Léelo y llora (Escribir lo correcto 1) 28 Veintiocho #2
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28 Veintiocho #2

—Por lo que pasó en esa mesa redonda en la que estuvisteis juntos.

Me quedé helada.

—¿Sabes lo de aquello?

—Todo el mundo lo sabe. Los demás autores estaban hablando de eso.

—¿Eres escritora? —Eso no encajaba con la imagen que tenía de ella.

—No. —Soltó un bufido y negó con la cabeza—. Pero estaba allí. Vi lo que hiciste.

Tragué saliva con dificultad.

—¿Y qué es lo que viste? —Por raro que pareciera, quería oír el punto de vista de otra asistente.

—Era su primera mesa redonda importante. Era la primera vez que iba a conocerlo.

Asentí para animarla a continuar.

—Tú lo acaparaste todo. Te burlaste de él. —Su mirada era glacial—. Llamaste frikis a todos sus lectores.

Sonreí sin ganas.

—No fue mi mejor momento. ¿Me creerías si te digo que estaba nerviosa?

—No. No paraste de hablar. No estabas nerviosa por nada.

—Hay gente que muestra los nervios de otra manera. Yo estaba nerviosísima. Por desgracia, decidí que la mejor forma de calmarme era burlarme de Brody.

—Eso no fue justo —espetó Blair—. Él no te había hecho nada.

—Es verdad —admití.

—No tienes ni idea de lo que es estar nerviosa y ser el blanco de las bromas de todo el mundo.

—Eso te pasa mucho, ¿verdad? —Caí en la cuenta mientras giraba el cuello—. La gente se burla de ti.

—Dicen que soy demasiado intensa.

Algo que yo misma le había dicho.

—Se burlan de las listas —dije.

Entornó los ojos tanto que me pregunté si siquiera podía ver a través de ellos.

—Como tú.

Tragué saliva.

—Yo no me estaba burlando de tus listas⁠—

—¡No me digas lo que sé!

—No me estaba burlando de ellas. Solo intentaba salvar a Brody. Le estabas haciendo mucho daño, y es algo que él nunca te habría dicho porque es demasiado buena persona.

—Yo intentaba que mejorara. Quería que viera que, si trabajábamos juntos, sus libros serían mejores que los de cualquiera.

—Ah —dije. Su plan, por descabellado que fuera, seguramente tenía sentido en aquella cabeza siempre acelerada—. Bueno, siento mucho haber dicho lo que dije. Brody me había ayudado con un problema y yo solo quería ayudarlo a él.

—Estás saliendo con él. Me lo robaste.

Blair tenía cuarenta y tantos, puede que más.

Con ella era difícil saberlo porque se vestía como si tuviera más años.

Brody tenía poco más de treinta. Eso no significaba que no pudiera salir con una mujer mayor, por supuesto.

Pero no se me ocurría ninguna situación en la que pudiera encajar con Blair.

Él solo quería a alguien que lo entendiera.

Blair, a pesar de todos sus esfuerzos, no era esa persona.

Criticaba sus libros porque tenía en la cabeza una idea fija de cómo debían salir las cosas.

Brody no podría vivir una relación así. Necesitaba que lo cuidaran.

Y también necesitaba cuidar a alguien. Blair no era la clase de persona que quisiera que la cuidaran a cambio. Ella solo quería tener el control.

—Blair. —No tenía ni idea de qué iba a decir a continuación. Solo sabía que tenía que decir algo.

Sin embargo, antes de que encontrara más palabras, apareció una luz intermitente. No uno, sino dos coches de policía habían entrado en la calle, cada uno desde un extremo. Se detuvieron frente a mi casa, uno de cara al otro.

No aparté los ojos de Blair porque me parecía la opción más segura. Si era allí donde iba a estallar, necesitaba mantener la cabeza fría.

—¡Has llamado a la policía! —Blair me miró con furia, incrédula.

—Yo personalmente no —respondí—. Lo han hecho mis amigas desde dentro.

—Yo solo quería hablar. —Los ojos de Blair echaron chispas.

—Bueno, creo que lo mejor es que hables con ellos.

—No quiero hablar con ellos. —Dio un paso hacia mí y yo seguí sentada. Aquella situación exigía que todo el mundo mantuviera la calma. Ella. Yo. Y, desde luego, mi madre.

—Blair. —Mi voz era suave—. Haz lo que te digan.

Se apartó de mí y se centró en los agentes de policía, que no habían desenfundado las armas. Fue un alivio. Se acercaron a ella con calma. Ni siquiera me enteré de lo que decían. Solo observé con tristeza cómo Blair empezaba a perder la cabeza.

