Léelo y llora (Escribir lo correcto 1) 11 Once #2
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11 Once #2

El resto del camino, que por suerte fue corto, lo hicimos en silencio.

Todavía estaba dándole vueltas a la mejor forma de despedirme de él cuando una figura apareció en el camino de entrada de mi casa.

Me quedé clavada en el sitio en cuanto vi aquella silueta familiar.

Ese pelo largo y ese saludo bobo con la mano los reconocería en cualquier parte.

—Bree-Bree —exclamó una voz cantarina—. ¡Ya estoy aquí!

Lo dijo como si yo tuviera que estarle agradecida. No respondí. Me quedé mirándola, estupefacta.

Más que verlo, lo sentí: la mirada de Brody se desvió hacia un lado de mi cara.

—¿Quién es esa?

No lo culpaba por estar desconcertado. Mi madre no se vestía como el resto de la gente de The Landings.

Para Sylvia James no existían los colores apagados.

Estaba convencida de que el rojo y el rosa no chocaban entre sí y se ponía fluorescente encantada de la vida si le daba por ahí.

Ese día llevaba unas mallas de un morado violento con lo que parecían ser calabazas estampadas —señal de que las había pillado en el expositor de saldos de Halloween— y un top turquesa que se le resbalaba por los hombros.

Sabía sin necesidad de mirar que no llevaba sujetador. Nunca lo llevaba.

—¡Bree-Bree! —chilló al ver que no respondía de inmediato—. He venido a verte, como te dije que haría.

Sí que había dicho que vendría de visita.

Mi madre decía cosas así a menudo y luego no las cumplía.

Bueno, sabía que tarde o temprano acabaría dando conmigo —buscaría The Landings y se daría cuenta de que era un terreno de caza fértil—, pero esperaba que pasara al menos un año antes de tener que lidiar con ella.

Si se presentaba ya, era porque se traía algo entre manos.

—Mamá.

No sabía qué más decir, sobre todo porque notaba que Brody intentaba asimilar el cambio de temperatura de mi estado de ánimo. Sesenta segundos antes tenía la ropa empapada de sudor. Ahora era como si hubiera entrado un frente frío. Era imposible que no se diera cuenta.

—¿Esa es tu madre? —Brody tenía toda su atención puesta en ella, así que se perdió la mirada furtiva que le lancé.

No era que me avergonzara de mi madre —bueno, casi—, pero no quería exponerlo a ella.

Mi madre era mucho para cualquiera. Incluso los días en que prometía pasar desapercibida, se pasaba de la raya.

Él se había criado con una madre con la que seguía saliendo a pasear aunque estuviera muerta, solo porque quería sentirla cerca. Mi madre lo iba a arrollar.

—Por desgracia —respondí entre dientes.

Brody no era un tipo decidido. Eso lo había averiguado incluso antes de nuestra tregua.

Por eso se quedó congelado a mi lado mientras mi madre bajaba apresurada por el camino de entrada para interceptarme con lo que sabía que sería un abrazo desmedido.

Mi madre fingiría una relación estrecha conmigo porque sabía que eso la beneficiaría a ojos de la gente de la que me rodeaba.

No había situación que no quisiera volver más incómoda.

Para mi sorpresa, Brody se acercó un poco más, como adoptando una postura protectora. ¿Pensaba interponerse entre mi madre y yo? Desde luego, daba esa impresión.

—Hola —dijo él, atrayendo la atención de mi madre—. Soy Brody Bates. —Le tendió la mano—. Encantado de conocerla.

No tenía ni idea de qué estaba haciendo. Puede que él tampoco. Mi madre, como de costumbre, lo evaluó de inmediato; la mirada se le detuvo en lo que yo sabía que eran unos zapatos carísimos y luego se plantó una sonrisa radiante en la cara.

—Sylvia James. —Le estrechó la mano y se la sacudió con entusiasmo—. Soy la madre de Bree.

—Ya me lo había imaginado. —Brody desprendía más encanto del que le había visto nunca.

Me di cuenta de que había vuelto a ser el niño que tenía que dar el espectáculo para su padre. Odiaba que sintiera que debía hacerlo por mi madre, pero a la vez se lo agradecía, porque esa distracción me estaba permitiendo recomponerme.

—¿Es tu novio? —Mamá le lanzó a Brody una mirada coqueta—. Espero que sí, porque es… bueno, es un auténtico bombón.

Conseguí disimular que ponía los ojos en blanco. Por los pelos.

—Somos amigos… o colegas —rectifiqué, de repente nerviosa. Lancé una mirada interrogante a Brody.

Se mantuvo tranquilo bajo presión, lo que me descolocó.

—Amigos. Somos amigos.

—¿Nada más? —Mamá pareció decepcionada.

—Nada más. —La mano de Brody se posó en mi espalda, que milagrosamente ya no estaba sudada. Me dedicó toda su atención—. Te dejo con tu madre, si te parece bien. —La mirada que me echó prometía que se quedaría si no me parecía bien—. O sea, si es lo que quieres.

Lo último que quería era quedarme a solas con mi madre. Pero no pensaba exponerlo a los caprichos de Sylvia James.

—Estoy bien. —Logré esbozar una sonrisa tranquilizadora, aunque me costó esfuerzo—. No te preocupes por mí. Creo que mi madre y yo tenemos que ponernos al día.

Titubeó un instante. Cuando apartó la mano de mi espalda, sentí frío.

—Hablamos pronto —prometió mientras echaba a andar calle abajo.

Lo vi alejarse mientras asentía con la cabeza, hasta que recordé que un asentimiento no se oye.

—Sí. Hablamos pronto.

Mi madre se abalanzó en cuanto él no pudo oírnos.

—Es muy guapo. ¿Cuánto tiempo lleváis juntos?

No pude contener el suspiro. Mi madre era capaz de agotarme con la simple promesa de una conversación innecesaria.

—Solo somos amigos, mamá. Es otro autor.

—¿Y vive cerca? —Casi podía oír los engranajes de su cabeza girando.

—Olvídate de Brody. ¿Por qué no me cuentas qué haces aquí, eh?

Yo le leía a mi madre mejor que nadie y, aun así, seguía representando sus numeritos conmigo. Entonces adoptó una expresión dolida.

—Te comportas como si no te alegrara verme. —Hizo un puchero.

Aunque sabía perfectamente quién era y qué estaba haciendo, nunca conseguía obligarme a ser cruel con mi madre. Simplemente, no era capaz.

—Me alegra verte. —¿Era mentira? Puede que un poco—. Solo me da curiosidad saber por qué te presentas sin avisar.

—Mi hija se ha comprado su primera casa.

Traducción: quería ver cuánto dinero podía sacarme con labia.

—Está en una zona genial —continuó.

Traducción: aquello era un coto de caza lleno de presas.

—Hace siglos que no pasamos tiempo juntas porque estás ocupadísima —añadió.

Traducción: tenía un plan y yo formaba parte de él.

La miré de reojo; la incomodidad me revolvía el estómago. Al final, forcé una sonrisa que no sentía.

—Bueno, deja que me arregle un poco. Luego te invito a comer.

Dio una palmada.

—He oído que por aquí hay unos restaurantes increíbles.

Cómo no, lo había buscado. Le estaba poniendo las cosas en bandeja y no parecía capaz de evitarlo.

—Mira en internet. Elige el que quieras. Puedo estar lista en cuarenta minutos.

Los dientes, que parecían nuevos, le brillaron al sonreír.

—Perfecto.