20 #2
—Claro que sí.
—No lo soy.
—Entonces ven conmigo. —Hizo un gesto gracioso con su rostro—. Te gusta muchísimo hacerte la escandalizada, pero hace dos noches prácticamente me arrancabas la camisa…
—¡Habla más bajo! —le advirtió.
—… con los dientes. —Anthony ya estaba disfrutando aquello otra vez y se inclinó hacia ella—. Ven conmigo.
La forma en que lo dijo le quitó la respiración.
Eleanor cerró los ojos un segundo, intentando no dejarse convencer. Aquella era una pésima idea, terrible, escandalosa y, aun así…
—Cinco minutos —murmuró finalmente.
Anthony sonrió de una forma victoriosa.
—Sinceramente, espero durar más de cinco minutos.
Eleanor le golpeó el brazo, escandalizada, mientras él soltaba una carcajada baja y le tomaba la mano para tirar suavemente de ella pasillo arriba.
Ninguno de los dos advirtió que, al otro extremo del salón, parcialmente oculto entre las sombras del arco principal, Cedric Montague observaba cómo se alejaban juntos con el ceño ligeramente fruncido.
Aquello ya no parecía simple amistad y empezaba a estar completamente seguro de que Anthony y Charles ocultaban algo serio de verdad.
Cedric no pensaba quedarse de brazos cruzados. Descubriría qué se traían entre manos esos dos.
La lluvia golpeaba suavemente los ventanales de Christ Church y el frío había terminado por instalarse en Oxford de esa forma húmeda y despiadada tan típicamente inglesa que conseguía colarse incluso bajo las mantas.
Eleanor estaba medio dormida, acurrucada de lado en la cama, con un libro abierto boca abajo junto a la almohada y el cabello parcialmente suelto sobre el colchón, después de haber abandonado toda intención de parecer un estudiante respetable hacía ya una hora.
La habitación estaba prácticamente a oscuras y hacía muchísimo frío, tanto que, incluso dormida, se había encogido bajo las mantas buscando calor.
Cuando escuchó la puerta abrirse suavemente, dio un pequeño sobresalto y se incorporó de inmediato sobre la cama.
—¿Quién…? —Distinguió la silueta de Anthony entrando en la habitación con absoluta tranquilidad, como si irrumpir en dormitorios femeninos en mitad de la noche fuese parte completamente normal de su educación aristocrática—.
Dios mío —murmuró ella llevándose una mano al pecho—.
¿Quieres matarme de un susto? —Anthony cerró la puerta tras de sí—. ¡Son casi las dos de la mañana!
—Correcto —susurró él.
—¿Qué haces aquí?
Anthony la observó desde la oscuridad unos segundos y luego miró hacia la chimenea apagada.
—Vengo a encenderte el fuego antes de que mueras congelada o incendies Oxford intentándolo tú.
Eleanor dejó caer la cabeza contra la almohada.
—Aquello solo ocurrió una vez.
—Una vez fue suficiente experiencia cercana a la muerte para mí.
—Eres un exagerado.
Anthony se acercó a la chimenea con total naturalidad mientras ella lo observaba desde la cama, todavía medio dormida.
Llevaba pantalones oscuros y una camisa blanca abierta por el cuello, el cabello ligeramente revuelto y expresión sospechosamente relajada para alguien que acababa de colarse ilegalmente en una habitación ajena. Iba demasiado atractivo.
—Estoy perfectamente —murmuró Eleanor.
Anthony se arrodilló frente a la chimenea mientras empezaba a prepararla.
—Estás hablando desde debajo de cuatro mantas, sal fuera y ya verás —la animó.
—Qué encanto tienes.
—Intento mantener viva la llama de la pasión —bromeó él mientras cogía unos cuantos trozos de leña.
Ella soltó una pequeña risa adormilada.
El fuego comenzó finalmente a prender y la luz cálida iluminó poco a poco la habitación.
Anthony se giró hacia ella.
—No quiero que enfermes.
Eleanor lo observó unos segundos desde la cama, fijándose en cómo las llamas se reflejaban en sus ojos y en su piel.
—Preferiría que te metieras conmigo en la cama. —Anthony dejó de moverse inmediatamente. Aquello había sonado peor de lo que quería decir—. Quiero decir… para dormir —añadió rápidamente—. Por el frío, no que… tú y yo… bueno, sí, tú y yo sí, pero…
Anthony ya estaba sonriendo.
