9 Nueve #2
—Eres mi autor favorito de todos los tiempos —le dijo a Brody con entusiasmo.
—Es muy halagador —respondió Brody—. Te lo agradezco. Lo hago todo por los fans.
Puse los ojos en blanco. Por supuesto, escribir no sería ni la cuarta parte de divertido si no fuera por los fans, pero la mayoría de nosotros lo hacíamos para no pasar hambre.
Era gratificante poder ganarnos la vida con lo que nos apasionaba.
La mayoría de la gente no podía decir lo mismo, y yo era consciente de la suerte que tenía.
Aun así, si no pudiera pagar las facturas, escribir no sería más que un pasatiempo nocturno mientras intentaba no quedarme sin techo.
—Basílica es mi personaje favorito de todos los tiempos.
Blair ni siquiera se daba cuenta de que yo estaba en el mismo planeta que ella, y mucho menos en el mismo bar.
—No puedo evitar sentir que está basada en mí.
Apreté los labios para no reírme de la cara de desconcierto de Brody.
Parecía sinceramente confundido. Blair rondaría los cuarenta, si tuviera que adivinar, aunque el peinado me hizo replantearme esa suposición.
Llevaba lo que yo llamaba flequillo de guardería.
Es el que sale cuando a las madres se les acaba la paciencia con el pelo de sus hijos y se lo cortan a tijeretazos para que no les caiga en la cara.
No era un flequillo ligero y vaporoso ni nada ni remotamente favorecedor.
Era la frente entera cubierta de flequillo, que además se extendía hacia los lados.
De esos que tardan años en dejar crecer.
Tenía el pelo rubio miel, aunque las cejas oscuras, lo que delataba que aquel color era obra del papel de aluminio y el secador.
Llevaba una falda de cuadros con volantes justo por debajo de la rodilla.
La camiseta era de algodón, serigrafiada, y solo cuando me moví en la silla me di cuenta de que tenía una cara enorme que se extendía a lo ancho de su generoso pecho.
En serio, sus pechos eran impresionantes.
Yo era una copa B en toda regla, pero ella tenía que gastar una copa E, si eso existía.
En cuanto a la cara, me resultaba familiar. Era la de Brody. Era la foto oficial de su página de autor.
Tuve que tragarme unas ganas locas de reír. Cuando por fin conseguí cruzar la mirada con Brody, me esperaba un desafío. Me estaba retando a decir algo sobre la camiseta. O puede que me estuviera suplicando en silencio que lo salvara. En cualquier caso, no era tonta. No dije nada.
—Basílica también es uno de mis personajes favoritos —dijo Brody—. Es una gran villana.
Blair frunció el ceño.
—¿Villana?
Yo había leído el libro en cuestión. En realidad, había leído los dos libros de Brody.
Fue después del incidente en la convención, cuando él aseguró que le había arruinado la vida.
Me llegó el rumor de que estaba perdiendo los papeles por mi culpa, así que, naturalmente, eso significaba que quería leer su obra y hacerla pedazos.
Pero no pude. Era demasiado buena. La fantasía épica ni siquiera era lo mío y, aun así, la historia me atrapó desde la primera página.
Como fan ocasional de El Señor de los Anillos, no tenía ni idea de que la construcción de mundos en la fantasía épica pudiera ser tan grandiosa.
Brody me dio una lección en ese sentido.
Por eso, cuando se hizo evidente que Blair iba a explotar, salí al rescate de Brody sin ni siquiera darme cuenta de lo que iba a hacer.
—Basílica es uno de esos personajes con matices —intervine—.
No es una sola cosa, ni buena ni mala. Es una antagonista por exigencias de la trama, lo que significa que no tendrá un final feliz, pero no todos los personajes pueden tenerlo.
Los personajes más complejos son los que siguen adelante sin un final a la vista.
Creía que estaba siendo profunda. La mirada asombrada de Brody sugería que había dado en el clavo. Blair, sin embargo, debió de opinar lo contrario.
—Estaba hablando con Brody —dijo ella en tono sombrío.
Me quedé en la silla lo que se me antojó una eternidad y luego me levanté.
—Claro.
Miré a Brody y me pregunté fugazmente si le diría algo a Blair, pero él se quedó ahí sentado, como un conejo deslumbrado por los faros de un coche.
—Claro —repetí mientras rodeaba la mesa—. Voy un momento al baño.
Dejé que Blair despellejara a Brody —porque era exactamente lo que iba a ocurrir— y me dirigí al pasillo que llevaba a los baños.
Blair era una superfán en el peor sentido posible.
Creía que podía obligar a Brody a cambiar la historia a su gusto y no iba a aceptar un no por respuesta.
Bueno, si él quería lidiar él solo con ese tipo de fan, allá él. Yo solo intentaba ayudar.
Me tomé mi tiempo en el baño. Una parte de mí quería dar la noche por terminada porque estaba cansada.
La otra quería hacer sufrir a Brody antes de volver y servir magnánimamente de distracción.
Entonces sí me suplicaría que lo ayudara.
¿Y lo haría? Por supuesto que no. Ya lo había hecho una vez y me había salido el tiro por la culata.
De ninguna manera iba a volver a jugarme el cuello.
Estaba tan perdida en mis fantasías de venganza que no prestaba atención cuando salí del baño y choqué sin querer con alguien que estaba apoyado en la esquina de la pared que separaba el baño de hombres del de mujeres.
—Lo siento mucho —dije automáticamente, con las manos en alto para no chocar con él—. No te había visto.
El hombre se giró despacio y se me cayó el alma a los pies cuando le vi la cara.
—Vaya, hola otra vez —dijo Joey arrastrando las palabras con lo que probablemente consideraba una voz encantadora.
Para que quede claro, estaba bastante lejos de ser encantadora. Era… untuosa. Esa era la mejor palabra que se me ocurría para describirla.
—Hola —dije, sin que se me ocurriera nada más—. Yo… eh…
A lo largo de la última semana y media me había convencido de que había exagerado con Joey. Era solo un tío que una noche había bebido más de la cuenta y creía que estaba coqueteando. No era para tanto.
Ahora, al verlo otra vez, la incomodidad volvió de golpe.
—Me alegro de volver a verte.
Se inclinó hacia mí y di un paso atrás sin querer.
—Esperaba volver a encontrarme contigo.
Pues solo uno de los dos lo esperaba. Seguía dándole vueltas a cómo librarme de la situación —el pasillo era pequeño y angosto, y no había salida alguna a menos que quisiera atrincherarme en el baño— cuando apareció alguien al fondo del pasillo, detrás de Joey.
No pude distinguirle las facciones. Joey estaba demasiado cerca y no había manera de ver más allá de él.
Aunque sí reconocí los pantalones caqui.
—¡Aquí estás!
Brody no sonaba impaciente ni tampoco enfadado. Pasó el brazo por detrás de Joey y me cogió la mano. No me resistí. Al contrario, entrelacé los dedos con los suyos.
—Te estaba esperando. ¿Lista para cenar?
«¿Cenar? ¿De qué está hablando?» Entonces me di cuenta de que me estaba salvando, asentí y le busqué la mirada por encima del hombro de Joey.
—Estoy muerta de hambre —dije, un poco sin aliento, olvidada ya la irritación de unos momentos antes—. Estoy más que lista para cenar.