Capítulo 21 #3
Le tiende la mano, y al ver que Marquis no se la estrecha le pone entre los brazos el decantador de líquido.
—Vino de albaricoque como recompensa navideña. La primera ministra Wyvernmire estará encantada.
La música sigue sonando en la sala, por lo demás en silencio. Ravensloe se despide de mi primo con un movimiento de la cabeza antes de alejarse a grandes pasos. Todo el mundo se queda mirando a Marquis.
—Yo... Yo no quería... Le expliqué a Knott cómo funcionan las mollejas de los dragones hace semanas, pero solo porque me pareció interesante. No sabía que él... —Se gira a mirar a Karim y los ojos se le llenan de lágrimas.
Voy corriendo a su lado.
—No importa —le digo, intentando consolarlo—. Haremos... Conseguiremos...
Atlas me mira fijamente, con el ceño fruncido.
—Serena y Karim —decide de pronto —, tenemos que sacaros de aquí. Esta noche.
Serena se queda pálida.
—¿Es que no has visto lo que le pasó a Dodie? No puedo...
—¡Maldita sea, Serena! —estalla Marquis—. El avión está acabado. ¡Resulta que he ganado el maldito concurso! Y cuando Wyvernmire lo sepa no va a dejar que tú y Karim os vayáis de aquí sin más.
Marquis se desploma, cayendo de rodillas, y el decantador lleno de vino de albaricoque se le cae de las manos.
El tapón sale rodando y el dulce líquido empapa la alfombra.
De pronto me domina el pánico. Marquis no se equivoca.
A Dodie la mataron por intentar escapar y Wyvernmire ha hecho un trato con los dragones búlgaros.
Es capaz de llegar a extremos que nunca habría imaginado.
—¿Qué será de vosotros? —pregunta Gideon, mirando a Serena y luego a Karim—. ¿Qué fue lo que hizo que acabarais aquí?
Es la pregunta que todos evitamos.
—Fraude fiscal —confiesa Karim—. Alteré las declaraciones de impuestos de mis padres para poder salir adelante. Pero para la tercera clase el fraude se castiga con...
—La muerte —dice Gideon, acabando la frase por él.
Karim se echa a llorar.
— Todos conocéis mi situación —dice Serena, en voz baja—. Créeme, preferiría morir a verme obligada a casarme con un viejo.
El corazón me palpita con fuerza en el pecho. ¿Habrá algún modo de escapar de Bletchley Park?
«Oh».
—Conozco a alguien que quizá podría ayudarnos.
Todos se me quedan mirando y Marquis levanta la cabeza. Atlas se pone en pie de golpe, mirándome como si fuera la primera vez que me ve.
—¿Viv? —dice Marquis.
—No... no puedo contaros más —añado, balbuciendo—. Tenéis que confiar en mí.
—¿Confiar en ti? —replica Sophie—. ¿Cómo vamos a confiar en ti? Te llevaste la máquina locuisonus para tu uso personal, y el otro día te vi volviendo del despacho de Wyvernmire. ¿Cómo podemos saber que no vas a entregarle a Serena y a Karim?
—¿Cómo puedes pensar eso, Soph? — Trago saliva. La tensión en el ambiente es cada vez mayor—. ¿Qué iba a ganar haciéndoles daño? Ni siquiera están en mi equipo...
—Pero no dudarías en hacernos daño a nosotros... ¿Es eso? —dice Gideon.
Katherine entrecierra los ojos.
—No es eso lo que he dicho —respondo, paseando la mirada por esos rostros hostiles, y de pronto siento el contacto cálido de la mano de Atlas en la mía.
—Nos estamos poniendo todos paranoicos —dice él—. Vamos a sentarnos y a pensar en un plan racional.
Karim recoge el decantador vacío y nos sentamos todos otra vez. Sophie apaga la radio y yo me agarro a los brazos de mi sillón. Tengo que contárselo. Tengo que decirles que, si no le doy a Wyvernmire al menos uno de los dialectos de la ecolocalización, los dragones búlgaros entrarán en Britania.
—¿Galletas de jengibre? —dice Katherine, presentándonos una bandeja de galletitas con canela —. Ralph me ha traído unas cuantas de la cocina.
—¿Ralph, el guardia que le partió el brazo a Viv? —pregunta Sophie, sin girarse a mirarla.
Katherine le lanza una mirada dura.
—Eso fue un malentendido.
Me ofrece una galletita en forma de estrella y me mira, casi como desafiándome a que diga que no. Me muerdo la lengua y la acepto. Luego le doy un bocado. Ella sonríe y se pone a mordisquear la suya, también en forma de estrella.
—Viv —dice Serena, con un temblor en la voz que resulta raro en ella—. ¿A cuántos de nosotros puede ayudar tu amigo?
«Amigo es mucho decir», querría precisar. Pero Chumana puede llevar a varias personas. ¿Y si intentamos que se lleve también a Sophie, Gideon, Katherine y Atlas? Entonces podría darle el código a Wyvernmire, evitaría la entrada de los búlgaros y todo...
Katherine suelta un grito ahogado. Me pongo en pie de un salto y veo que cae sobre la alfombra hacia delante, con las manos en la garganta, con la boca llena de espuma.
—¡Kath! —grita Sophie.
Yo me lanzo al suelo, a su lado, y le aparto las manos mientras Atlas le da golpes en la espalda. Emite otro sonido gutural y me mira con los ojos inyectados en sangre. Luego se queda inerte.
Marquis la levanta, poniéndola de pie, mientras Atlas sigue golpeándola entre las escápulas.
Serena cae de rodillas y se tapa el rostro con las manos.
—No se está ahogando —dice entre sollozos—. Ha sido envenenada.