Léelo y llora (Escribir lo correcto 1) 22 Veintidós #2
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22 Veintidós #2

Era justo lo que yo quería, así que asentí y me acomodé a su lado para mirar la carta.

No conocía a nadie a quien le gustara tanto mirar cartas de restaurante.

Bree era una sibarita, pero no por los motivos habituales.

De niña había pasado hambre, y más de una vez.

Hablaba de la comida y de cómo tenía que racionar la compra que su madre se dignaba a hacerle cuando era pequeña.

Creía que eso era normal. Yo nunca le señalé que no lo era.

—¿Qué tiene buena pinta? —pregunté.

Jugaría a este juego con ella el resto de nuestras vidas, aunque me entristeciera.

—Tienen tomates verdes fritos.

—Uno de tus platos favoritos.

Me había memorizado todas sus preferencias culinarias. No era solo el desayuno lo que la hacía aferrarse a la rutina. También tenía una rotación fija de platos para la cena.

—Hay tacos de pescado —la piqué mientras la veía bajar por la carta con el dedo.

Me lanzó una mirada asesina.

—¿Qué he dicho de los tacos de pescado?

—Que deberían estar prohibidos.

A mí tampoco me entusiasmaba el pescado en un taco, pero Bree llevaba ese rechazo a un terreno muy raro. Sus opiniones siempre me hacían reír.

—Nada de pescado en los tacos —convino ella.

Emitió un murmullo que yo ya sabía interpretar: le gustaba lo que veía en la carta. Me acerqué, le besé el hombro y esperé.

—La pasta con gambas y vieiras tiene buena pinta.

Odiaba el pescado en los tacos, pero adoraba la pasta con marisco y los filetes.

—Creo que ya sé lo que vas a pedir —dije.

—¿Y tú?

Daba por sentado que a mí la comida me interesaba tanto como a ella. Yo siempre le seguía el juego porque no quería que se sintiera incómoda.

—Macarrones con queso y marisco —respondí sin pensarlo.

Ella asintió con solemnidad.

—Siempre una buena elección.

Me reí, la agarré por la cintura y le hice cosquillas, esperando el chillido que siempre soltaba. Se me ocurrió que, en muy poco tiempo, había empezado a vivir para esos momentos. ¿Qué pasaría si dejara de tenerlos? No quería ni pensarlo.

—Entonces, a escribir… —La besé—. Saldremos pronto para cenar.

—Sí. —Suspiró feliz y me recorrió la mejilla con el dedo, olvidada ya su inquietud por Joey—. Me parece un buen plan.

LA CENA TRANSCURRIÓ SIN NINGÚN PERCANCE Y, cuando Bree se disculpó para ir al baño justo cuando empezaban a llegar los lectores, me dirigí a la entrada del edificio. Hayley y Nathan ya habían llegado y la entretendrían mientras yo hacía lo que tenía que hacer.

Vendría… Joey. No me cabía la menor duda. Reconocí su silueta en el instante en que lo vi cruzar el aparcamiento. Llevaba los hombros hundidos y arrastraba los zapatos al andar. Parecía perdido en su propio mundo.

Yo no era de pelear. En absoluto. Pero pelearía para que Bree se sintiera a salvo.

Todavía me estaba armando de valor para encararme con él cuando noté una presencia a mi lado. Me sobresalté, temiendo por un momento que Bree me hubiera localizado y fuera a intentar quitarme la idea de la cabeza. Pero no era Bree. Era Nathan.

—¿Qué haces aquí? —solté.

Le había dicho que se quedara dentro vigilando a Bree, pero, como de costumbre, no me había hecho caso.

Esbozó una sonrisa tensa.

—No voy a dejar que te enfrentes a ese tío sin refuerzos.

Abrí la boca para discutir, pero me silenció negando con la cabeza.

—No. Lo inteligente es tener un testigo, por si luego le da por decir que lo amenazaste sin motivo.

No había llegado a pensar tan lejos, pero tenía sentido.

—No quiero que Bree se entere. Se va a disgustar. No le gusta que la agobien.

Por alguna razón que no alcancé a comprender, eso hizo reír a Nathan.

—Tío, está ahí dentro manteniendo una conversación muy seria con tu superfán.

Fruncí el ceño.

—¿Blair?

—Sí. Bree le está explicando por qué la lista de puntos quizá no sea la mejor manera de conseguir el reconocimiento que quiere.

—Pero ¿por qué?

—¿Estás ciego? —Nathan negó con la cabeza—. Sabe que Blair te tortura con sus listas. Intenta salvarte.

Igual que yo intentaba salvarla de Joey.

—Ah. —Se venía un momento tenso, pero la noticia me alegró—. Hasta es tierno, ¿no?

Nathan puso los ojos en blanco.

—Sí. Sois adorables. ¿Nos ocupamos de este tío y luego seguimos con lo de ser adorables, vale?

Asentí. Había que hacerlo. Bree necesitaba sentirse segura.

—Sí. Acabemos con esto cuanto antes.

Joey no levantó la vista hasta que Nathan y yo estuvimos justo delante de él. Al principio pareció sorprendido, pero luego esbozó una sonrisa chulesca.

—¿Me vais a dar una paliza, chicos? —Era casi como si nos estuviera retando a hacerlo.

—No. —Negué con la cabeza—. No hemos venido a buscar problemas. —Le había dado muchas vueltas al asunto y sabía exactamente cómo quería plantearlo—. Solo quiero que sepas algo de lo que probablemente no te has dado cuenta.

Le estaba pasando a él la pelota. No podría alegar que no sabía que su presencia incomodaba a Bree.

Sobre todo porque Nathan estaba grabando la conversación.

Eso no formaba parte del plan original, pero agradecí que se le hubiera ocurrido.

Ahora tendríamos pruebas que mostrar a los organizadores si Joey hacía algo. Podríamos echarlo.

—¿Y qué es? —Joey se cruzó de brazos.

—Estás incomodando a Bree. Seguro que no es tu intención. —Lo dije en un tono de lo más razonable—. Tienes que entender que, como hombre, no está bien que la acorrales en un pasillo ni que invadas su espacio personal.

—¿Perdona? —La ira le crispó el gesto.

—Simplemente no intentes bloquearle el paso, y si se marcha, déjala ir —continué—. Esto es un evento para los lectores. Queremos que sea divertido para todo el mundo. Y eso incluye a los autores.

Joey me lanzó una mirada asesina. No le gustaba que lo señalaran. Sinceramente, me daba igual.

—Gracias por comprenderlo —dije con falsa alegría—. Espero que disfrutes de la noche.

Dicho eso, Nathan y yo le dimos la espalda y entramos.

No había sido una amenaza, pero sí una advertencia.

Joey tenía que saber que lo estábamos vigilando y que no se le iban a permitir más tonterías.

Lo ideal sería que perdiera el interés y se marchara.

Dudaba que pasara, pero ahora, si intentaba incomodar a Bree, teníamos el vídeo para mostrárselo a los organizadores.

Conseguiría que lo expulsaran si llegaba el caso. Y tampoco me sentiría mal por ello. Necesitaba que ella se sintiera segura. Ese era mi único objetivo. Fuera como fuera, lo haría. Ella era así de importante para mí.