Lecciones para una impostora: Oxford no admite señoritas 21 #2
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—Porque es cierto. Esto es Oxford. Si alguien descubre que una mujer ha vivido aquí disfrazada de hombre durante meses…

Anthony lo interrumpió.

—¿Qué ocurrirá exactamente?

Cedric frunció el ceño.

—El escándalo destruirá esta institución.

Anthony soltó una risa incrédula.

—¿Destruir Oxford?

—¡Sí!

—Por una mujer inteligente estudiando entre nosotros —se burló Anthony. Cedric abrió la boca inmediatamente y Anthony dio otro paso más hacia él — ¿Ese es el gran crimen? ¿Que sea más brillante que la mitad de los hombres de este colegio?

—Eso no es lo importante y lo sabes.

—Claro que lo es.

Cedric apretó la mandíbula.

—Las normas existen por algo —protestó Cedric.

—Y Eleanor ha demostrado perfectamente lo ridículas que son.

Cedric volvió a mirar hacia ella un instante. Eleanor seguía completamente quieta y vulnerable. Anthony seguía delante de ella como si fuese literalmente incapaz de permitir que el mundo la alcanzara.

Cedric soltó aire lentamente.

—Esto acabará saliendo a la luz.

Anthony lo observó unos segundos.

—¿Qué quieres?

Cedric frunció el ceño.

—¿Perdón?

—¿Dinero? ¿Favores? ¿Influencia?

Cedric pareció ofendido ante tal ofrecimiento.

—¿Crees que esto tiene algo que ver con dinero?

Anthony sostuvo su mirada.

—Todo en Oxford suele tenerlo.

—No necesito tu maldito dinero —le escupió.

—Entonces, ¿qué?

Cedric dio un paso hacia él.

—Alguien tiene que proteger el honor de esta institución.

Anthony sonrió sin un atisbo de humor.

—¿El honor? ¿Tú lo protegerás?

—Sí.

—¿Qué honor exactamente, Cedric? —Anthony continuó, más duro esta vez—. ¿Crees que el hecho de que ella esté aquí estudiando le quita dignidad a Oxford? Porque yo creo que la deja bastante mejor que muchos hombres que he visto pasar por estos pasillos.

Cedric apretó la mandíbula.

—¡Ha engañado a toda la universidad!

—Porque no le dejabais otra opción. —Aquello cayó en mitad de la habitación como un golpe seco.

Cedric se quedó callado un instante y Anthony aprovechó ese silencio—.

Dime sinceramente algo —continuó más bajo—.

Si Eleanor hubiese nacido hombre, ¿alguien cuestionaría que merece estar aquí?

—Cedric no respondió porque ambos conocían ya la respuesta—. Exacto.

El silencio se volvió pesado. La lluvia seguía golpeando las ventanas mientras Cedric parecía debatirse entre la rabia y algo mucho más incómodo. Entendía lo que Anthony estaba diciendo y eso lo irritaba todavía más.

Finalmente, volvió a endurecer la expresión.

—No importa. Sigue siendo un escándalo.

Anthony cruzó los brazos lentamente.

—Entonces tendremos opiniones distintas sobre qué merece escandalizar a Inglaterra.

Cedric soltó una risa breve y seca.

—Esto acabará explotando igualmente.

—Quizá.

Cedric terminó apartándose hacia la puerta, furioso, y claramente mucho más afectado de lo que quería admitir.

Antes de salir volvió a mirar a Anthony.

—Terminará destruyéndote.

Anthony ni siquiera dudó.

—Entonces, al menos, habrá valido la pena.

Cedric sostuvo su mirada un segundo más y luego salió de la habitación cerrando la puerta con fuerza tras él. El sonido resonó en toda la estancia como el principio de algo mucho más peligroso.

El silencio que quedó en la habitación después de que Cedric se marchara resultó casi peor que la discusión previa. Anthony permaneció inmóvil unos segundos mirando la puerta cerrada, pensando.

Conocía perfectamente a Cedric Montague y sabía que aquello no terminaría allí. Cedric no era un hombre cruel, pero sí orgulloso, rígido y peligrosamente convencido de hacer siempre lo correcto. Y, ahora, cargaba sobre los hombros un secreto capaz de incendiar Oxford entero.

