Leon Del Norte Capítulo I El Rey valeiron #3
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Capítulo I El Rey valeiron #3

—El único rey.

Durante unos segundos ninguno de los dos habló.

Entonces Grindel sonrió.

—No serás rey por mucho tiempo.

Valerion no respondió.

Grindel dio un paso hacia delante.

—Ahora yo te exijo un combate para mi liberación.

El público comenzó a murmurar.

Grindel continuó:

—Como sabrás, rey, el acusado puede elegir con quién pelear.

Valerion permaneció inmóvil.

Grindel señaló hacia él.

—Quiero que tú y yo peleemos a muerte.

El silencio volvió a apoderarse del coliseo.

Grindel sonrió.

—El que gane se queda con el trono.

Valerion sostuvo su mirada.

Después desenvainó lentamente su espada.

El sonido del acero provocó una reacción inmediata entre la multitud.

El rey levantó el arma.

—Yo, Valerion Tercero, rey de la Costa Dragón...

Miró directamente a su hermano.

—Acepto el combate.

El coliseo explotó en aplausos.

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Los dos hermanos se colocaron frente a frente.

El viento frío atravesaba el coliseo.

La nieve que había caído durante la noche permanecía en algunos sectores del suelo, formando pequeñas manchas blancas alrededor del área de combate.

Grindel empuñó su espada.

Valerion levantó la suya.

Durante unos segundos ninguno se movió.

La multitud esperaba.

Grindel fue el primero.

Corrió hacia su hermano.

El choque de las espadas resonó por todo el coliseo.

¡CLANG!

Valerion retrocedió un paso.

Grindel volvió a atacar.

Otro golpe.

Otro.

Otro.

Valerion bloqueó cada uno de ellos.

Las espadas chocaban una y otra vez mientras ambos hombres se desplazaban por el terreno.

Grindel lanzó un golpe directo hacia el pecho.

Valerion lo desvió.

Grindel giró inmediatamente y atacó desde un costado.

Valerion levantó su espada.

El impacto hizo retroceder a ambos.

La multitud gritó.

Grindel respiraba con fuerza.

—¿Eso es todo, hermano?

Valerion no respondió.

Avanzó.

Su espada cortó el aire.

Grindel consiguió detener el golpe, pero Valerion volvió a atacar inmediatamente.

Una estocada.

Grindel se apartó.

Otro golpe.

Grindel retrocedió.

Valerion avanzó nuevamente.

Durante unos instantes fue él quien tomó el control del combate.

Grindel bloqueaba como podía mientras los golpes de su hermano caían uno tras otro.

Entonces Grindel consiguió encontrar un espacio.

Golpeó.

Valerion recibió el impacto y cayó de rodillas.

La multitud gritó.

Grindel levantó la espada.

—¡Levántate!

Valerion apoyó una mano en el suelo.

Respiró profundamente.

Luego volvió a ponerse de pie.

Grindel corrió hacia él.

Valerion esperó.

En el último instante se apartó.

Grindel pasó de largo.

Valerion giró y golpeó su espalda con el pomo de la espada.

Grindel cayó al suelo.

El rey aprovechó el momento.

Se colocó sobre él y puso la espada contra su cuello.

El coliseo quedó en silencio.

Grindel miró a su hermano.

Valerion tenía la oportunidad de terminarlo.

Podía hacerlo.

Pero no pudo.

Su mano tembló ligeramente.

Miró a Grindel.

Era su hermano.

Finalmente bajó la espada.

—No.

Grindel abrió los ojos.

Valerion retrocedió.

Los guardias entraron inmediatamente en el área de combate y sujetaron a Grindel.

El rey se quedó mirándolo.

Grindel comenzó a gritar mientras los guardias lo alejaban.

—¡No matarme será tu peor error!

Valerion no respondió.

—¡Te juro que me vengaré!

Los guardias continuaron llevándoselo.

—¡TE LO JURO, VALERION!

El rey finalmente habló.

—Lleváoslo.

Grindel desapareció detrás de los guardias.

Entonces el coliseo explotó en aplausos.

Thorgaard avanzó hacia el centro.

Levantó los brazos.

—¡Como habéis visto, nuestro rey cumple la ley!

La multitud respondió con gritos.

—¡Que viva el rey!

—¡Larga vida al rey!

—¡Larga vida a Valerion!

Valerion miró a todos los presentes.

Hacía mucho tiempo que no había un combate.

Y hacía todavía más tiempo que aquel reino no veía una guerra.

El rey levantó una mano.

—Debemos hacer más combates como este.

La multitud volvió a gritar.

—¡Sí!

Valerion sonrió.

—Debemos mantener vivo el espíritu de nuestro pueblo.

Elysandra se acercó.

—Creo que es suficiente por hoy, mi rey.

Valerion la miró.

—¿Por qué?

—Debe cuidarse. Recuerde que su hijo viene en camino.

Valerion sonrió.

—Lo sé.

Miró nuevamente al público.

—Pero organizaremos más cosas como esta para que la gente pueda disfrutar.

Thorgaard sonrió.

—Es usted un rey tan noble como su padre.

Valerion volvió la mirada hacia él.

—Thorgaard.

—¿Sí, mi señor?

—Llevas años sirviendo a mi familia.

El anciano permaneció atento.

—Cuando quieras irte, puedes hacerlo.

Thorgaard bajó ligeramente la mirada.

—Me halaga, mi señor. Pero no tengo familia. No tengo dónde ir.

Levantó los ojos hacia el rey.

—Mi camino está aquí.

Valerion permaneció unos segundos en silencio.

Después sonrió.

—No sé qué haría sin ti.

El rey hizo una reverencia ante Thorgaard.

La multitud comenzó a aplaudir.

Thorgaard abrió los ojos con sorpresa.

Después sonrió.

Por muchos años había servido a aquella familia.

Y para él, no existía mayor honor.

Servir al rey siempre había sido lo que había querido.

La multitud continuó celebrando mientras Valerion observaba a su pueblo.

Y así terminó aquel día.

El nacimiento de León del Norte