cuando comenzamos a conocernos.
—¡Por las barbas de mi abuela! ¡Un fae ! Jamás he visto ninguno.
—En realidad sí que habrás visto, pero se esconden muy bien. Son bastante reacios a aparecer o a mostrar sus orejas puntiagudas —dijo con cierto sonrojo.
—Y también tendrán otras cosas puntiagudas.
Carole se echó a reír y JP movió la cabeza. —No te pases. Pero sí, es normal al cien por cien. Se llama Paul. Por favor, compórtate, es importante para mí.
—Lo haré, tranquilo. Si te hace feliz a ti, a mí también. Y… ¿qué tienen de particular? O sea, ¿hacen algo mágico?
—No mucho, en realidad. O no me ha contado mucho. Son discretos por orden de su rey. Y, por lo visto, no deben de quedar una gran cantidad de población. Nos estamos conociendo, de todas formas.
—Me parece perfecto. Y espero que seas muy feliz, de verdad.
Paró el coche delante del pub. Varios compañeros de su grupo estaban delante, apoyados en los coches, bebiendo y riendo.
En cuanto llegaron, se pusieron a hablar animadamente, aunque Carole miraba de vez en cuando al cielo.
Sophie le había dicho que todos los Valeroso volaban y aunque no lo había visto, estaba deseando.
Porque, si no quería mentirse a sí misma, Léo tenía algo que le gustaba. Mucho.
Al poco rato, lo vio venir caminando hacia el lugar.
Vestía una camiseta negra, vaqueros y sus gafas de listo.
No se daba cuenta de que era atractivo, porque caminaba un poco encorvado, pero era alto y de hombros anchos.
No como los lobos, pero su cuerpo era armónico y no tenía barba.
Quizá poco vello corporal. Una rareza para ella.
Se acercó con una sonrisa y, aunque no parecía querer, se lo llevó dentro, e incluso consiguió hacerle saltar en la pista. E hizo algo.
Lo miraba mientras sonreía dando algunos saltos que parecían tímidos, algo desacompasados, pero se veía feliz.
Así que cuando él bajó, lo cogió de la nuca y le dio un beso.
Sus labios frescos le sorprendieron, él se quedó parado, pero ella metió suavemente su lengua y se encontró con los colmillos, que lamió con cierta gula.
Él se apartó, más pálido si cabe y se tapó la boca con la mano. En dos segundos, desapareció.
Lo vio salir a la calle y corrió tras él. Caminaba hacia la zona boscosa, tal vez para salir volando.
—¡Léo! ¡No te vayas! Por favor.
Él se paró, sin volverse. Ella corrió hacia su lado.
—Lo… siento. ¿Te he molestado?
Léo negó con la cabeza.
—Dime algo, por favor.
Se llevó la mano a la boca para tapársela. —No puedo hablar —dijo ceceando. Carole le quitó la mano y él cerró la boca.
—¿Te han salido los colmillos? Eso es que te has puesto a cien, ¿no? —dijo con media sonrisa.
—No hace gracia, Carole. No puedes ir besando de sorpresa a un vampiro —contestó intentando no abrir la boca demasiado.
—Pues es que me gusta besarte y no me importa que te crezcan los colmillos… y otra cosa también.
Él se giró, molesto. Ella se puso delante.
—Eres demasiado… insistente.
—Si no te gustara no te habrían salido los colmillos, eso lo tienes que reconocer.
Se encogió de hombros.
—¿Por qué no quieres que nos besemos o tener sexo conmigo? Te resulto atractiva, de eso no cabe duda.
—Porque no. Y déjalo ya.
—Oh, Dios. Es eso. Te convirtieron a los veinte. ¿Eres virgen?
Él la miró, enfadado y, de un impulso, salió volando.
Carole volvió pensativa al local. JP la miró con una pregunta, pero estaba con el supuesto fae y reconoció que era hermoso. Piel suave, tostada, ojos rasgados y verdosos, y no, no tenía las orejas puntiagudas.
—¿Y Léo?
—Se ha marchado. Déjalo, JP. ¿Eres Paul?
—Sí, hola.
—Me alegro de conocerte, solo comentarte que seas bueno con JP, él es la mejor persona que conozco.
Él asintió y le dio un beso en la mejilla. JP se sonrojó. —Lo sé y me alegro de haberlo encontrado. Si no es fácil ser gay en la raza de lobos, en las faes es todo un insulto.
Ella asintió. Vio su rostro un poco más detenidamente, tenía algunas cicatrices en la cara, finas, disimuladas con algo de maquillaje. Sí, parecía que Paul lo había pasado mal.
Sonrió y se fue a bailar, para dejarlos solos. Su cuerpo se movió alegre, distendido, pero su mente estaba en otra parte. En un vampiro tímido, en un polluelo que ella iba a sacar del cascarón.