Capítulo 2 #2
Le acaricio el cabello hasta que se duerme; luego cierro la puerta de su habitación.
Abajo, el comedor está en silencio, salvo por el crepitar de la chimenea.
Me siento en una silla y recuerdo la mueca burlona del guardia al pronunciar la palabra «sabandija».
¿Van a por nosotros, nos han tendido una trampa, quizá, porque mamá es búlgara?
El pobre Marquis estará encerrado en una celda acusado de algún cargo falso mientras yo estoy aquí, sola, en esta enorme casa vacía.
Y mis padres... Contengo una exclamación, y luego el llanto.
El golpe de Estado se castiga con la muerte.
¿Por eso se pasaban las noches hablando en el comedor? ¿Acaso papá, mamá y el tío planeaban unirse a algún grupo rebelde para derrocar al gobierno?
No me lo puedo creer. No quiero creérmelo. Los Featherswallow llevan sus pases, respetan las separaciones entre clases y preparan a sus hijos para el Examen. Mamá y papá nunca harían algo tan estúpido, tan egoísta.
«El pueblo no debería temer a sus primeros ministros, Vivien. Los primeros ministros deberían temer al pueblo».
Wyvernmire, la primera mujer en alcanzar el cargo de primer ministro, está en su segundo mandato.
Lideró a Britania durante la Gran Guerra y ha contribuido a que se mantenga la paz entre humanos y dragones.
Nunca he oído que mis padres dijeran una sola palabra en su contra. ¿Qué quería decir papá, pues?
Me pongo de pie tan rápido que casi me mareo.
El guardia dijo algo sobre un armario secreto.
El suelo del estudio está cubierto de papeles y de libros derribados de las estanterías, algunos con el lomo abierto en dos.
Por la ventana entreabierta se cuela un viento frío.
La colilla del cigarrillo de Hollingsworth sigue en el cenicero.
Siento que las lágrimas vuelven a aflorar.
Aquí es donde mamá y papá pasan la mayor parte de su tiempo, trabajando para demostrar sus últimas teorías sobre el comportamiento y la cultura de los dragones.
Es una estancia llena de conocimiento, de preguntas, de planteamientos.
A través de las lágrimas veo algo. El lateral del escritorio de papá está...
¿abierto? Con el corazón golpeándome el pecho, me acerco y me agacho.
El panel de madera se abre como una puerta, con una cerradura disimulada entre las molduras doradas decorativas.
Detrás hay un compartimento secreto, vacío salvo por un cortaplumas.
Me lo meto en el bolsillo y meneo la cabeza, incrédula.
Ocultaban algo. Y fuera lo que fuera, ese algo está ahora en una caja, dentro de uno de los coches de los guardias.
Escruto el resto de la habitación. El viejo sofá verde parece estar intacto, igual que el piano y el armario donde están expuestos mis trofeos del colegio.
Solo el carrito de las bebidas se ha movido.
Es un globo terráqueo pintado, cuya mitad superior puede levantarse, dejando a la vista las botellas que hay dentro.
Cuando era pequeña me encantaba seguir las fronteras de cada país con el dedo y aprender los nombres de los diferentes mares.
Lo miro atentamente. Están Rumanía, Yugoslavia y Grecia, y encajada entre ellas está Bulgaria, país de dragones.
En el lado izquierdo del globo está Estados Unidos, el lugar donde nació la madre de Marquis, donde hay algunos estados que viven en paz con los dragones y otros que les dan caza.
Frunzo el ceño. Alguien ha trazado una línea sobre la superficie pintada del globo con un objeto afilado, creando una incisión que empieza en Bulgaria y llega hasta Britania.
Y justo al lado de la línea hay una representación en miniatura del escudo de armas de Wyvernmire, una W envuelta en la cola de un guiverno.
Está dibujado en tinta turquesa, del mismo color que usa papá con su estilográfica.
¿En qué estaba pensando cuando dibujó eso en el carrito de las bebidas? ¿Lo habrán visto los guardias? ¿Qué significa? Primero la mención del golpe de Estado, luego mamá me dice que huya de Londres y ahora esto. Me recuesto en el escritorio y cierro los ojos.
«Significa que son culpables».
Si eso es cierto, lo que hayan encontrado los guardias en ese armario secreto podría demostrarlo. Y si el gobierno lo ve, o si lo presentan ante el tribunal...
Mis padres y el tío Thomas serán sentenciados a muerte.
¿Y qué hay de Marquis? Al pensarlo no puedo contener un gemido.
¿Cómo han podido hacernos esto nuestros padres?
¿Cómo han podido hacer todo lo que nos han dicho siempre que no hiciéramos?
«Nunca te quites el pase, nunca socialices con nadie de una clase inferior, nunca rompas las normas».
La idea de que puedan degradarme le aterra tanto a papá que me he llevado más de un azote por no hacer caso...
Así pues, ¿por qué ha hecho algo por lo que Ursa y yo podríamos ir a parar a una casa de rehabilitación antes incluso de que se enfríe su cadáver?
El reloj de la pared marca las diez de la noche. Mañana por la mañana, la primera ministra Wyvernmire llegará a su despacho en Westminster y examinará las pruebas que hayan encontrado los guardias.
Un sonoro graznido procedente de una esquina me hace dar un respingo.
El dracovol de papá —una minúscula subespecie de dragón— está en su soporte, dentro de la jaula, contemplándome.
No ha salido desde ayer, cuando mamá lo envió a entregar una carta.
Cojo la jaula, la apoyo en el alféizar y abro la puertecita.
El dracovol sale volando, perdiéndose en la noche.
Cierro la ventana y me quedo mirando la jaula vacía.
Necesito eliminar las pruebas contra mis padres, pero no tengo ninguna posibilidad de superar los controles de seguridad de Westminster. Así pues, a menos que los papeles que los incriminan decidan entrar en combustión espontánea durante la noche, no hay nada que pueda hacer.
De pronto se me enciende la bombilla.
Es una idea ridícula, probablemente la peor que he tenido nunca. Pero ¿cuál es la alternativa? Si no hago nada, mi hermana acabará en una casa de rehabilitación, mi carrera terminará antes incluso de empezar, y mis padres...
Mis padres morirán.