Anthony cerró lentamente los ojos un instante.

Maldición, había intentado protegerla todo el tiempo, mantenerla lejos de las consecuencias, comprarle semanas, meses quizá, pero aquello…

aquello acababa de cambiarlo todo. Una vez que otra persona conocía el secreto, el tiempo comenzaba a correr en su contra, y Anthony sabía perfectamente cómo terminaban los rumores en instituciones como Oxford: con expulsiones, escándalos y mujeres destruidas públicamente mientras los hombres discutían sobre moralidad alrededor de una mesa.

Sintió una rabia fría subirle lentamente por el pecho. No permitiría que le ocurriese eso a Eleanor, jamás.

Respiró hondo antes de girarse finalmente hacia ella. El corazón se le rompió un poco al verla. Seguía junto al espejo, temblando, sujetándose todavía la camisa contra el cuerpo mientras las lágrimas caían silenciosamente por sus mejillas.

Anthony cruzó la habitación inmediatamente y, esta vez, no dijo nada al principio, simplemente la abrazó. La atrajo contra él con firmeza, rodeándola completamente mientras Eleanor terminaba escondiendo el rostro contra su pecho, como si ya no pudiera sostenerse sola.

Anthony cerró los ojos un instante al sentir cómo empezaba a llorar de verdad. Aquello lo destrozó por dentro.

Le acarició lentamente el cabello mientras ella temblaba entre sus brazos.

—Shhh… —murmuró cerca de su frente—, mírame.

Eleanor negó ligeramente con la cabeza.

—Cedric no va a parar… —susurró ella con la voz rota—. No va a quedarse callado… terminará yendo al rector…

Anthony guardó silencio un segundo. Sabía que ella estaba en lo cierto, así que mentirle ahora sería inútil.

—Sí —admitió finalmente en voz baja—. Probablemente lo hará. —Ella se aferró un poco más fuerte a su camisa al escucharlo y Anthony apoyó la mejilla contra su cabello húmedo—. Pero no voy a dejarte sola en esto.

Eleanor se apartó para mirarlo con los ojos brillantes, asustada de verdad.

—No —susurró rápidamente—. No quiero que esto te arrastre conmigo.

Anthony frunció el ceño.

—Demasiado tarde para eso.

—Anthony…

—Eleanor, mírame. —Ella levantó la vista y él le sostuvo el rostro con ambas manos, cuidadosamente—. No pienso apartarme de ti.

La forma en que lo dijo… tan firme y tan segura, hizo que Eleanor lo abrazara de nuevo.

—Pueden destruir tu reputación —susurró ella—. Tu familia… Oxford… eres el futuro duque de Ravensmere y…

Anthony sonrió suavemente esta vez.

—Y tú eres la mujer con la que voy a casarme. —Aquellas palabras terminaron de romperle el corazón—. No voy a mirar atrás dentro de veinte años preguntándome qué habría ocurrido si hubiera dejado sola a la persona que amo solo porque unos cuantos aristócratas pomposos decidieron escandalizarse.

Eleanor soltó una risa rota entre lágrimas.

—Hablas fatal de tu propia clase social.

—Porque la conozco demasiado bien.

Ella volvió a esconder el rostro contra él y Anthony la abrazó más fuerte, protector y cálido.

—Todo esto es culpa mía… —murmuró ella.

Anthony negó suavemente.

—No. La culpa es de un mundo que obligó a una mujer brillante a disfrazarse de hombre para poder estudiar.

La lluvia seguía cayendo fuera, constante y suave.

Eleanor permaneció abrazada a él durante largo rato, escuchando los latidos tranquilos de su corazón mientras Anthony seguía acariciándole lentamente el cabello.

Y, aunque se sentía completamente segura entre sus brazos, una parte de ella comprendió algo dolorosamente inevitable: aquellos días junto a él en Oxford habían sido demasiado perfectos para durar eternamente.

Una pequeña felicidad robada al mundo, escondida entre pasillos antiguos, libros prohibidos y besos a medianoche.

Quizá por eso mismo dolía tanto entender que incluso las historias más hermosas terminaban, tarde o temprano, encontrando el momento exacto en que la realidad venía a reclamarlas.