—No ayudas nada a mi cordura con esas palabras —murmuró levantándose despacio
Eleanor se cubrió media cara con la manta.
—Olvida lo que he dicho.
—Imposible. —Anthony se acercó lentamente hacia la cama—. Además —continuó con absoluta calma—, me parece una idea excelente.
—Anthony… —dijo cuando él levantó unas cuantas mantas.
—¿Qué? Has sido tú quien me ha invitado.
—Mmm…
—Demasiado tarde. Ya lo he decidido.
Y antes de que pudiera protestar más, Anthony apartó ligeramente todas las mantas y se metió junto a ella en la cama.
El colchón se hundió suavemente bajo su peso y el calor de su cuerpo llegó inmediatamente. Eleanor dejó escapar un suspiro involuntario, pues aquella sensación era muy agradable.
Anthony la rodeó con un brazo, acercándola contra él como si llevara toda la vida haciéndolo.
—Estás congelada —murmuró cerca de su cabello.
—Inglaterra debería desaparecer —bromeó ella.
Anthony soltó una risa baja mientras ella apoyaba lentamente la cabeza contra su pecho y el fuego crepitaba suavemente al otro lado de la habitación.
Por un instante, todo pareció demasiado tranquilo.
Anthony le acarició el brazo despacio por encima de la manta y luego apartó cuidadosamente un mechón rubio oscuro que había quedado sobre su mejilla. El gesto fue tan suave que Eleanor sintió algo apretarse peligrosamente dentro del pecho.
—¿Por qué me miras así? —preguntó ella en voz baja.
Anthony sonrió.
—Porque me gustas muchísimo.
Ella pasó una mano lentamente sobre su pecho y apartó apenas la mirada, tímida por primera vez en toda la noche.
—No deberías decirme esas cosas así… —murmuró en voz baja—. Me miras de esa manera y se me olvida hasta cómo respirar.
Anthony sonrió y deslizó los dedos lentamente por el mechón de cabello que acababa de apartarle del rostro.
—Supongo que así es exactamente como un hombre debería mirar a la mujer con la que piensa casarse algún día.
—Sus ojos claros volvieron a detenerse en los labios de ella y añadió con calma—.
El problema es que yo, además de mirarte, llevo semanas teniendo pensamientos muy poco decorosos sobre ti.
—Eleanor abrió mucho los ojos. Anthony soltó una risa baja—.
No pongas esa cara de escándalo ahora, hace cinco minutos fuiste tú quien me pidió que me metiera en la cama contigo.
—Ella le sonrió—. Ven aquí —murmuró antes de besarla.
El beso comenzó despacio al principio, disfrutándolo. Eleanor respondió enseguida, acercándose más contra él mientras Anthony profundizaba el beso lentamente, acariciándole el cabello, la espalda y la cintura con una ternura que resultaba muchísimo más peligrosa que cualquiera de sus bromas.
Anthony sonrió y volvió a besarla despacio, como si disfrutase demasiado de cada leve reacción de Eleanor. Ella notó cómo su mano seguía acariciándole el cabello mientras la otra descendía lentamente por su cintura, atrayéndola más contra él entre las mantas cálidas.
El sonido suave de la lluvia golpeaba las ventanas, el fuego crepitaba al otro lado de la habitación y Oxford entero dormía.
Por primera vez en muchísimo tiempo, Eleanor sentía que podía olvidarse del mundo durante unos minutos.
Anthony se separó de sus labios unos segundos.
—Sigues mirándome como si todavía no te fiaras de mí —murmuró divertido.
—Porque entras en habitaciones ajenas en mitad de la noche como un criminal atractivo.
—La palabra importante ahí es atractivo —bromeó él con orgullo.
Eleanor terminó riéndose bajito y aquello pareció acabar definitivamente con la poca cordura que le quedaba a Anthony, ya que volvió a besarla inmediatamente.
Eleanor deslizó las manos por su pecho mientras él se inclinaba sobre ella poco a poco, acercándola más contra el colchón, con cuidado, sin dejar de besarla ni un instante.
Anthony la observó unos segundos en silencio. Tomó suavemente una de sus manos y la llevó por encima de su cabeza hasta dejarla sobre la almohada, sujetándola allí con firmeza ligera mientras se acomodaba sobre ella.
Eleanor dejó escapar un suspiro tembloroso.