Lengua de dragones (Lengua de dragones 1) Capítulo 3 #3
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Capítulo 3 #3

Cuando giro la esquina de Downing Street está lloviendo con fuerza.

Me agazapo entre las sombras, observando a los guardias que patrullan frente al número 10.

Tengo el cabello empapado; la lluvia me cae por el cuello y me provoca escalofríos.

El cielo está lleno de nubes oscuras, pero sigo sin ver ni rastro de Chumana.

«No va a venir».

Me quedo mirando a los guardias mientras la lluvia va formando charcos en la hierba, bajo mis zapatos. Me pongo a jugar nerviosamente con el viejo cordón rojo que llevo atado a la muñeca, la pulsera de la amistad que me regaló Sophie y que no he tenido valor para quitarme.

«Ha mentido» .

Intento distraerme pensando cuál podría ser la máxima de Chumana.

Todos los dragones tienen una, un lema que escogen, por lo general en latín.

La máxima es la constante que rige sus vidas.

Diez minutos más tarde tengo la ropa completamente empapada y sigue sin aparecer.

Dejo caer los hombros y resoplo, abatida.

El sol saldrá muy pronto, y trasladarán de nuevo las pruebas de la rebelión de mi familia, sin duda a un lugar más seguro.

Trago saliva. Me he pasado toda la noche en la calle para nada. No puedo salvarlos.

De pronto veo un movimiento. Una sombra que atraviesa la noche.

Chumana vuela en silencio sobre el 10 de Downing Street una vez, y luego otra, surcando el cielo con su enorme cuerpo como si fuera un recortable de papel oscuro.

Los guardias siguen con su patrulla, ajenos a todo.

De pronto aparece una llamarada entre las nubes.

El ala izquierda del edificio es la primera en prender y los guardias reaccionan, alarmados.

Mientras gritan pidiendo refuerzos y echan mano de sus armas, Chumana lanza otra llamarada que incendia el ala derecha.

Yo me agazapo tras los setos y veo la llegada de guardias de varias direcciones, disparando al aire.

Una humareda negra se eleva hacia el cielo y las llamas anaranjadas se vuelven cada vez más altas, como si quisieran ir en busca de la lluvia. Suena una alarma y Chumana desaparece.

Las ventanas estallan con un gran estruendo y empieza a salir gente corriendo del edificio.

Una vez oí que los antepasados de Wyvernmire eran cazadores de guivernos.

Se dice que tiene las cabezas de guivernos colgadas de la pared de su despacho, como recordatorio de esos tiempos oscuros en que los dragones y los humanos se daban caza mutuamente.

Me pregunto si también estarán ardiendo.

El humo se cuela entre los setos en los que me oculto y me hace toser.

«Es hora de irse».

La calle se llena de guardias y de funcionarios que huyen de las llamas a una velocidad alarmante. Durante la guerra ya vi los efectos del fuego de los dragones, pero se me había olvidado la intensidad con que arde.

«Por favor, que no haya ningún herido».

En cualquier caso, los documentos incriminatorios ya habrán quedado convertidos en cenizas. Me pongo en pie y me dispongo a marcharme...

Una mano helada me rodea el cuello.

Alguien me arrastra hacia atrás. Intento gritar, pero no consigo pronunciar palabra.

Lanzo un puñetazo que impacta contra el casco de un guardia, y el dolor se me extiende por el brazo.

Los edificios a mi alrededor parecen dar vueltas.

Con un empujón, el guardia me mete en la parte trasera de un furgón.

—Estás detenida —me dice, mientras me pone las esposas—. Cualquier cosa que digas a partir de este momento podrá ser utilizada en tu contra ante un tribunal.

«No, no, no».

Estoy de rodillas, a oscuras. La furgoneta arranca y casi me caigo de lado.

—¿Detenida? ¿De qué se me acusa? —pregunto, casi sin voz.

Tengo la ropa mojada, pegada a la piel, y el cabello me huele a humo de dragón. La furgoneta traza una curva cerrada y el guardia me agarra antes de que salga despedida hacia delante.

—Vivien Featherswallow, estás detenida por romper el Acuerdo de Paz.

THE ILLUSTRATED

LONDON NEWS

Sábado, 24 de noviembre de 1923

VIDA Y MUERTE

DE LOS HEREDEROS REALES

HOY SE CELEbrA el Jubileo de Plata de la reina Beatriz María Victoria Feodora, novena hija de la reina Victoria y el príncipe Alberto, nacida en 1857.

Su Majestad ascendió al trono en 1898 tras la muerte de su último hermano vivo, el rey Leopoldo.

Durante su reinado, nuestra querida reina Beatriz ha tenido un papel unificador como cabeza visible del Imperio, ha lanzado la Asociación Británica de Refugiados Búlgaros y ha creado la primera Guardia Dracónica en el castillo de Balmoral, compuesta por guivernos fieles a la Corona.

De niña crio a dos pequeños dragones que acabaron emancipándose al firmarse el Acuerdo de Paz.

Línea de Sucesión (retratos en la página 8)

Rey Eduardo VII †

Muerto por el ataque de un dragón

durante un accidente de caza en Botswana

Rey Alfredo †

Sobredosis de reptiliaum (opioide actualmente ilegal obtenido de la saliva de los dragones)

Rey Arturo †

Muerto por el ataque de un dragón durante

una exhibición de huevos de dragón vivos en Buckingham Palace

Rey Leopoldo †

Hemofilia

Reina Beatriz I – Nacida en 1857

Princesa Feodora – Nacida en 1887