Lengua de dragones (Lengua de dragones 1) Capítulo 8 #4
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Capítulo 8 #4

Echo un vistazo a la última anotación del cuaderno de registro que tengo delante.

Un gorjeo de tipo 2 puede ser usado para alertar a otros dragones de la presencia de algo de interés.

—Aún os quedan varias horas para acabar el turno —dice la doctora Seymour, echando un vistazo a su reloj —. Servíos una taza de café y empezad a familiarizaros con el material.

Mientras Gideon echa mano del álbum de fotografías de los dragones de patrulla y Sophie y Katherine comparten algunas fichas, yo echo un vistazo al libro de registro.

Tengo muchísimas preguntas, pero primero necesito leer y aprender todo lo que haya que saber.

Siento un cosquilleo de emoción que me resulta familiar, el mismo que solía tener cuando mis profesores nos encargaban la traducción de algún texto largo para hacer en casa, como si fuera un enigma por resolver.

Repaso las diferentes llamadas y veo las anotaciones que tienen debajo:

Gorjeo – tipo 6

Gorjeo – tipo 10

Traducción: No aterrizar.

Llamada registrada a las 21.00, dragón rebelde sobre el invernadero, posiblemente acompañado por otros dos.

Es como leer los pensamientos de los dragones. Examino las máquinas locuisonus, que relucen como el oro con el reflejo de la luz del sol. No es que vayamos a traducir un idioma; vamos a registrarlo por primera vez.

Hojeo las tarjetas restantes para comprobar la traducción.

Quiero saber cuál de esos gorjeos significa «tierra».

Cojo un lápiz para tomar notas, pero no tiene punta.

Voy al armario y busco un sacapuntas entre las cajas.

No lo encuentro, pero hay una lata con lápices nuevos.

Cojo la caja y veo el sobre que hay debajo.

No lleva nombre ni dirección, pero tiene dos marcas en forma de garra de tres puntas delante, a la izquierda y a la derecha. Sé qué significa.

Es correo dracovol.

Echo una mirada a la doctora Seymour, pero está ocupada explicándole una de las fichas a Katherine.

Mis padres solían usar el dracovol para que nos enviaran mis libros del colegio, ya que el dracovol es más rápido que el correo oficial.

Es un sistema de mensajería privado y no regulado en el que cartas y paquetes son transportados por un pequeño dragón de cola larga que es tan rápido como un halcón y que está adiestrado para hacer entregas en una serie de lugares específicos.

La mayoría de las familias de segunda clase que conozco tienen un dracovol.

Pero no veo ninguna jaula de dracovol en el interior del invernadero, y no he visto ningún dragón en miniatura revoloteando por ahí.

Además, Ravensloe dijo que en Bletchley no está permitido enviar cartas.

Entonces ¿qué está tramando la doctora Seymour?

Tiro de la carta, sacándola a medias del sobre, y leo la primera línea, escrita con una caligrafía perfecta.

Canna, Rùm y Eigg están siendo

No puedo ver el resto sin sacar la carta del todo.

Miro por encima del hombro. Gideon me está observando, así que vuelvo a meter la carta en el sobre y cierro la puerta del armario.

Sé que Rùm es una isla frente a la costa de Escocia, nombrada oficialmente territorio de dragones con la firma del Acuerdo de Paz.

La usan como zona de nidificación. Pero los otros dos nombres no me dicen nada.

Me siento de nuevo en mi sitio con mi lápiz nuevo.

¿Por qué recibe la doctora Seymour correo dracovol?

Debe de tener un permiso especial de Ravensloe, quizá para realizar investigaciones secretas sobre ecolocalización.

Me quedo mirando la caja de fichas. Hay cientos de ellas, y aun así la doctora Seymour se muestra convencida de que apenas estamos rascando en la superficie de este idioma por ecolocalización.

A pesar de su entusiasmo, empiezo a sentir que descodificar este lenguaje dracónico en tres meses va a ser imposible.

Nadie puede aprender un idioma tan rápido.

En mis anteriores traducciones he dedicado horas a examinar los libros en busca de contexto, leyendo sobre el tema en cuestión hasta que de pronto encuentro un nuevo modo de usar una palabra, una traducción que no me había planteado antes y que le da a todo el texto un nuevo significado.

Así es como tendré que empezar, también en esta ocasión.

Y para eso necesitaré una biblioteca. Seguro que en Bletchley habrá una, ¿no?

Comienzo a tomar notas, sin apartar la vista de la página aun cuando noto que la doctora Seymour me está observando.

Lo primero que voy a investigar son las islas de Escocia.

Si la doctora Seymour está recibiendo cartas sobre ellas, deben de ser importantes para saber más sobre la ecolocalización.

Quizá descubra algo que me dé un punto de partida.

Echo una mirada a los otros y me siento espoleada por el instinto de competitividad.

Sé que es una estupidez, porque estamos todos juntos en esto.

Pero, si alguien va a descifrar un código que permita ganar la guerra y borrar todos sus errores anteriores, tengo que ser yo.