Legado (Saga Arlov nº 1) Capítulo 26 Hospitalidad
49%

Capítulo 26 Hospitalidad

El tiempo les había marcado el rostro desde la última vez que los vi, pero la mirada seguía siendo la misma.

Algo se me encogió por dentro. Noté un amago de temblor en los dedos y lo corté al instante, obligándome a mantener el gesto neutro.

Sergey fue el primero en hablar.

—Pequeño Arlov —exclamó con una sonrisa ancha—. Mírate, hecho todo un hombre. Es como ver al bastardo hijo de puta de tu padre resucitado.

Sentí un tirón en la boca del estómago.

Ese tono.

Esas palabras.

Sergey me miró de arriba abajo, como si evaluara una mercancía en lugar de un hombre. Su sonrisa se volvió más peligrosa cuando sus ojos se deslizaron hacia Lina, que permanecía un paso detrás de mí.

—Y dime, ¿ella también es parte del paquete de bienvenida? —soltó con una risa burda, a la que Boris no tardó en sumarse.

—No estoy aquí para negociar a mi personal —respondí.

Apreté su mano con más fuerza de la necesaria. Lo suficiente para que lo notara, pero no tanto como para romper el gesto educado.

—Ah, siempre tan formal, pequeño Arlov —replicó Boris, sonriendo—.

Desde niño tenías ese ceño fruncido todo el tiempo.

Pero vamos, no es malo compartir un poco de diversión, ¿no?

Eres joven, tienes todo un maldito bufé para elegir cada día.

¿Y qué nos queda a nosotros? Te haces viejo y terminas pagando para que te la chupen mientras una zorra pone cara de que le gusta…

—Si alguien se la va a coger, será quien le paga el sueldo —solté con una sonrisa que camuflaba mi irritación—. Además, el mío no está arrugado.

Sergey soltó una risotada.

—¡Este bastardo…! Te la acaba de aplicar, Boris.

Le había advertido a Lina sobre esos hombres. Aun así, verla bajo sus miradas me incomodó más de lo que esperaba.

Entonces el tercer hombre dio un paso hacia mí.

Su porte era distinto, más medido. No tenía el mismo aire rancio de los otros dos. Sus ojos, sin embargo, también se desviaron un segundo hacia Lina antes de volver a mí.

—La estructura es impresionante, Arlov —dijo, cambiando de tema con un tono educado, casi amable.

—Nada de formalidades. Llámame Víktor.

—Solo si tú me llamas Misha —respondió con una sonrisa—. Puedo ver la ambición detrás de este proyecto. Esto va a ser grande.

—Ese es el plan —repuse, devolviendo mi atención a lo que importaba.

El hotel.

Los negocios.

Aunque esta vez era yo quien había traído el pasado hasta aquí.

Continuaron con sus bromas y comentarios mientras nos dirigíamos hacia el área de la reunión. Sus voces llenaban el pasillo como si les perteneciera.

Al entrar en el salón, se movieron con la comodidad vulgar de quienes nunca habían tenido que pedir permiso para ocupar espacio.

—Este lugar tiene clase. Tu padre estaría orgulloso —comentó Sergey, con una sonrisa que pretendía ser de aprobación.

—Mi padre me enseñó lo que no se debe hacer —respondí—. Este proyecto es mío. Él no tiene nada que ver con esto. Le faltó visión.

Soltó una carcajada, como si mis palabras fueran solo otra broma.

—Vaya, el pequeño Arlov ha aprendido a defenderse —replicó Sergey, dirigiéndose a Boris, que asentía con una sonrisa torcida.

—Deberíamos brindar por eso —añadió Boris, sacando una botella de vodka de su maletín y colocándola sobre la mesa de un golpe—. Como en los viejos tiempos, ¿eh? Aunque esta vez será para celebrar el futuro.

Mi estómago se revolvió al ver la botella, pero no dejé que se reflejara en mi rostro.

—El vodka puede esperar —respondí, cortante, manteniendo la atención en los documentos que había dispuesto sobre la mesa—. Primero, hablemos de negocios. Por eso estamos reunidos hoy aquí.

Intercambiaron una mirada rápida antes de asentir.

—Este hotel es solo el principio —repuse, desplegando las proyecciones financieras y los planos—.

No se trata solo de atraer turistas. Vamos a redefinir el lujo en esta parte del Caribe.

Los contratos con aerolíneas y navieras ya están asegurados.

La infraestructura está en marcha. Ahora necesitamos socios que aporten capital e influencia.

