Léelo y llora (Escribir lo correcto 1) 28 Veintiocho
98%

28 Veintiocho

VEINTIOCHO

Un pie delante del otro. Un pie delante del otro.

Se me repetía en la cabeza como un mantra. Era lo que me decía en cada una de las innumerables mudanzas de mi infancia.

Cuando me entristecía perder a la única amiga nueva que, sin remedio, había conseguido hacer, me lo decía.

Cuando me daba rabia que mi madre hubiera roto con otro novio más y fuera yo la que lo pagaba, me lo decía.

Cuando me resignaba a aguantar hasta ser adulta para poder separarme de ella por fin, me lo decía.

Me lo había repetido una y otra vez. Solo un pie delante del otro.

Hoy esas palabras tenían otro significado. Tenía la mente sorprendentemente despejada, a pesar de las circunstancias. Esperaba que eso significara que la cosa no acabaría en catástrofe.

—Hola —dije con voz suave y amable mientras salía al porche delantero.

Mamá clavó los ojos en mí de golpe; el pánico y la rabia se disputaban la supremacía.

—Yo me encargo —siseó—. Entra en casa.

A su lado, Blair, la superfán, estaba de pie con una mano escondida bajo una chaqueta de punto de manga larga.

Hacía demasiado calor para ir de manga larga, y menos de lana.

Eso significaba que o escondía algo en la manga, o quería que mi madre creyera que escondía algo.

No tenía ni idea de cuál de las dos cosas era la cierta.

—Ah, no entres —respondió Blair con tono sombrío, con el odio reflejado en la mirada cuando le sostuve los ojos—. Tú eres a quien he venido a ver.

Eso ya lo había deducido.

—No me voy a ir.

Aún no había bajado los escalones que daban al jardín delantero. Me pareció mejor idea obligarla a subir hasta mí.

—¿Te apetece un té helado?

Señalé la mesita de bistró que tenía en el porche. Venía incluida con la casa y, al principio, pensé que no me gustaría. Me equivoqué. Por lo visto, me había equivocado en muchas cosas, Blair incluida.

—No he venido de visita —soltó Blair con desdén.

No se había movido del lado de mi madre, pero pareció seguir con interés mis movimientos mientras me sentaba.

—¿Qué estás haciendo?

—Hace calor —respondí—. Demasiado calor para estar al sol. Deberías subir y acompañarme aquí.

—¿Y dejar a tu madre? ¿Por qué iba a abandonar a una criatura tan encantadora? Por cierto, ya veo de dónde te viene la vocación de zorra.

No reaccioné. Era justo lo que ella buscaba.

—Mi madre no tiene nada que ver con esto. Ella tiene sus propios problemas. —Me obligué a mirar a mi madre—. Deberías ir a ver a Rufus. Seguro que se está preguntando dónde estás.

Mi madre era muchas cosas, entre ellas una amenaza para los hombres. Pero no había llegado tan lejos siendo idiota. Sabía cómo salir de un aprieto. Eso no significaba que siempre hiciera lo correcto.

—Se me ocurría que podrías llamar a Rufus y decirle que voy a llegar tarde —contestó mamá con una voz melosa, más falsa que un culo de Kardashian.

Fruncí el ceño.

Ella frunció el ceño.

Lo fruncí aún más.

Ella no cedió.

Al final suspiré y me obligué a centrarme en Blair.

—Deberías sentarte a la sombra. Hoy hace mucho calor.

Blair me miró incrédula.

—No he venido a pasar el rato contigo y tomar té helado.

—Ya lo sé. —Sonreí con pesar—. Estás aquí por Brody.

—Vaya, por fin te has dado cuenta —dijo con rencor—. Empezaba a pensar que eras tan tonta como esa basura que escribes.

Dejé que el insulto a mis libros me resbalara. Desde luego, no era el momento.

—Deberíamos hablar de Brody. —Me imaginé los coches de policía avanzando por la carretera con las sirenas y las luces apagadas, y eso me permitió mantener el control de la situación—. Estás enamorada de él, ¿verdad?

Blair puso los ojos en blanco.

—No estoy enamorada de él.

«Ay, madre». Esa era la premisa de la que había partido. «¿Y ahora qué hago?»

—No lo conozco lo suficiente para amarlo —continuó—. Solo sé que no debería estar enamorado de ti.

Parpadeé una vez. Y otra. Cuando sonreí, fue una sonrisa forzada.

—¿Por qué crees que no deberíamos estar juntos?

—Porque es demasiado bueno para ti.

—¡Oye! —Mamá se puso las manos en las caderas y le lanzó una mirada furiosa a Blair—. Mi hija es mejor que nadie. Si aquí alguien no está a la altura de otra persona, es Brody el que tiene que ponerse las pilas.

Lo curioso es que me había pasado la vida entera esperando que mi madre me defendiera. No se me escapó que hubiera elegido justo este momento, el peor posible, para hacerlo. Se me escapó una risa sin humor antes de que pudiera contenerla.

—¿Te parece gracioso? —me desafió Blair, y levantó una ceja que tenía más lápiz que pelo.

—Me parece que esta situación roza lo surrealista —respondí con sinceridad—. Aquí hay muchas piezas en juego, y algunas, por desgracia, no puedes conocerlas.

—¿No quieres compartirlo con la clase?

—No creo que te interese mi relación con mi madre, que lleva un tiempo saliendo con el padre de Brody.

El objetivo era que Blair pensara en algo que no fuera ella misma.

—¿Lo ves? —Blair apuntó al aire con el índice de la mano que yo sí podía ver. Seguía sin tener ni idea de qué había en esa manga, y eso me inquietaba—. No puedes salir con el hijo del tío con el que sale tu madre. Es rarísimo.

