18 #3
¿La deseaba? ¿Acaso ella no lo deseaba a él?
Sí, ella lo deseaba totalmente, todo estaba allí para excitarla de forma salvaje y no, no quería parar.
No lo dijo en voz alta, pero lo comunicó sutilmente, rodeándolo con sus brazos.
Él captó la indirecta con mucha rapidez.
Se instaló entre sus piernas y todas sus entrañas parecieron apartarse para abrirle paso. Los labios de Anthony volvieron a recorrerle el cuello, descendiendo después hasta llegar a los pechos.
Él se incorporó un poco y Eleanor lo lamentó, se sentía muy a gusto bajo su peso, pero ahora había una presión más abajo, ¡Dios mío!
Lo sentía grueso y duro, presionando contra ese calor, tan tenso, llenándola y colmándola de emociones.
Conocía su cuerpo, lo había estudiado en anatomía, y sabía perfectamente qué era lo que entraba en ella.
No tenía miedo, sin embargo, nadie le había hablado del dolor inicial que experimentaría.
Ahogó una exclamación, más por la sorpresa que por cualquier otra cosa.
—Anthony... no sé si te lo había mencionado, pero... es la primera vez que... —tragó saliva y bajó la vista un instante—. Es la primera vez que hago esto.
Su peso había caído otra vez sobre ella, derrumbándose placenteramente. Anthony tenía la cara vuelta hacia su cuello y los labios ardientes contra su piel.
—Lo intuía, aunque acabo de descubrirlo por mí mismo.
—Bien, pues… —dijo, colocando una mano en su pecho—, ¿te importaría mucho interrumpir esto?
—Sí —respondió él, riéndose.
—¿He dicho algo gracioso? —preguntó ella, mosqueada.
—Lo siento, te juro que lo siento pero… ¡Dios mío! Te mostrabas tan apasionada que por un momento dudé que… vaya… pensaba que sí, pero… vamos que…
—¿Estás tartamudeando?
—Eso parece. —Se incorporó para rozarle suavemente los labios con los suyos y luego le sonrió—. No hay por qué interrumpirlo, aunque podríamos, pero el daño ya está hecho.
Ella apretó los labios.
—Por Dios, hemos perdido la cabeza —gimió ella.
—Ya, bueno, pero ya está hecho, así que… ¿por qué no disfrutar de…?
—Es una locura —dijo Eleanor, situando una mano en su hombro, como si lo molestase.
—Eh, espera… —pronunció él con paciencia, cogiendo su muñeca y depositándola un poco. La besó y se movió levemente sobre ella. Los ojos de Eleanor se abrieron por completo al experimentar aquel movimiento en el interior de su cuerpo y, acto seguido, gimió—. ¿Todavía quieres que pare?
“¡Esto para ti, conciencia!”.
—No.
—Menos mal —susurró él y el beso que recibió como premio le arrancó un gemido, acompañado del lento mecer de sus caderas.
Las sensaciones fueron intensificándose hasta sobrepasar todo cuanto había experimentado antes, creciendo sin tregua hasta que una oleada de placer estalló en su interior y se propagó en delicados espasmos que la dejaron inmóvil, completamente extasiada.
Gritó, pero el grito fue acallado por la boca de su amante, hasta que él mismo alcanzó su propio clímax.
Eleanor todavía estaba deslumbrada y tenía dificultades para creer lo que había experimentado; parecía imposible sentirse así.
Se abrazó con fuerza a Anthony que acababa de mostrarle hasta qué punto su cuerpo podía desbordarse de sensaciones.
Sentía un gratitud y una ternura que se mezclaban en deseos de darle las gracias, de besarlo, de decirle que había sido fantástico y de manifestar su euforia, pero se contuvo, limitándose a abrazarlo y acariciarlo con lentitud.
Lo besó en el hombro con tanta suavidad que probablemente él ni se habría dado cuenta, pero sí lo hizo, y aquella ternura lo emocionó más de lo que deseaba admitir.
Había estado con otras mujeres, pero nunca había experimentado nada parecido, y eso lo asustaba de verdad.
