Léelo y llora (Escribir lo correcto 1) 4 Cuatro #2
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4 Cuatro #2

—Ah. —No se le notó ni pizca de vergüenza—. Genial. —Cogió la hoja y la miró—. Solo lo de arriba, entonces —dijo tras una pausa.

Asentí.

—Vale. Eh… ¿Prefieres esperar y que te pague la factura final o quieres que te haga un cheque ahora?

Estaba siendo demasiado razonable. No era lo que yo esperaba.

—Puedes pagar solo la factura final.

Por alguna razón, me salió un tono de niño enfurruñado.

—Vale. —Sonrió sin más.

Seguí mirándola con mala cara.

—¿Eso es todo? —insistió al cabo de un momento—. Estoy en medio de algo.

—Ya lo he oído. Colmillos de vampiro y vaginas.

—Oh, puede que lo use como título. Qué tierno.

Puse los ojos en blanco.

—¿De verdad estabas dictando mientras deshacías las cajas?

Se encogió de hombros.

—¿Tienes algún problema con la forma en que escribo mis libros?

—No, es que nunca había conocido a nadie capaz de hacer dos cosas a la vez de esa manera.

—Soy un as de la multitarea. También sé andar y mascar chicle a la vez, comer mientras veo la tele y leer con una mascarilla hidratante puesta.

—Suena mágico —dije con sequedad.

A ella se le curvaron los labios, pero no se rio.

—¿Debo entender que tú no puedes dictar mientras deshaces cajas?

—No puedo dictar, y punto.

Puede que por eso estuviera de tan mal humor.

—Lo he intentado. No hablo como escribo. Es raro.

—Yo tampoco.

—Acabo de oírte dictar.

—Una escena de sexo —dijo ella—. Dicto sobre todo esas y los diálogos. Las escenas de sexo son genéricas. Las monto en mi cabeza, como haría un director. Suelto lo básico y luego, al editar, les doy vidilla.

Nunca me lo había planteado así.

—Los trols y los elfos no tienen sexo en tu mundo, ¿verdad? —insistió ella.

—Seguro que sí. Solo que yo no lo escribo.

—Qué suerte la tuya. —Se inclinó, recogió la lencería y la lanzó a una caja antes de erguirse—. ¿Necesitas algo en concreto?

«¿Necesito algo?» —Supongo que no —dije—. Solo quería dejarte eso. Estaba descansando de las palabras. Dando un paseo, ya sabes. Y he decidido pasarme por aquí para quitarme dos cosas de la lista.

—Qué práctico —dijo ella arrastrando las palabras, con una sonrisa asomándole en los labios.

—Soy un tipo práctico.

—No lo dudo.

Bree estiró el cuello hacia un lado y hacia el otro.

Me di la vuelta para marcharme. Literalmente no quedaba nada más que decir.

Habló antes de que pudiera desaparecer.

—No sabía que vivías aquí.

Me giré de nuevo.

—¿Y cómo has acabado tú aquí?

Me había dado pie. No pensaba desaprovecharlo.

—Pasó así, sin más. Estaba buscando un sitio nuevo donde vivir. Quería dejar atrás la nieve. Hay pocas cosas que deteste más que la nieve.

—Te entiendo perfectamente.

Intenté sonreír, pero no fui capaz.

—Savannah es una de mis ciudades favoritas. Dudaba entre aquí y Nueva Orleans. Los huracanes inclinaron la balanza.

—Aquí también tenemos huracanes —objeté.

—Sí, pero no tantos. Además… me gusta la idea de una escritora de paranormal viviendo en Savannah. Odio la parte de marketing de este trabajo. Entre los cementerios y los cócteles temáticos de aquí, la mayor parte de mi promoción va a ser pan comido.

Me rasqué la mejilla.

—Yo también odio el marketing. No hago mucha.

—Yo intento ser lo más genérica posible. Fotos de mis cócteles temáticos. Haré algún tour por aquí, algún evento con lectores.

Me tensé.

—Sí, se te dan de maravilla los eventos con lectores.

Esbozó una sonrisita ladeada.

—No te preocupes. No pienso invitarte. Ya tengo todo el verano organizado. Lo lleva mi editorial. No tienes que preocuparte por que me meta en tu terreno.

Sonó arrogante, y eso solo consiguió ponerme de los nervios.

—Yo también tengo la promoción del verano organizada —dije. No era la única con una editorial detrás—. Es el Summer Loving Author Tour. Tengo varias fechas al mes durante todo el verano.

Palideció dos tonos.

—¿Qué?

El cambio en su actitud me descolocó.

—No es solo para autores de romántica, aunque se llame Summer Loving. Es para cualquier libro que encante a los lectores.

—Sé lo que es. —Negó con la cabeza—. Es el tour en el que estoy yo.

Tenía que estar de broma.

—Tú no publicas con mi editorial.

—No, pero no es de una sola editorial. El evento lo crearon cuatro editoriales distintas. Es su manera de repartirse el coste y el trabajo de organización.

Eso era… algo que yo no sabía.

—¿Lo tienes muy claro?

—Me sé el nombre del tour. Firmé la semana pasada. Mi editorial se lanzó de cabeza cuando supo que me mudaba aquí. Por lo visto les quedaba un hueco en el calendario y estaban encantados.

Me pasé la lengua por los labios.

—Podrías librarte —dije al fin.

Eso pareció ponerla a la defensiva.

—¿Y por qué iba a querer librarme?

—Porque yo firmé primero.

—Repito: ¿por qué iba a querer librarme?

—Porque nos odiamos. «¿Cómo puede costarle tanto entenderlo?»

—No te odio. No me caes especialmente bien, pero no te odio. Ni siquiera te conozco.

No se lo creía ni ella.

—No quiero discutir esto contigo. No escribimos lo mismo. No deberíamos estar en el mismo evento.

—Sabrás que a los lectores les puede gustar más de un género, ¿no? —me desafió.

—No digo que no puedan. Digo que tú y yo no tenemos nada en común y no deberíamos compartir gira.

—No sé. Yo me lo pasé genial la última vez que coincidimos en un evento.

Bree me estaba vacilando. Y encima lo disfrutaba.

—Escucha…

Me cortó negando con la cabeza.

—Tengo que volver al trabajo. Se me echa encima la fecha de entrega de un libro y la mudanza me ha llevado más tiempo del que esperaba. Tengo que ponerme las pilas.

—Deberíamos hablar de esto —insistí.

—Da igual. Está hecho. ¿No puedes aguantarte y ya?

Lo último que quería hacer era aguantarme nada.

—¿Y tú no puedes librarte?

—No. Si quieres librarte tú, allá tú. Pero yo, cuando digo que voy a hacer algo, lo hago.

Su tono me dejó claro que la conversación había terminado.

—Ya te haré llegar la factura final.

Temblaba de rabia cuando me di la vuelta para marcharme.

—Lo esperaré con impaciencia.

—Seguro que sí.