—¿Y qué tiene de raro? —replicó mamá—. No es que sean parientes de sangre. Podríamos ser una gran familia feliz.

No era el momento de desmontarle las fantasías a mamá, así que no dije nada.

—Ay, por favor. —Blair puso los ojos en blanco mirando a mamá—. Todo el mundo sabe que Rufus Bates sale con pijas de la alta sociedad. Tú eres demasiado mayor y de una clase social más baja que la del estanque en el que él suele pescar. Ese hombre no se va a quedar contigo.

Mamá hizo un mohín.

—Tú no tienes ni idea.

Blair la ignoró y se centró en mí.

—Te advertí que te mantuvieras alejada de Brody. No eres el tipo de mujer que él necesita.

—¿Me advertiste?

—Las ruedas. —Me lanzó una mirada de «pues obvio»—. ¿Por qué no te bastó con eso?

Aunque en cierto modo ya había supuesto que ella era la responsable de las ruedas, una parte de mí seguía creyendo que había sido Joey.

O quizá simplemente quería creerlo. Pero Joey era inocente.

Bueno, puede que no inocente. El tío se había tomado la molestia de incomodarme a propósito.

Pero no era un rastrero capaz de rajar ruedas.

—¿También advertiste a Brody? —pregunté, pensando en los destrozos.

—Por supuesto. Vi cómo os mirabais en el evento. Intentasteis disimularlo, pero era obvio. Quería que viera la basura en su jardín y lo asociara contigo.

—No sé si el mensaje llegó —repliqué con sequedad.

—¿Y por qué crees que estoy aquí? —No había ni rastro de la sonrisa de Blair, esa a la que me había acostumbrado en los eventos. Era como una persona completamente distinta—. No sabéis pillar una indirecta.

—Nos seguiste en el tour del coche fúnebre. —No era una pregunta—. No fue casualidad que aparecieras en el restaurante mexicano.

Ella solo parpadeó.

—Subiste a TikTok el vídeo en el que salíamos Brody y yo —continué.

Eso bastó para desatarle la lengua.

—Pensé que la gente se burlaría de ti. Brody está claramente en otra liga como autor. O sea… tú escribes romántica. —Puso los ojos en blanco de forma exagerada—. Él escribe prosa magistral, ficción de verdad. Tú escribes escenas de sexo, por el amor de Dios.

Su desprecio era descarado. No me lo tomé como algo personal. Nunca lo hacía. Era obvio que estaba trastornada. Y aunque no lo hubiera estado, la ficción era una de esas cosas subjetivas. No a todo el mundo le gustaba lo mismo. Por eso era tan maravilloso ser lectora.

—¿Puedo preguntarte algo? —Mantuve una expresión brutalmente amable, aunque me costó un esfuerzo enorme.

Blair se encogió de hombros.

—Supongo.

—¿Cómo crees que va a terminar esto? —Sentía verdadera curiosidad—. ¿Crees que vas a asustarme para que me aleje de Brody y así puedas quedártelo?

Blair juntó las cejas, irritada.

—No sé si estamos destinados a estar juntos. No soy una fan desquiciada. Pero ni siquiera hemos tenido una oportunidad. Tú me la quitaste.

—¿Eso es lo que hacías en los eventos? ¿Intentabas conseguir tu oportunidad?

—Sí, pero tú no dejabas de interrumpirnos. Dijiste que mi cuaderno era estúpido.

—No creo haber dicho que fuera estúpido.

—Sí, lo dijiste.

—Dije que era cruel —aclaré—. Y lo mantengo. No puedes criticar el trabajo de toda la vida de alguien, una y otra y otra vez, y esperar que se lo tome bien. No funciona así.

Para mi sorpresa, Blair pareció considerar de verdad mis palabras.

—O sea, que estás diciendo que el error fue mío, no suyo.

«Terreno pantanoso». Por mucho que le gustara repartir críticas, Blair era incapaz de recibirlas.

—Estoy diciendo que la crítica constante hace que la gente se encierre en sí misma. —Escogí las palabras con cuidado—. Lo sé porque yo recibí críticas constantes de ella cuando era niña. —Señalé a mamá con el pulgar.

—Vaya, en serio, Bree —dijo mamá con voz inexpresiva—. ¿Es ahora el momento de resolver esos traumas de infancia que trabajas en terapia?

Por alguna razón, eso me dio ganas de reír. No era una situación divertida. Pero el hecho de que pudiera ser ella misma a pesar de todo lo que estaba pasando era tan típico de Sylvia… Por eso no podía borrarla de mi vida.

—Mamá, entra en casa —ordené.

Aquello no era una situación de película de Lifetime.

Bueno, quizá sí lo era, pero no iba a terminar como una de esas películas.

Blair no iba a intentar apuñalarme. No iba a quitarse la camiseta para dejar a la vista una bomba.

Solo era una mujer intensa a la que había que convencer de que se bajara de la cornisa.

—No. —Mamá se cruzó de brazos—. Ni de broma va a pasar eso.

No podía perder el tiempo discutiendo con ella, así que volví a centrar toda mi atención en Blair.

—¿Por qué me rajaste las ruedas? ¿Pensaste que eso impediría que Brody y yo nos fuéramos juntos a casa?

Se encogió de hombros, y sentí alivio al ver que no negaba lo ocurrido.

—Estaba cabreada, nada más. Ni siquiera deberíais caeros bien —dijo.

—¿Por qué dices eso? —Solo estaba ganando tiempo hasta que llegara la policía. Entonces todo esto se habría acabado.