Leon Del Norte Capítulo I El Rey valeiron #2
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Capítulo I El Rey valeiron #2

—Mañana juzgaré a mi hermano.

Su esposa asintió.

—Y después podrás descansar.

El rey sonrió cansado.

—Eso espero.

Se quedó en silencio unos instantes.

Después apoyó la cabeza contra el respaldo.

—Tengo sueño.

La reina rió suavemente.

—Entonces duerme.

Valeria cerró los ojos.

Fuera, la nieve continuó cayendo.

El juicio

Valerion despertó a la mañana siguiente cuando la luz gris del invierno comenzaba a entrar por las ventanas del castillo.

Durante unos instantes permaneció sentado en silencio, mirando hacia el exterior.

La nieve cubría los tejados y los patios de la fortaleza, y el frío se filtraba incluso a través de las gruesas paredes de piedra.

Se levantó de la cama y comenzó a vestirse.

La reina lo observaba desde la habitación mientras el rey se colocaba la ropa que llevaría aquel día. Finalmente tomó su armadura y comenzó a ajustarla sobre el pecho. El sonido metálico de las piezas resonó por la habitación.

La reina frunció el ceño.

—¿Por qué te estás poniendo la armadura?

Valerion terminó de asegurar una de las piezas y la miró.

—Porque hoy haré un juicio por combate.

La reina permaneció callada durante unos segundos.

—¿Crees que tu hermano lo pedirá?

Valerion asintió.

—Seguramente.

Terminó de colocarse la armadura y tomó su espada.

—Y yo se lo concederé.

La reina se acercó a él.

—Ten cuidado, ¿sí?

Valerion sonrió.

—No te preocupes.

Se colocó frente a ella y añadió:

—Estás hablando con Valerion del Norte. El gran León del Norte. Mi tonto hermano no podrá vencerme.

La reina sonrió ligeramente, aunque la preocupación seguía presente en sus ojos.

—Lo sé.

Hizo una pausa.

—Pero ten cuidado.

Valerion asintió.

—Lo tendré.

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El rey salió de sus aposentos y comenzó a caminar por los largos pasillos del castillo.

Sus pasos resonaban sobre las piedras mientras avanzaba. Algunos sirvientes se apartaban para dejarlo pasar y los guardias inclinaban la cabeza cuando el rey cruzaba frente a ellos.

No había llegado demasiado lejos cuando escuchó pasos detrás de él.

—Mi señor.

Valerion se detuvo.

Thorgaard se acercó rápidamente.

—Su hermano exige un juicio por combate, mi señor.

Valerion sonrió.

—Lo sé.

Thorgaard miró la armadura del rey.

—Por eso viene vestido así.

—Exactamente.

Antes de que pudieran continuar, Elysandra apareció por uno de los corredores.

—¿Lo hará usted, mi señor?

Valerion se giró hacia ella.

—Sí, mi lady.

Elysandra lo observó durante unos segundos.

—¿Está seguro?

Valerion tomó aire.

—Ya es hora de que las personas vean qué sucede cuando alguien no respeta las leyes.

Thorgaard intervino.

—Las personas ya han llegado, mi señor.

Valerion lo miró.

—¿Cuántas?

—Cuatrocientas personas esperan el juicio afuera del castillo. Están en el Coliseo de Juicios.

El rey asintió.

—Muy bien.

Los tres comenzaron a caminar.

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El Coliseo de Juicios estaba rodeado por cientos de personas.

Cuando Valerion apareció, los murmullos comenzaron a extenderse entre la multitud.

—Es nuestro rey.

—El propio rey luchará.

—Nadie está por encima de las leyes.

Valerion avanzó hacia el centro mientras las personas abrían paso.

Finalmente se detuvo frente a todos.

Los murmullos desaparecieron.

El rey hizo una reverencia ante el público.

Después levantó la cabeza.

—¡Mis queridos hermanos de la Costa Dragón!

Su voz recorrió todo el coliseo.

—¡Las leyes siempre han sido lo que mantiene este reino de pie!

Las personas comenzaron a escuchar en absoluto silencio.

—Y ahora mi hermano será juzgado delante de vosotros, para que veáis que nadie está por debajo de las leyes.

Valerio señaló hacia el suelo.

—¡Si las rompes, serás juzgado de igual manera! Seas noble o no. Seas miembro de la familia real o no.

La multitud comenzó a aplaudir.

Valerion esperó hasta que los aplausos disminuyeron.

Entonces levantó una mano.

—Ahora...

Su voz volvió a imponerse sobre el coliseo.

—Traigan al acusado.

Las puertas se abrieron.

Todos guardaron silencio.

Grindel León apareció acompañado por los guardias.

Caminaba con una sonrisa en el rostro.

Cuando vio a su hermano esperándolo en el centro del coliseo, su sonrisa se hizo todavía más grande.

Se detuvo frente al rey.

Uno de los encargados del juicio levantó la voz.

—¡Grindel León está acusado de asesinato y de romper las leyes del reino!

Grindel miró a Valerion.

—¿Qué vas a hacerme, hermano?

Valerion caminó hacia él.

Grindel no tuvo tiempo de reaccionar.

¡Paf!

La bofetada resonó por todo el coliseo.

La multitud quedó completamente sorprendida.

Valerion lo miró fijamente.

—Cuando el rey hable, tú callas.

Grindel bajó lentamente la mirada.

Valerion se quedó frente a él.

—Durante muchos años has pasado de taberna en taberna causando problemas.

Su voz se hizo más dura.

—Has matado inocentes.

Grindel permaneció en silencio.

—Has manchado de sangre el nombre de nuestra familia.

Valerion apretó los dientes.

—Has manchado el nombre de nuestro padre.

Hizo una pausa.

—Y el de nuestros abuelos.

El rey negó con la cabeza.

—Eres una desgracia para nuestra familia.

Grindel bajó todavía más la mirada.

Valerion se volvió hacia el consejo.

—Hoy, delante de todos los que están aquí presentes, condeno a mi hermano a pasar en el calabozo la sentencia máxima.

Miró nuevamente a Grindel.

—Veinticinco años de trabajo forzado.

La multitud permaneció en silencio.

—Allí servirás para algo.

Grindel levantó la cabeza.

—¡Tú no puedes hacerme esto!

Valerion sonrió.

—Claro que puedo.

Dio un paso hacia él.

—Soy el rey.

Grindel lo observó fijamente.