Lengua de dragones (Lengua de dragones 1) Capítulo 14 #6
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Capítulo 14 #6

— Me temo que os traigo noticias aún más intranquilizadoras.

Parece ser que los escoceses están mostrando más simpatía hacia los grupos rebeldes de lo que sospechábamos.

Aunque el ejército británico ha plantado batalla, muchos ciudadanos escoceses han cambiado de chaqueta, por decirlo así.

Actualmente, los rebeldes ocupan la mayor parte de Escocia.

Un murmullo generalizado llena la sala. Miro a Marquis, que está de pie junto a Karim.

¿Todo un país bajo control rebelde? ¿Cómo pueden haber progresado tanto mientras parece que nosotros no hagamos ningún progreso?

Apenas he oído informes de victorias del gobierno: ¿cómo es eso posible, con todo un ejército a su disposición?

Pensaba que el movimiento rebelde era de dimensiones reducidas.

—¡Mis padres! —exclama Karim, con la voz quebrada—. Viven en Aberdeenshire, y son leales al gobierno, lo juro...

—No debes preocuparte, Karim —dice Wyvernmire—. La semana pasada tus padres fueron evacuados de Escocia.

La miro, sorprendida.

—¿Por qué? —pregunta Karim.

—Todos habéis visto lo que supone el trabajo en vuestros respectivos equipos.

Entendéis cómo se ajustan vuestras capacidades particulares a la tarea que se os ha encomendado, y qué es lo que se requiere de vosotros para que mi gobierno pueda ganar la guerra.

—Wyvernmire se alisa la falda—. No obstante, parece que muchos de vosotros no estáis alcanzando el nivel esperado.

Atlas me coge de la mano y yo no me suelto.

— No ha habido ni un solo avance, ni una sola información que hayáis descubierto que nos haya permitido hacer progresos en nuestra lucha contra los dragones rebeldes. Y, según parece, los dragones son la gran fortaleza de los rebeldes.

«Se equivoca —querría decirle—. Yo estoy justo a punto de hacer un gran descubrimiento.

Pero no puedo divulgar lo que he aprendido sobre los dialectos de la ecolocalización hasta que esté segura de que son regionales».

Darle información errónea a Wyvernmire podría tener consecuencias aún peores que no darle nada.

—Así pues, como líder de la nación, me veo obligada a hacer algo para acelerar las cosas.

Ralph agarra su fusil con más fuerza. Me mira fijamente y tuerce la boca en una mueca socarrona. El sonido de la música que sale del salón de baile de pronto ha aumentado de volumen.

—A partir de esta noche, empieza una competición entre vosotros —anuncia la primera ministra sin cambiar de tono—.

En cada una de las categorías, Aviación, Zoología y Criptografía, solo la primera persona que logre lo que se le ha pedido será perdonada.

El resto de vosotros, así como cualquier familiar que tengáis en la cárcel o que haya sido evacuado, recibirá un castigo acorde con l a gravedad de vuestros delitos.

Noto cómo la frente se me arruga sin poder evitarlo.

El suelo se mueve bajo mis pies. Los saxofones suenan como sirenas a todo volumen, y sus vibraciones metálicas me resuenan en la cabeza.

Atlas me suelta la mano y se lanza hacia Wyvernmire, pero choca con la culata del fusil de Owen.

Se quedan mirando, desafiándose mutuamente, mientras se oyen sollozos ahogados. Dodie, a mi lado, está hiperventilando.

—A partir de ahora ya no trabajaréis en equipo —anuncia Wyvernmire, alzando la voz por encima de todo ese ruido —. Seguiréis haciendo los mismos turnos, bajo la guía de vuestros jefes de grupo, pero trabajaréis cada uno por vuestra cuenta.

Marquis da dos pasos adelante y Ralph levanta su fusil. Por la puerta que tenemos detrás entran más guardias.

—No puede hacer esto —replica Marquis—. Dijo que si veníamos aquí y hacíamos el trabajo que se nos pidiera, quedaríamos libres, tanto nosotros como nuestras familias.

—Dije que quedaríais libres si hacíais el trabajo necesario para que pudiera ganar la guerra. —Wyvernmire se queda mirando fijamente a Marquis, con las aletas de la nariz hinchadas—. Pero. Estoy. Perdiendo.

—¿Así que solo el que consiga descifrar el código de los dragones quedará libre? —dice Gideon, mirándonos a mí, a Katherine y a Sophie.

—Me alegro de que lo entiendas, Gideon —responde Wyvernmire.

«No».

Esto no puede estar sucediendo. La primera ministra es la imagen de la justicia, de la paz y de la prosperidad. No puede hacernos esto.

Esta era mi ocasión de salvarme yo y salvar también a Sophie. A través de las lágrimas, veo que me mira, con el rostro pétreo. Solo una de las dos regresará a Londres.

Solo una de las dos recuperará su vida de antes.

Karim cae al suelo hundido, sollozando. ¿Qué delito habrá cometido?

¿Qué le ocurrirá a él y a sus padres si no gana en su categoría?

¿Si no compite contra Serena, contra Marquis?

Me quedo mirando a mis amigos y me doy cuenta de que no sé qué significa para ellos eso de «un castigo acorde con la gravedad de vuestros delitos».

Fijo la vista en Marquis, que me mira, desesperado, mientras intenta enderezar a Karim.

Sé lo que significaría perder para mi primo.

O para mí, si acaban enviándome a Canna. Para nuestros padres.

La muerte.