Lengua de dragones (Lengua de dragones 1) Capítulo 11 #4
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Capítulo 11 #4

Meto la mano bajo la almohada y le paso la nota. Tendría que habérsela enseñado antes, pero solo podía pensar en mi hermana. Ella la levanta, buscando el resquicio de luz que entra por debajo de la puerta.

—Esta es la caligrafía de mi padre —dice, sorprendida—. ¿Cómo has...?

—Eso no importa —digo yo, parpadeando para limpiarme las lágrimas—. ¿Adónde crees que se la llevarán?

—A un orfanato, probablemente. Pero no te preocupes, Viv, no la perderán, al menos mientras te necesiten.

—Ojalá pudiéramos ir a casa. Las dos. De vuelta a Fitzrovia y Marylebone. Ojalá pudiéramos retroceder en el tiempo.

Sophie asiente y me agarra de la mano.

— Aún podemos —responde—. Pero tienes que concentrarte, Viv. Ursa está viva, pero la única posibilidad que tienes de volver a verla es que consigamos descifrar el código de la ecolocalización.

Cierro los ojos, pero las lágrimas no dejan de brotar.

¿Cómo vamos a conseguir descifrar un código que en realidad es un idioma de una complejidad vertiginosa?

«No sabemos qué podría determinar las diferencias entre los diferentes significados: podría ser una cuestión de tono o de registro».

Gideon y la doctora Seymour no tienen ni idea de lo que están haciendo. Y yo tampoco.

—¿Recuerdas cuando éramos niños y hablábamos en esos idiomas estúpidos que te inventabas? —susurra Sophie—. Luego, en clase, fingíamos ante todo el mundo que entendíamos lo que decía la otra.

Sonrío.

—Incluso llegamos a convencer a mi padre. Pensaba que ya tenía una nueva lengua dracónica que poner en el currículo.

Sophie se ríe con la nariz hundida en mi cabello.

—¿No se enfadó mucho cuando supo la verdad?

Asiento.

—Dijo que era una pérdida de tiempo inventarse idiomas cuando había tantos que podía aprender. No me dejó acostarme hasta medianoche, para que le demostrara que sabía bien todos los verbos franceses.

—¿Crees que fueron demasiado duros con nosotras?

—¿Nuestros padres?

Acerca una mano a la parte interna del otro brazo y sé que está tocándose la línea de cicatrices que tiene sobre la piel, idéntica a la mía. El uso de la vara es una práctica habitual en muchas familias de segunda clase, y quizá el único dolor que experimentamos y que en tercera clase no conocen.

—No creo que los padres puedan permitirse ser blandos cuando sus hijos se juegan caer en la pobreza —digo yo.

Nos quedamos en silencio, y afloran los recuerdos. Mis padres solían apoyar el sistema de clases. ¿Qué fue lo que los hizo cambiar de opinión?

—Cuando te degradaron — susurro, sorprendida yo misma del modo en que las palabras salen de mi boca— pensaba que no podría volver a ser feliz.

Sophie no dice nada y, durante un minuto, me quedo escuchando su respiración.

Querría decirle que lo siento. Querría pedirle perdón por todo...

, por lo que sabe y por lo que no sabe. Pero sé que es demasiado tarde para eso.

Me aprieta la mano y nos quedamos allí en silencio, sintiendo el calor de la otra.

Todo en ella me es familiar: el lunar que tiene en el dorso de la mano, el olor de su piel, el ligero silbido de sus pulmones al respirar, por efecto de una enfermedad que contrajo durante la infancia. Al final Sophie se duerme.

—No volveré a hacerte daño —susurro en la oscuridad—. Me aseguraré de que vuelves a casa, Soph. Te lo prometo.

Muy lentamente, me levanto de la cama. Me pongo las botas y el abrigo por encima del camisón y del cabestrillo.

Ralph le ha dicho a Ravensloe que intenté abandonar mi puesto, y ese es el motivo de que Wyvernmire se haya llevado a Ursa.

Para asegurarse de tener en su poder algo que yo deseo.

No puedo dejar que piense que no me estoy tomando esto en serio.

Si quiero mantener la promesa que le he hecho a Sophie, si quiero volver con Ursa y salvar a mi familia de la ejecución, tengo que descifrar ese código dracónico y entregárselo a la primera ministra.

Bajo en silencio y cruzo el vestíbulo. Ahora ya sé por dónde se va a la cocina, y en apenas unos segundos vuelvo a atravesar la puerta trasera.

Ahí no hay guardias de patrulla, pero eso solo significa que Ravensloe tiene más dragones que de costumbre vigilando el perímetro de Bletchley Park.

Me abro camino por el jardín, iluminado por la luz de la luna, con la mirada puesta en el cielo, y tomo un camino de tierra que atraviesa los campos.

No necesito coche para llegar al lugar donde hice de intérprete a Borislav.

Recuerdo la mirada de desprecio que les lanzó a Muirgen y Rhydderch al ver que no sabían hablar su idioma.

Tampoco habían podido comunicarse mediante la ecolocalización, lo que significa que los dragones de patrulla pensaban que estaban sufriendo un ataque.

Y nadie, ni siquiera la doctora Seymour, sabe decirme por qué pasó.

Me abro paso entre la larga hierba, con la cabeza llena de preguntas que sé que tienen respuesta.

Escruto el cielo estrellado en busca de lo único que puede darme esas respuestas, aunque también sé que lo que voy a hacer está prohibido.

Me paro de golpe cuando encuentro lo que busco, en el campo que tengo delante.

La oscura silueta de dos dragones.