Gritó que no estaba haciendo nada y que no podían detenerla por no hacer nada.

Después insistió en que solo había venido a entregarme un regalo.

Una vez que los agentes la tuvieron controlada, no paraba de hablar del regalo.

En ese momento eché a andar hacia ella, ya sin preocuparme. Si podía ayudar, lo haría.

—¿Qué querías darme? —pregunté cuando estaba a unos tres metros.

Giró los ojos de golpe hacia mí, calculadora, y entonces sacó la mano de dentro de la manga. Contuve el aliento hasta que me di cuenta de que sostenía un cuaderno pequeño. Llevaba un dragón dibujado en la cubierta.

—¿Qué es esto? —pregunté, y pedí permiso con la mirada a los agentes antes de cogerlo.

Ellos asintieron.

Cuando lo abrí, no me quedó más remedio que apretar los labios para no echarme a reír. Había enumerado una por una todas sus quejas sobre los libros de Brody.

—Si vas a ser tú la que pase tiempo con él, tienes que saber cómo ayudarlo —dijo Blair.

Cerré el cuaderno y asentí.

—Lo único que quiero es ayudarlo —le aseguré.

—Eso no es lo único que quieres. —Blair hizo una mueca de asco mientras los agentes le ponían las esposas con delicadeza—. También quieres hacer cosas indecentes con él. Se te olvida que he leído tus libros. Está clarísimo que eres una guarra.

—Bueno, intentaré encontrar cierto equilibrio.

Al otro lado del coche patrulla reconocí a Brody, que llegó frenando en seco con su carrito de golf.

Parecía a punto de perder los nervios. Nuestras miradas se engancharon y el alivio de su cara me atravesó como una brisa de primavera, cálida y grata.

En ese momento supe que ya no había marcha atrás.

Me había pasado la vida entera decidida a no convertirme en mi madre. Mi mayor problema había sido creer que solo existía una manera de lograrlo. Me equivocaba. Había otro camino.

Brody se quedó allí unos instantes, hasta recomponerse, y luego echó a andar hacia mí. Miró a Blair el tiempo justo para que la confusión se le reflejara en la cara. Después, todo él fue para mí.

—Me he muerto de miedo cuando he visto los coches de policía —dijo mientras me atraía hacia sus brazos y hundía la cara en mi pelo—. Cuando ha llamado Hayley, no entendía nada de lo que me decía.

—Dábamos por hecho que era Joey —dije—. Nunca se nos ocurrió que pudiera ser Blair.

—Pero… ¿por qué?

Se separó lo justo para mirarme a los ojos.

—Quería convertirte en el mejor autor de la historia.

Él arrugó la nariz.

—No se daba cuenta de que eso puedes conseguirlo tú solo —añadí.

Su expresión se ensombreció.

—Vamos a tener que hablar de eso de salir de casa sabiendo que tenías a alguien peligroso en el jardín. No ahora, pero en algún momento.

Sonreí de medio lado.

—No era peligrosa. Solo era… una incomprendida.

Nos volvimos a mirar a Blair mientras la metían en el coche patrulla. No tenía ni idea de qué sería de ella. Aunque esperaba que recibiera ayuda.

—Tengo que decirte algo —dije cuando él se giró de nuevo hacia mí.

—¿Sí? ¿Tiene algo que ver con cenar helado en la cama?

Sonreí de medio lado.

—Creo que eso se puede arreglar. Pero no es eso lo que quiero decirte.

Esperó sin decir nada. Siempre me dejaba el espacio que necesitaba para aclarar mis ideas. Ese era su mayor superpoder.

—Te quiero —dije antes de que me lo pensara dos veces. Si tardaba demasiado en decirlo, el miedo podía ganarme la partida.

No era que necesitara oírselo decir. Para mí, esa era la parte difícil. Necesitaba ser yo la que se abriera a él. Ese era mi verdadero viaje. Nunca se había tratado de que él me quisiera.

Él sonrió de oreja a oreja.

—¿Sí?

—Sí.

Se inclinó hacia mí, con los labios suspendidos sobre los míos.

—Yo también te quiero. Creo que te he querido desde el principio.

—Desde el principio, principio, no —bromeé—. Entonces me odiabas.

Él se encogió de hombros.

—Odiar es una palabra muy fuerte para lo que yo sentía.

—Yo tampoco te odiaba.

Nos besamos. Fue intenso, pero no iba a llevar a ninguna parte. Teníamos público. Cuando me aparté, todo encajaba en mi mundo.

—¿Y ahora qué hacemos?

Su sonrisa me dijo que todo iba a salir bien.

—Lo iremos averiguando. Juntos.