25 Veinticinco #2
Dejé de escucharlos y levanté la vista hacia Brody. Me observaba con atención, y tenía corazoncitos metafóricos en los ojos. Sí, estábamos enamorados. No cabía ninguna duda. Y ahora, ¿qué se suponía que debía hacer con esa información?
UNA VEZ QUE LES PROMETIMOS A HAYLEY Y A NATHAN QUE repartiríamos mejor nuestro tiempo, nos dejaron en paz. Probé los buñuelos de caracola de Brody y la verdad es que me gustaron, y él me recompensó con un beso tan intenso que Nathan empezó a hacer ruidos de arcadas.
Cuanto más me acostumbraba a la idea de estar enamorada, más cómoda me sentía con la perspectiva.
Nunca había pensado que me enamoraría. Amor era una palabra que asociaba con mi madre, y no en un sentido positivo.
Nunca me dijo que me quería. En cambio, la soltaba sin parar cuando hablaba de sus conquistas.
No me extrañaba que aquella palabra no me despertara buenas sensaciones.
Pero Brody, no sé cómo, lograba que esa palabra fuera mágica. Con él no daba miedo. Era lo mejor del mundo.
Así que sí, lo quería. Todavía no sabía qué significaba eso a largo plazo. Aun así, por primera vez me ilusionaba la idea de descubrirlo juntos. Íbamos a estar bien porque nos teníamos el uno al otro.
Después de la cena, ya con dos cócteles encima, me lo estaba pasando bien cotilleando con Hayley entre charla y charla con los lectores, cuando capté un movimiento con el rabillo del ojo.
Al levantar la vista, descubrí a Joey observándome desde la pared del fondo.
Estaba apoyado en ella, con los brazos cruzados sobre el pecho, y la forma en que me miraba me puso la piel de gallina.
—¿Qué le pasa a ese tío? —preguntó Hayley al darse cuenta de qué me había llamado la atención.
—No tengo ni idea —respondí con un suspiro—. Al principio pensé que era solo un fan, pero no deja de venir, y su único objetivo parece ser incomodarme.
—Díselo a Annette —ordenó Hayley—. Hará que lo echen del local y que le prohíban la entrada a los próximos eventos.
—Pero técnicamente no ha hecho nada. Quiero decir, está ahí plantado y ya está.
Esa era la parte más frustrante. No se mostraba agresivo. Todo lo que hacía me parecía siniestro, pero conseguía que dudara de mí misma. ¿Me parecía siniestro porque estaba predispuesta a creerlo, o lo era de verdad?
—Si te sientes incómoda, con eso basta. —Hayley fue tajante—. No tienes por qué estar incómoda mientras haces tu trabajo. Ya le avisaron. Y sigue haciéndolo. Tiene que irse.
Giré la cabeza de golpe hacia ella.
—¿Cómo que ya le avisaron? —Yo desde luego no le había dicho nada.
—Que ya le avisaron —repitió Hayley—. Hace unas semanas, Brody y Nathan le dijeron que dejara de hacerte sentir incómoda.
Lo pillaron a la salida de uno de los locales.
No fueron groseros, pero le dejaron claro que sabían perfectamente lo que estaba haciendo.
El hecho de que siga haciéndolo demuestra que está siendo siniestro a propósito.
No sabía qué pensar de aquello. Me humedecí los labios y miré hacia Brody.
Estaba al otro lado de la sala, con cara de desear que bajara un ovni y se lo llevara.
Por supuesto, eso probablemente tenía algo que ver con que Blair estuviera sentada frente a él.
Había sacado su cuaderno de la muerte y parecía estar soltando un sermón interminable.
—¿Avisó a Joey? —pregunté en voz baja—. ¿Por qué no me dijo nada?
Hayley se encogió de hombros.
—Eso no te lo puedo responder. Solo sé que estaba preocupado y quería que te sintieras segura. —Se inclinó hacia mí—. Para que conste, creo que a ese no deberías dejarlo escapar. Nunca te he visto más feliz.
—Nunca he sido más feliz. —No tenía pensado decirlo en voz alta. Las palabras se me escaparon solas. Y no me arrepentí.
—Lo sé. Ahora solo nos queda librarnos de tu madre.
—Sí. —Me quedé ahí sentada un momento, asimilándolo todo, y luego me puse de pie.
—¿Qué haces? —preguntó Hayley.
—Librarme de Joey.
Ella sonrió.
—Bien. Nadie tiene derecho a hacerte sentir incómoda, y él lo está haciendo a propósito, sin ninguna duda.
De eso yo no dudaba en absoluto.
—¿Sabes dónde está Annette?
—Ahí fuera, en la barra —respondió Hayley—. La vi allí hace cinco minutos como mínimo.
Me encaminé hacia allí. Joey no se movió para interceptarme, pero sentí sus ojos clavados en mí. De camino a la puerta, me detuve junto a Blair y Brody.
—Tienes que dejar de hacer esto —le dije, dando unos golpecitos en el cuaderno. Por lo visto, aquella noche iba a encargarme de más de un problema—. Le haces daño cuando haces esto.
Blair pareció desconcertada.
—Solo le estoy hablando de cosas importantes. Cualquiera pensaría que querría saber cuándo comete un error.
Entender cómo funcionaba Blair fue más fácil que lidiar con Joey. Tenía mucho en común con mi madre.
—Intento ayudarlo —insistió Blair.
—No, no es verdad. —Yo estaba tranquila—. Lo haces para sentirte superior. Quieres que alguien te mire y te diga «tienes razón», pero en realidad no te importa lo que sea mejor para Brody.
—Intento ayudarlo —espetó Blair—. Tú ni siquiera formas parte de esta conversación.
—Déjalo ya. —Estaba exasperada—. No hagas que esto gire en torno a ti. Si te encantan sus libros, genial. Pero nada de lo que le dices sugiere que de verdad te gusten. No haces más que quejarte. Y luego te preguntas por qué no se alegra de verte en estos eventos.
Blair clavó los ojos en Brody.
—¿No te alegras de verme?
Brody se quedó con cara de haber sido pillado.
—Claro que sí —dijo automáticamente.
Le lancé una mirada severa y cedió.
—Me alegraría más si no trajeras siempre el cuaderno —concedió—. ¿No podemos hablar del mundo sin que me cuentes todo lo que has encontrado mal en mi manuscrito?
Blair se removió en la silla. Estaba claro que no le había gustado lo que acababa de oír. Tragó saliva y asintió.
—Por supuesto. Lo que te haga sentir más cómodo.
Le apreté el hombro a Brody y seguí hacia la puerta. Era hora de comportarme como una adulta. No tenía por qué sentirme incómoda solo por no querer armar revuelo. Había cosas por las que valía la pena luchar. Brody era una de ellas.
Aquella batalla tenía que terminar antes de poder enfrentarme a la siguiente. Quería a Brody y tenía que averiguar cómo decírselo. Pero primero había que sacar a Joey de nuestras vidas. Estaba lista para avanzar con todo ello. Por fin.