Capítulo 13 #3
En cuanto suena la sirena me voy a la librería. Solo tardo unos momentos en encontrar Buscando golondrinas en la sección de ficción. Hecha un manojo de nervios, levanto la cubierta y veo un trozo de papel.
Atlas ha respondido.
Resisto la tentación de leer la nota enseguida. Me la llevo abajo, al dormitorio, donde me quito las botas de sendas patadas y me siento en la cama con las piernas plegadas debajo del cuerpo. Me giro a comprobar otra vez que la puerta está cerrada y saco la nota.
Featherswallow, ojalá pudiera resumir en pocas palabras las maravillas de la carpinter a, pero ser a imposible. Una cosa s te diré: la sensación de crear algo que no exist a antes es maravillosa.
Sonrío y noto que se me calientan las mejillas.
¿Por qué me siento tan cargada de energía de pronto?
¿Es simplemente la novedad de esta conversación secreta, o el tráfico clandestino de notas?
¿O es el hecho de estar hablando con un chico que realmente tiene algo inteligente que decir, que sabe hablar con una delicadeza que Hugo Montecue no podría ni soñar tener?
Busco un lápiz, decidida a pensarme bien la respuesta, pero me sale sola.
Atlas, los idiomas son así. Puedes decir lo mismo de cien formas diferentes, y en ocasiones una de esas formas es tan personal, tan propia del traductor, que es imposible de reproducir.
Ningún otro traductor usará las mismas palabras, el mismo ritmo, los mismos giros, nunca más. Traducir también es crear.
Meto la nota bajo la cubierta del libro y el libro bajo el resto de los que tengo apilados en la mesilla. Lo devolveré a la biblioteca antes de la cena.
Paso la mano por el lomo de los libros que estoy leyendo; algunas páginas tienen las esquinas dobladas, fruto de mi investigación de anoche, a última hora.
En todas las secciones de la biblioteca hay una amplia gama de libros relacionados con los dragones, así que ahora estoy leyendo sobre una variadísima cantidad de temas, que van desde las guaridas de dragones hasta el proceso de eclosión de los huevos.
Y aunque sé que ninguno de ellos mencionará los dialectos, algunos me dan información sobre la relación entre los idiomas dracónicos y las diferentes regiones o localizaciones.
Me tiendo boca abajo y hojeo Susurrar a los guivernos: lenguas dracónicas del mundo moderno , con la vaga esperanza de encontrar un sentido a los descubrimientos del día.
Repaso la lista de especies de dragones del índice, desde los baikia de gorguera al dragón plateado, y luego paso a la página 189.
El dragón de las arenas británico ( Draco arenicolus ) es de color marrón, verde o beige.
El vientre de las hembras fértiles se vuelve amarillo durante la época de apareamiento.
Hacen nidos de arena caliente, en la que ponen uno o dos huevos.
La primera lengua que aprenden las crías suele ser wyrmerio.
El dragón de las arenas británico es autóctono de los arenales de Dorset y Kent, en el sur de Inglaterra.
Así que, muy probablemente, Soresten y Addax, ambos dragones de las arenas, procedan de la misma región de Inglaterra. Lo que respalda mi teoría de que los dialectos de las lenguas por ecolocalización podrían ser regionales. Siento una emoción en el pecho. Todo va encajando y...
Dejo caer el libro. Hay una caja en el suelo, a los pies de mi cama, con un sobre pegado encima.
¿Cómo es que no la he visto hasta ahora?
Recojo el sobre y le doy la vuelta. Es de papel grueso, caro, y está sellado con lacre rojo.
En la parte delantera han escrito mi nombre con tinta violeta.
Ahora que miro, veo que hay una caja junto a cada cama. Abro el sobre.
Se solicita su presencia en el Baile de Navidad de la primera ministra Wyvernmire, el próximo viernes a las siete de la tarde. Se requiere etiqueta.
Téngase en cuenta que está estrictamente prohibido salir del edificio tras el cierre de luces.
P.D.: La asistencia de los reclutas es obligatoria.
Desato el cordel que rodea la caja y levanto la tapa.
Mis dedos rozan un papel fino, que retiro, y luego algo que parece satén.
Saco de dentro un vestido de color rosa hecho de crepé de seda.
El tejido brilla y me resbala entre los dedos.
No tiene mangas y está decorado con cuentas; es la prenda de ropa más bonita que he visto nunca.
La puerta del dormitorio se abre de golpe.
—¡¿Has visto esto?! —exclama Marquis, incrédulo. Lleva entre los brazos un traje verde y un par de zapatos de cuero. Atlas aparece a su lado, con una elegante chaqueta roja y una corbata negra en las manos.
—Me alegra ver que trabajas en horario diurno, Featherswallow —dice, guiñándome un ojo—. ¿Alguna idea de lo que está pasando?
Yo paseo la mirada por mi vestido, y luego veo los zapatos de tacón perfectamente empaquetados en la parte inferior de mi caja. Luego vuelvo a mirar a los chicos, y ya ni me acuerdo de los dragones de las arenas.
—Parece que se va a celebrar un baile —digo.