19 Diecinueve #2
No había ninguna razón para decir no. Éramos amigos. Lo habíamos demostrado en las últimas dos semanas. No había nadie con quien me sintiera más cómoda que con Brody. Tenía amigas —Paisley y Hayley, sobre todo—, pero Brody las había desplazado rápidamente como la persona con la que hablaba de todo.
—¿Estás seguro? —pregunté al final.
Él asintió.
—Necesitas una copa. —Lanzó una mirada sombría hacia Joey, al que nos acercábamos a paso rápido—. Y yo desde luego necesito una. ¿Qué te parece si nos centramos en relajarnos y ya nos preocupamos mañana de recoger el escúter?
—Esta no es tu manera rebuscada de decirme que no vas a volver a subirte al escúter, ¿verdad?
Esbozó una sonrisa ladeada.
—Me voy a arrepentir de contarte esto. —Bajó la voz hasta un susurro conspirador—. La verdad es que me ha gustado ir en el escúter. No mentía cuando lo dije.
—Lo sabía.
Tuve que contenerme para no levantar el puño en señal de victoria.
Él puso los ojos en blanco.
—No creo que aquí sirvan comida. Solo bebidas.
Tomamos un par de copas y luego pillamos comida china.
—Señaló con la cabeza el Flock to the Wok—.
Después cogemos un Uber a casa. Mañana por la mañana volvemos aquí en Uber, recogemos el escúter y pasamos el día en esta parte de la ciudad. Necesito inspiración nueva.
La última parte se la estaba inventando. Había estado escribiendo como un poseso. Pero le estaba tan agradecida por hacer de escudo frente a Joey que me limité a asentir.
—Yo pago la comida china y el desayuno —dije—. Y también el Uber.
—Eso ya lo discutiremos luego.
—No hay nada que discutir. Es una condición y no se negocia.
Suspiró.
—Vale. Pero las copas las pago yo cuando entremos.
Fruncí el ceño al darme cuenta de que me había engañado. En un sitio como ese, las copas serían carísimas.
—Mmm…
—De eso nada. Trato hecho.
Al pasar, Brody le dedicó a Joey una sonrisa seca, pero por lo demás lo ignoró.
—Relájate —me susurró, con los labios muy cerca del borde de la oreja, lo que me puso la piel de gallina—. Tenemos un plan. Todo va a ir bien.
JOEY ACABÓ SIGUIÉNDONOS AL bar, pero estaba malhumorado y mantuvo las distancias. Puede que fuera porque Brody no se alejó de mí más de tres metros en toda la noche. Aunque también podía haber otra razón. La verdad es que no lo tenía claro.
En cualquier caso, después de más de una hora enfurruñado junto a la barra y lanzándonos miradas asesinas, Joey desapareció. Solo entonces pude respirar tranquila. Como ya iba por mi tercer martini de naranja sanguina, Brody y yo optamos por ceñirnos al plan original.
—Tienes la lengua roja —observó Brody mientras yo daba un sorbo a un martini recién servido.
Sonreí de oreja a oreja y se la saqué. Estaba achispada, no había forma de negarlo. Y eso me volvía coqueta. O Brody no se había dado cuenta, o no le importaba que mis risitas se hubieran multiplicado de forma notable en la última hora.
Él me devolvió una sonrisa ladeada y bebió de su cóctel. Se había decidido por algo llamado «resurrección» y parecía estar pasándolo bien. Bueno, salvo por una cosa. Y esa cosa estaba sentada frente a él y nos lanzaba miradas furibundas cada vez que nos dirigíamos la palabra.
Como era de esperar, Blair había traído su cuaderno.
Esa noche estaba decidida a ponerle peros a las escenas de lucha.
No le había dado un respiro a Brody desde el instante en que se sentó frente a él.
Como él me había salvado a mí, yo quería salvarlo a él.
Pensé que, si me ponía lo bastante insoportable, Blair pasaría a otro autor y lo dejaría respirar.