Aquello no era solo un interés pasajero por una mujer a la que había conocido en un baile, un sentirse intrigado; no, aquello era mucho más y, tras lo acontecido, sus sentimientos habían aumentado.
—Ahora entiendo por qué la gente hace este tipo de cosas —susurró ella.
Él se situó sobre ella y la miró con un gesto divertido.
—¿A qué tipo de cosas te refieres, Charles? —ironizó él.
Ella chasqueó la lengua mientras Anthony enarcaba una ceja.
—Mi comentario no ha sido muy romántico, ¿verdad?
—He captado el sentido —dijo, dándole un beso en los labios—. Has disfrutado, ¿verdad? —dijo situándose a su lado.
Ella se giró y lo miró con timidez, luego asintió.
—¿Y tú?
Debía de estar loca para preguntarle eso.
Anthony rio, la cogió por la cintura y la hizo girarse, situándola encima de él, luego abrió las piernas y la dejó deslizarse entre ellas.
—¿Qué voy a hacer contigo, Charlie? —preguntó riendo.
—Podrías dejar de llamarme Charlie, para empezar —propuso ella.
—¿Prefieres que te llame por tu nombre? Aunque, seguramente, la mayoría de hombres de aquí se escandalizarán si lo pronuncio… —Ella resopló—. ¿Qué te parece si te llamo princesa?
Eleanor se quedó mirándolo en silencio y completamente inmóvil.
—¿Perdón?
Anthony, completamente tranquilo, se encogió de hombros.
—Creo que encaja bastante bien.
—No voy a responder a eso.
—Ya lo estás haciendo.
—Anthony.
—Charles.
—No vuelvas a llamarme princesa —rugió ella.
—¿Y perderme esta maravillosa reacción? Ni hablar. —Eleanor abrió un poco más los ojos y se removió para escapar de su abrazo—. No, no te retuerzas así. La sensación es deliciosa, pero en este momento prefiero explicaciones. ¿Por qué no empezamos por el motivo de que estés aquí disfrazada?
—¿Tú qué crees?
—Mmm… espera, esa pregunta debe de tener algún sentido. Dame un momento para que lo piense… No, me rindo —bromeó.
Ella resopló.
—No soportaba quedarme en casa como si no sirviese para nada mientras los hombres pueden hacer todo lo que les plazca.
—Oh, espera… —dijo, incorporándose—, no serás de ese tipo de mujeres que prefieren quedarse solteras y fingir que son libres y odian a la sociedad y a los hombres, ¿verdad?
—Tú, obviamente, no puedes comprender lo que sentimos las mujeres, pero ocurre que yo desprecio todas las normas sociales y a todos los hombres que pretenden imponerlas.
—¿De veras? ¿Incluido yo?
Ella resopló.
—Antes sí, ahora… no lo sé.
—Así que eres una de esas mujeres que odian todas las convenciones sociales —confirmó.
—¿Y si lo fuera qué? —preguntó a la defensiva
—No pienso discutir eso contigo. —La miró y le sonrió—. Pero puedo perdonártelo.
Ella abrió la boca desencajando la mandíbula y se incorporó de golpe.
—Pedazo de…
La atrajo hacia él y la besó, acallándola, prolongando el beso hasta dejarla completamente aturdida.
—Me importa un comino tu forma de pensar…
—Aun así, tú perteneces a esos hombres que pretenden imponer las normas, ¿no? Bueno, eres el futuro duque de Ravensmere.
La besó otra vez. Si un método daba resultado, no tenía sentido cambiarlo. Una vez más, consiguió dejarla sin palabras.
—Pues sí, lo soy. Además, confío en las normas sociales, aunque ahora no es la cuestión más importante, ¿no crees?
—Pues yo creo que sí lo es… —Anthony negaba con la cabeza—. Mira lo que tengo que hacer para poder optar a un poco de formación…
Él situó su dedo sobre los labios de ella y ladeó su cabeza.
—¿Sabes en qué lío te podrías meter si lo descubren?