Capítulo 21 Perder el control
Me sentó al borde de la cama y se alejó. Cuando volvió con una cinta, se arrodilló frente a mí. Un mechón de su cabello negro le cayó sobre la frente al levantar la vista.
—Manos.
Se las tendí. Deshizo el nudo de su camiseta y la dejó a un lado.
Sin poder evitarlo, alcé una mano hacia él.
—No.
La bajé enseguida y volví a ofrecérsela. Me ató las muñecas con la cinta y, al terminar, bajó las manos hasta mis tobillos.
Subió por mis pantorrillas y mis rodillas. Siguió por los muslos hasta detenerse en la cintura.
Me rozó el vientre con el pulgar, desabrochó el botón y bajó el cierre. Alcé las caderas para que pudiera quitarme el pantalón.
Volvió a mis tobillos.
Esta vez ascendió más despacio. Al llegar al borde del bikini, dejó el pulgar sobre la tela y levantó la vista. Sostuve sus ojos azules mientras deshacía los nudos de los costados. Retiró la prenda y sus manos volvieron a recorrer mis piernas.
Contuve el aire.
Sus dedos subieron por mi abdomen hasta el borde de la parte superior del bikini. Bajó la vista para encontrar el nudo; cuando volvió a mirarme, lo soltó.
Sus manos recorrieron mis costados, rozaron mis senos y subieron hasta el cuello. Después descendieron con la misma lentitud. Afirmé los pies en el suelo para no inclinarme hacia él.
Se puso de pie y acercó la boca a la mía. Sus labios apenas me rozaron; cerré los ojos y esperé. Sentía su aliento en la cara. Cuando dejé de sentirlo, abrí los ojos.
Víktor se había apartado. Tenía el pantalón desabrochado y una pequeña sonrisa en los labios. El calor me bajó hasta el vientre.
Me ayudó a moverme hacia el centro de la cama y me giró boca abajo, con las muñecas sujetas delante de mí, y las caderas elevadas.
Sus manos bajaron por mi espalda. Empujé las caderas hacia atrás.
—¿Qué quieres? —preguntó.
—Por favor…
—No sé lo que quieres, Lina. Dilo.
Apreté los puños y volví a moverme hacia él. Esta vez se acercó. Sentí su cuerpo contra el mío y, cuando se hundió en mí. Apoyé la frente en la sábana para recuperar el aire.
No me dio tiempo.
Su mano recorrió mi espalda y se cerró sobre mi cadera antes de atraerme otra vez hacia él. Un gemido se me escapó contra la tela.
—Haz tu pregunta.
Negué con la cabeza.
—No me hagas esto otra vez…
—Solo estoy cumpliendo nuestro convenio.
Su mano bajó por mi vientre. Perdí el aire cuando sus dedos encontraron el punto exacto y tuve que apretar los puños para no moverme hacia ellos.
—Víktor…
—Pregunta, Lina.
Abrí la boca, pero lo único que salió fue otro jadeo.
—¿Cómo…? —Tragué aire—. ¿Cómo era la relación con tu padre?
Se detuvo y su respiración cambió detrás de mí.
—Mierda —murmuró.
Durante un segundo creí que se apartaría.
Pero el siguiente movimiento fue seco, mucho más duro que los anteriores, y el aire se me cortó antes de poder recuperarlo. Volvió a hacerlo. Ya no había nada del ritmo lento y calculado de hacía un momento.
Su mano subió hasta mi cabello y se cerró entre los mechones. Tiró hacia atrás y mi cuello siguió el movimiento antes de que pudiera evitarlo.
Se me escapó un quejido.
—Víktor…
No respondió.
Otro tirón me obligó a echar más la cabeza hacia atrás. Cerré los ojos. El placer seguía ahí, mezclándose ahora con una presión que comenzaba a doler.
—Para… —conseguí decir.
No pareció oírme.
Su respiración seguía pesada detrás de mí, pero había algo distinto en ella. Algo que no conseguía reconocer.
—Víktor, para.
Se detuvo.
Todo su cuerpo quedó rígido durante un segundo.
Después se apartó de mí de golpe.
El silencio cayó entre los dos mientras yo seguía con la mejilla contra la sábana, intentando recuperar el aire. Lo sentí moverse detrás de mí y, un instante después, sus manos volvieron a tocarme, esta vez con una cautela que no estaba ahí hacía unos segundos.
Me ayudó a girarme hasta dejarme boca arriba.
Cuando levanté la vista, Víktor ya me estaba mirando.
Tenía la respiración todavía agitada y los ojos clavados en mí, pero aquella expresión no se parecía a ninguna que le hubiera visto antes.
Me sostuvo la mirada durante unos segundos, como si esperara encontrar algo en mi rostro.