Al parecer, había subestimado lo tozuda que era.
—Es imposible —insistió ella.
Lo decía absolutamente en serio. Por lo que había podido ver, no bebía nunca.
Y no es que tuviera nada de malo. Por mucho que yo rezara para que esa mujer se relajara, tampoco el alcohol era siempre la respuesta.
Ni siquiera en el Sur. Además, a lo mejor estaba en rehabilitación.
Pero era tan terriblemente seria… Me ponía tensa solo con estar a su lado.
—¿Qué es imposible?
Brody sonaba cansado, lo que solo me hizo sentirme peor por él.
—Es imposible que Markham suba corriendo una colina y coja impulso suficiente para dar un mortal hacia atrás y caer detrás de su enemigo —argumentó Blair—. Es que no hay manera, vamos.
Brody la miró con expresión amable.
—Lo tendré en cuenta. ¿Es todo lo que traes en la lista esta noche?
Blair entrecerró los ojos.
—En realidad no has explicado por qué elegiste un movimiento que no se puede ejecutar físicamente, así que no he terminado.
—Vale. —Brody se hundió en la silla.
Blair lo había dejado sin una gota de vida y eso me llenó de rabia. «¿Por qué siempre tiene que meterse con él?»
—¿Eso es todo? —La voz de Blair subió un tono y presentí que estaba a punto de perder los papeles de forma espectacular—. ¿Eso es todo lo que vas a decir?
Consciente de que tenía que intervenir, me planté una sonrisa radiante en la cara.
—Markham es un elfo —espeté—. Las leyes de la física humana no valen para los elfos. Pueden hacer más cosas que nosotros.
Blair empezó a negar con la cabeza de inmediato.
—Incluso para un elfo sería imposible.
Era una persona irritante. Intenté recordarme que probablemente estaba sola —¿por qué otro motivo iba a obsesionarse tanto con sacarle defectos a los libros de Brody?—, pero estaba demasiado indignada en su nombre como para medir mis palabras.
—¿Has visto El Señor de los Anillos? —pregunté.
Brody levantó la vista de golpe hacia mí, aparentemente confundido. Le ofrecí una sonrisa tranquilizadora, pero volví a centrar la atención en Blair.
—Sí —respondió ella con desconfianza.
—¿Y has visto las cosas que es capaz de hacer Légolas en esas películas?
Captó al instante por dónde iba y negó con la cabeza.
—No es lo mismo.
—Es ficción —le solté.
No quería ser grosera con ella, pero resultaba agotadora.
—A veces, con la ficción, hay que dejar la incredulidad a un lado. Es la única forma de poder disfrutarla.
—Pero…
—Ficción —repetí, incapaz de contener el mal genio—. Relájate un poco, Blair. Disfruta de la historia. No te obsesiones con los detalles.
Nos miró a los dos y hubo un momento en el que estuve convencida de que iba a empezar a gritar. Fue como si se le hubiera activado un interruptor en la cabeza. Al final, asintió.
—Está bien. —Se puso de pie con determinación—. Supongo que por esta noche he terminado.
—Genial. —Le dediqué una sonrisa enorme—. Muchísimas gracias por venir.
Pretendía ser amable, pero sonó sarcástico. No me disculpé.
—Sí, bueno, disfrutad del resto de la noche.
El tono de Blair fue gélidamente remilgado.
—Lo haremos. —La despedí con la mano mientras se marchaba hecha una furia.
—No hacía falta que hicieras eso —dijo Brody cuando ella ya no podía oírnos—. Desde que empecé a tratar con ella me he echado tanto callo que ya ni me lo planteo.
—Te está torturando. Tiene que dejarlo ya.
—No se da cuenta de que me está torturando.
—Pues quizá debería darse cuenta.
Él se encogió de hombros.
—¿Quieres otra copa?
Me reí y me quité de la cabeza a Blair y su enfado.
—Ahora sí que hablas mi lenguaje del amor.