Capítulo 15 #2
Marquis y Gideon ruedan por el suelo y, en el momento en que la cabeza de Gideon impacta contra el extremo de la chimenea, encuentra un tronco. Lo alza sobre la cabeza de Marquis, levantando una polvareda de astillas y ceniza, pero yo se lo arranco de las manos de una patada y suelta un grito.
—¡¿Qué está pasando aquí?! —exclama Sophie, entrando a la carrera en la sala, seguida de Dodie y Katherine. Marquis tiene sujeto a Gideon por el cuello, inmovilizándolo contra la ceniza fría.
—Si el fuego estuviera encendido, creo que te abrasaría la cara —gruñe Marquis.
—Marquis, suéltalo —grita Sophie, muy seria.
—¡Acaba de intentar matar a Viv! —grita Marquis, apretándole aún más el cuello.
—Bueno, ahora está en clara desventaja —señala Serena, sentada en el brazo de un sillón, con el cabello envuelto en un pañuelo de seda. Por su gesto, se diría que hasta se está divirtiendo. Katherine, a su espalda, observa la escena horrorizada, con algo plateado en la mano.
Me froto la garganta y miro a mi alrededor. Han venido todos, salvo Atlas. Karim se acerca a Marquis, le susurra algo al oído y él afloja la presa a regañadientes.
—¿Estás bien? — me pregunta Marquis, acercándose.
No lleva puesto nada más que un pantalón de pijama a rayas, y tiene un largo arañazo en el rostro.
—Estoy bien —respondo.
Me llevo las manos al cuello, pero él me las aparta para echar un vistazo.
Serena pone los ojos en blanco.
—Sobrevivirá, estoy segura...
—Nadie te ha preguntado —la interrumpe Marquis. Se gira hacia Gideon, que sigue tumbado, con la cabeza sobre la rejilla de la chimenea—. Levanta —le ordena.
Gideon se pone en pie con dificultad. En el cuello tiene los mismos moratones que siento que están apareciendo en el mío, y le sangra la nariz. Tiene el ojo izquierdo hinchado y cerrado.
—Explícate.
Se hace el silencio, y todos nos quedamos mirando a Gideon. Le tiembla la mandíbula y, cuando habla, su voz apenas es un murmullo.
—No puedo volver.
—¿Volver adónde?
— A mi antigua vida. —Gideon menea la cabeza—. Tengo que ser el primero de mi equipo, y ella... —Se gira hacia mí y me lanza una mirada de asco.
—... es tu mayor competidora —dice Sophie, resentida, acabando la frase por él.
Está claro que ella ha comprendido los motivos de Gideon antes de que lo hiciéramos el resto.
Sophie la matemática, siempre calculando todas las posibilidades antes de que se produzcan.
¿Estaría durmiendo realmente? ¿O se ha quedado tendida en la cama, despierta, esperando que alguien iniciara una oleada de asesinatos?
—¿Has intentado matar a Viv porque temes que descifre el código antes que tú? —dice Marquis, incrédulo.
¿Por qué no se me ha ocurrido antes? ¿Por qué he pensado que mañana nos levantaríamos todos por la mañana y seguiríamos como siempre, cuando Wyvernmire nos acaba de decir que o competimos o estamos sentenciados?
—Katherine —digo lentamente—, ¿qué llevas en la mano?
Katherine vacila, pero luego abre el puño, y en su temblorosa mano aparece un cuchillo corto y fino.
—¿Tú también pensabas matarme?
—No — responde Katherine, que luego mira a Gideon—. Pero sabía que quizá necesitaría contar con algún medio de autodefensa.
«Dios, qué cándida soy».
La puerta se abre con un leve crujido y entra Atlas, aún vestido de traje. No se ha acostado.
—¿Y dónde narices estabas tú? —dice Marquis.
Su mirada acusatoria es como el hielo. Atlas ve el cuchillo en la mano de Katherine y los moratones en mi cuello y se lanza a por ella, agarrándola del brazo y arrancándole el arma de la mano.
La sala se llena de gritos, al tiempo que Serena se planta frente a Katherine y Marquis aparta a Atlas.
—¡Atrás, idiota! —grita Serena—. No es ella la que ha intentado matar a tu novia. Es él.
Tenso el cuerpo al oír la palabra «novia» y veo que Sophie levanta una ceja. Serena señala a Gideon, que retrocede lentamente, abriendo los brazos.
—Llegas tarde para hacer el papel del caballero de brillante armadura —murmura Marquis, dándole un empujón a Atlas en mi dirección.
—¿Ha intentado matarte? —me pregunta, con la respiración agitada.
—Está borracho. Se le ha ido la cabeza.
No sé por qué estoy defendiendo a Gideon, pero lo cierto es que sé reconocer la desesperación cuando la veo. Yo también he hecho cosas desesperadas.
—¿Alguien más piensa intentar cometer un asesinato esta noche? —pregunta Serena, con un suspiro, cogiéndole un cigarrillo a Gideon del bolsillo del pecho.
En la sala no se oye nada más que sus sollozos.
— En ese caso, sugiero que todos nos volvamos a la cama.
Nadie se mueve.
—¡Venga! —grita.
Dodie y Sophie se ponen en marcha hacia el dormitorio y yo me pregunto si Serena estará bebida, o simplemente alterada por lo sucedido. Me lanza una mirada de reojo mientras se enciende el cigarrillo y luego echa a caminar.
—Tú dormirás aquí —le ordena Marquis a Gideon, señalando la moqueta.
Atlas viene a mi lado.
—Cierra vuestra puerta con llave —me susurra al oído, mientras salimos al pasillo—. Y llévate esto —añade, colocándome el cuchillo de Katherine en la mano.
—Las chicas no van a hacerme nada —protesto, pero él me agarra del codo con fuerza.
—¿No? — Mira hacia mi dormitorio; a través de la puerta se ve a Katherine metiéndose en la cama—. Entonces ¿por qué ella dormía con un arma? Apuesto a que tiene más guardadas en algún sitio.
—Ya lo ha explicado —respondo, girándome hacia él—, es para defensa propia. Al menos ella ha tenido el sentido común necesario para darse cuenta de que podría estar en peligro.
Atlas me mira fijamente.
—Quizá eso se le haya ocurrido precisamente porque tiene pensado cometer el mismo crimen del que se quiere proteger.
—¿Y tú dónde estabas, si puedo preguntártelo? —susurro, con la mano en el pomo de la puerta.
—Visitando la capilla —responde de inmediato.
«¿Hay una capilla en Bletchley?».
Me pongo de puntillas, como si fuera a besarlo, y él no se aparta.
Mis labios le rozan la oreja.
—Mentir es pecado, padre .
Le cierro la puerta en las narices, echo la llave y duermo con el cuchillo bajo la almohada.