18 #4
Ella se mordió el labio, calmándose en ese momento y siendo consciente de lo que implicaba que él hubiese descubierto su secreto.
—Ya, pero tú… tú no dirás nada… ¿verdad?
—Por supuesto que no —se apresuró a decir—. Jamás se me pasaría por la cabeza hacer algo así, Eleanor. Pero si yo he podido notarlo, otros también podrían hacerlo.
Ella puso su espalda recta.
—¿Sabes… mi nombre?
En ese momento se dio cuenta de lo que había pronunciado.
—Recuerdo cuando nos presentaron en el baile, ya apuntabas maneras en ese momento. Recuerdo tu rechazo a bailar conmigo —bromeó. Ella lo miró fijamente, como si aquellas palabras no le gustasen mucho—. El problema es que, si yo he podido advertir tu engaño, otros también podrían hacerlo.
Ella suspiró y asintió, dándole la razón en ese momento.
—Sí, supongo. De todas formas, tú eres el único que lo ha hecho. La mayoría de los hombres ni se fijan en mí. No quiero irme.
—¿Y tu familia? ¿Lo sabe?
Ella se removió nerviosa y negó.
—No, solo mi tía, ella fue quien me ayudó a cambiar. —Tragó saliva y suspiró—. Charles era mi hermano.
—¿Era?
Eleanor lo miró un poco más perdida.
—Mi hermano fue admitido en Oxford, pero poco después cayó enfermo y falleció.
Anthony parpadeó varias veces.
—Lo siento.
Ella asintió.
—Pero sé que Charles hubiese estado encantado de que estuviese aquí, se hubiese divertido bastante… —luego lo miró—, no como tú.
—Eh, yo no he dicho que no me divierta, lo que digo es que es un lugar peligroso para una mujer. ¿Sabes lo que ocurrirá si lo descubren? Es bastante imprudente por tu parte.
Ella se distanció de él con un gesto molesto.
—Si los hombres dejaseis a las mujeres decidir sobre lo que quieren o no, no tendríamos que hacer estas cosas… ya has visto que soy tan capaz como tú o cualquiera de ellos.
—Más, diría yo —asintió—, pero, por desgracia, las normas no las dicto yo. —Ella se puso en pie y cogió su ropa interior para vestirse—. No te vayas…
Ella se giró y ladeó su cuello.
—No, quien debe irse eres tú, esta es mi habitación.
—No, no voy a irme —pronunció con una gran sonrisa—. No me apetece, estoy muy cómodo aquí contigo, gracias.
Ella resopló, cogió los pantalones de él y se los tiró.
—Al menos, vístete —le sugirió.
Anthony suspiró y se sentó a desgana en el colchón. Recogió los calzones y después los pantalones, y se vistió despacio. Permaneció observando cómo Eleanor hacía lo mismo e inspiró hondo.
—Creo que deberíamos replantear lo nuestro…
Ella se giró y lo miró sin comprender.
—¿Lo nuestro?
—Eres de buena familia —la señaló antes de agacharse para coger su camisa—. Yo soy el futuro duque…
—Sí, ¿y?
—Y, por lo que a mí respecta, podrías estar embarazada ahora mismo.
Ella se incorporó de golpe, totalmente alerta.
—¿Por qué?
—¿Tú por qué crees? —ironizó.
Ella resopló y dio un paso hacia él, señalándolo con el dedo.
—Esto es por culpa tuya.
—Para ser honesto con uno mismo, es culpa de los dos —le dijo y chasqueó la lengua—. Deberías abandonar la universidad y pediré tu mano.
—¿Qué? —preguntó ella.
Él se encogió de hombros.
—No soy un hombre que eluda sus responsabilidades…
Ella comenzó a reír.
—Oh, no… ni hablar. No estoy embarazada, así que olvídate.
—¿Cómo lo sabes? —Ella enarcó una ceja—. Igualmente hemos…
—No —lo cortó—. Quiero estudiar, quiero estar aquí y aprender —acabó sollozando hacia los libros—. Olvídate.
—No, no voy a consentirlo.
—Y tanto que sí… —dijo ella y dio un paso hacia él—. Tú sabías que era una mujer y has permitido que esté aquí, has engañado igual que yo a esta excelentísima institución…
—No, no vayas por ahí.
—Y has permitido que una mujer esté aquí rodeada de hombres. —Se encogió de hombros—. Te agradezco tu oferta, pero no quiero casarme… —Luego se quedó pensativa—. Al menos, de momento.
—No es lo que quieras o no, es lo que…
—Lo que dictan las normas sociales, ya… ya lo sé, pero no estoy de acuerdo con ellas, ¿recuerdas?
Anthony se pasó una mano por la cara.
—Madre mía… lo que me ha tocado. —Él acabó de vestirse y se miró en el espejo para arreglarse el cabello.
Inspiró hondo mientras se abrochaba la camisa y, cuando lo estuvo, la metió por dentro de los pantalones y fue hacia ella, situándose justo enfrente—.
Escucha, si tú quieres jugarte tu reputación me parece muy bien, pero yo no voy a permitirlo.
—¿Qué?
—Lo que oyes… si quieres permanecer un poco más aquí, me parece bien, es divertido tenerte como vecina, pero en cuanto llegue Navidad y cada uno vuelva a su hogar, pediré tu mano y… —Ella lo miró fijamente—, te casarás conmigo.
—¿Y si yo no…?
—Oh, por favor, Eleanor, hasta hace unos minutos estabas gimiendo y jadeando sobre el colchón… —Cogió su chaqueta y fue hacia la puerta—. Te gustará estar casada conmigo —bromeó—. ¿Quieres divertirte aquí un poco más? Perfecto… pero te casarás conmigo —sentenció.
—¿Porque lo dices tú?
—Sí, porque lo digo yo… y es lo que se debe hacer.
Eleanor se quedó observándolo con la mandíbula desencajada. ¿Lo asesinaba o lo besaba?
Dicho esto, y sin esperar respuesta por parte de ella, Anthony abrió la puerta y salió de la habitación, dejando tras de sí a una Eleanor totalmente aturdida.