Socios que sepan ver más allá del proyecto, que entiendan lo que esto realmente significa.

Socios con una red de contactos sólida, construida durante décadas.

—En pocas palabras, quieres nuestra red de contactos —agregó Sergey.

¿Por qué diablos más los querría aquí, si no quisiera algo de ustedes?

—Exacto. Ustedes tres tienen el tipo de conexiones que harán de este proyecto no solo una realidad, sino un emblema de poder. Con su respaldo, este lugar será imbatible en el mercado de lujo.

Boris soltó una risa áspera mientras jugaba con la botella.

—¿Y qué obtendremos a cambio? —preguntó—. Sabemos que el pequeño Arlov tiene grandes ambiciones, pero queremos saber qué sacaremos nosotros de esto.

—Participarán en algo que no solo será un éxito financiero, sino también una señal de prestigio. Este hotel no será solo un sitio para ricos. Será un lugar donde quienes gobiernan el mundo vendrán a cerrar sus tratos más importantes. Y ustedes estarán en la cima, mirando hacia abajo.

Sergey se inclinó hacia atrás, pensativo. Boris aún no parecía convencido.

—En los papeles que tienen delante podrán ver los beneficios y la rentabilidad.

—Parece que tienes las cosas bien calculadas —comentó Misha—. Estoy dentro. Innovación y futuro. Son mis dos palabras favoritas.

Los ojos de Sergey se estrecharon un segundo, como si no le gustara lo fácil que Misha había aceptado.

—Supongo que si este joven magnate dice que sí, no tengo opción, ¿verdad?

Después de todo, eres como un hijo para mí…

para nosotros —comentó, con evidente molestia—.

Pero tengo una condición. Quiero una suite privada para mí y mis…

acompañantes cada vez que venga a este paraíso que estás creando. La más grande.

—Eso no será un problema.

—Me alegra verte seguir los pasos de tu padre —señaló Boris, con una sonrisa torcida, casi nostálgica—. Aunque siempre pensé que deberíamos haber seguido siendo tus mentores, pero tu madre nos alejó. Nos habría gustado quedarnos a tu lado, enseñarte un par de cosas más.

Cerré la mano en un puño bajo la mesa.

El maldito descaro.

Sabía bien cuáles habían sido sus intenciones. Mi madre también: intentar arrebatarme lo que era mío.

—Pero Esther… Esa mujer era terca. Hermosa, realmente hermosa, pero terca. Tenía su carácter. Con razón cansaba tanto a Nikolay. Por algo las mujeres no deberían opinar —soltó con una risa burlona.

—Era una bruja, Boris… Las cosas como son.

—¿O será que no pudiste manejar el rechazo cuando intentaste de manera obvia cogértela… en el funeral de tu mejor amigo?

Tras mis palabras se formó un silencio incómodo. Boris fue el primero en romperlo con una carcajada ruidosa, y Sergey no tardó en seguirlo.

—El pequeño Arlov tiene garras —repuso Sergey entre risas—. Me gusta, me gusta. Quizás subestimamos a tu madre. Fue lista, muy lista al alejarnos.

La sonrisa de Boris seguía ahí, pero sus ojos delataban irritación.

Carroñeros.

Un trueno retumbó a lo lejos y, casi al mismo tiempo, un relámpago iluminó la sala.

Miré hacia las ventanas. El cielo gris se había oscurecido por completo y las primeras gotas de lluvia golpeaban el cristal con fuerza.

Maldita sea.

Misha recibió una llamada. Se alejó unos pasos y habló en voz baja, pero su expresión cambió al instante.

—Parece que el clima no está de nuestro lado —dijo al colgar—. El piloto acaba de confirmar que no podemos salir hoy. Ha comenzado una tormenta.

Boris soltó una risa seca, girando la botella entre los dedos.

—Vaya, parece que no vamos a poder salir hoy, pequeño Arlov. Espero que tengas algo mejor que este lugar para ofrecernos. No pienso pasar la noche en una maldita sala de reuniones.

—Tengo una propiedad aquí. Mi casa es su casa —contesté con una sonrisa fría—. Es lo más cómodo y seguro en estas circunstancias. Mañana temprano, si el clima lo permite, podrán salir.

Boris me sostuvo la mirada, con los ojos entrecerrados y esa sonrisa burlona que me daban ganas de borrarle a golpes.

—¿Tan desesperado estás por deshacerte de nosotros?

—Para nada —respondí con suavidad—. Quiero cerrar este trato, pero no tengo ninguna prisa. Disfruten de la hospitalidad de la isla, caballeros…