Leon Del Norte Capítulo 10 Nueve años después #3
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Capítulo 10 Nueve años después #3

El sol comenzaba a ocultarse cuando León finalmente regresó a la ciudad.

Después de despedirse de Thrombin, había pasado varias horas caminando entre las calles hasta encontrar el edificio que conocía perfectamente.

El gremio.

Era imposible confundirlo.

Se trataba de una enorme construcción de piedra y madera, con varios pisos y un gran emblema colocado sobre la entrada. Decenas de aventureros entraban y salían constantemente.

Algunos llevaban armaduras completas.

Otros vestían ropas sencillas y cargaban mochilas llenas de provisiones.

Había guerreros, arqueros, magos, mercenarios y exploradores.

El gremio no pertenecía a un solo pueblo.

Allí podían encontrarse humanos, elfos, enanos, dracónidos y viajeros provenientes de lugares que León ni siquiera conocía.

Sobre la entrada estaba escrito:

GREMIO DE AVENTUREROS

León empujó las puertas.

El ruido lo recibió inmediatamente.

Conversaciones.

Risas.

El sonido de los vasos chocando.

Espadas están siendo colocadas sobre las mesas.

Un grupo de aventureros discutía frente al gran tablón de misiones.

Otro grupo celebraba haber regresado de una expedición.

El gremio funcionaba como un enorme punto de encuentro para quienes buscaban trabajo, aventuras o simplemente una forma de ganarse la vida.

Las misiones estaban clasificadas según su dificultad.

Las más sencillas consistían en escoltar comerciantes, buscar animales perdidos o entregar mensajes.

Las más peligrosas podían llevar a los aventureros a bosques infestados de criaturas, ruinas antiguas o territorios donde ningún viajero común se atrevería a entrar.

Cada aventurero tenía un rango.

Cuanto más alto era el rango, más peligrosas podían ser las misiones que aceptaba.

León conocía aquel sistema perfectamente.

Llevaba años formando parte del gremio.

Mientras caminaba hacia el mostrador, varios aventureros lo reconocieron.

—Miren quién volvió.

—Es León.

—¿Ya terminó la misión?

—Seguro.

León levantó una mano.

—Buenas tardes.

Una joven encargada del registro sonrió al verlo.

—Llegas tarde.

—Tuve algunos inconvenientes.

—¿Qué clase de inconvenientes?

León se quedó pensando.

—Digamos que la misión se complicó.

La mujer levantó una ceja.

—Eso no me dice nada.

—Me vendieron como esclavo.

Ella dejó de escribir.

—¿Qué?

León sonrió.

—Fue una experiencia educativa.

La mujer lo miró fijamente.

—¿Estás bromeando?

—Un poco.

—León...

—Está bien, sí. Me capturaron.

Ella suspiró.

—Algún día vas a regresar de una misión sin causar problemas.

—Ese día será histórico.

León sacó los documentos de la misión y los colocó sobre el mostrador.

—Aquí está el informe.

La encargada comenzó a revisar los papeles.

—¿La misión fue completada?

—Sí.

—¿Objetivo cumplido?

—Sí.

—¿Recompensa recuperada?

León dejó una pequeña bolsa sobre la mesa.

—También.

La mujer abrió la bolsa y comprobó su contenido.

—Todo está aquí.

Tomó el sello del gremio y marcó el documento.

—Misión completada.

León sonrió.

—Perfecto.

La mujer iba a entregarle la recompensa cuando algo llamó su atención.

León miró hacia la entrada.

Había varios soldados allí.

No eran guardias comunes.

Sus armaduras eran elegantes y llevaban el emblema del reino elfo.

Uno de ellos dio un paso hacia delante.

—León.

El salón comenzó a quedarse en silencio.

León se volvió.

—¿Sí?

El guardia hizo una reverencia.

—El rey Lysander quiere verlo.

León parpadeó.

—¿Ahora?

—Ahora.

León miró a la encargada.

—¿Puedo cobrar primero?

La mujer lo miró con incredulidad.

—León...

—Solo preguntaba.

Uno de los guardias intentó ocultar una sonrisa.

León recogió su recompensa.

—Bueno. Supongo que si el rey manda tantos soldados para buscarme, será importante.

Guardó la bolsa.

Se acomodó la espada.

Después miró por última vez el interior del gremio.

Había pasado años allí.

Había recibido sus primeras misiones.

Había conocido viajeros de todo tipo.

Había aprendido que el mundo era mucho más grande de lo que imaginaba cuando era niño.

Y, sobre todo, había construido una reputación propia.

Ya no era únicamente el príncipe desterrado.

Para muchos allí era simplemente León.

El aventurero.

El hombre que regresaba de misiones imposibles cubierto de polvo y todavía encontraba tiempo para hacer bromas.

León sonrió.

—Nos vemos.

La encargada levantó la mano.

—Procura no volver vendido como esclavo.

León caminó hacia la puerta.

—No prometo nada.

Las risas llenaron nuevamente el salón.

Los guardias lo esperaron afuera.

León miró hacia el camino que llevaba al reino elfo.

Había pasado tiempo desde la última vez que había visto a Lysander.

Y todavía más desde que había visto a la princesa.

El pensamiento hizo que su expresión cambiara ligeramente.

—Bueno...

Uno de los soldados lo miró.

—¿Ocurre algo?

León sonrió.

—Nada.

Se ajustó la espada.

—Vamos.

Y junto a los guardias reales, León emprendió el camino hacia el reino elfo.

Sin saber qué quería el rey.

Sin saber por qué había mandado buscarlo.

Pero después de nueve años, la cosa seguía siendo igual.

Cuando León entraba en una aventura...

siempre termina ocurriendo algo.

Grindel Aparece