Lealtad de la manada Capítulo 9
76%

Capítulo 9

Amy

Me desperté al oír una puerta cerrarse y la voz de Noah:

—Amy, ¿estás despierta?

—¡Estoy despierta! —dije, aunque el cuerpo todavía me pesaba por el sueño.

Miré el móvil. ¿Las ocho de la mañana? ¡Mierda!

Me incorporé de golpe y me tambaleé.

—Vaya, demasiado rápido.

Bajé las piernas de la cama y esperé un momento. Dios, estaba más cansada de lo que creía, y el cuerpo me pedía más descanso.

—¿Todo bien? —pregunté en voz alta—. ¿Trixie se portó bien?

—Sí. Todo bien.

Me vestí despacio, con el cuerpo todavía dolorido por el cansancio.

—Venga —me dije, sacudiendo la cabeza. Un café, eso era lo que necesitaba. Con eso me recuperaría.

Salí de la habitación. Noah estaba colocando comida en la mesa y el olor a café inundaba el ambiente.

—Mmm, huele bien. ¿Qué tienes ahí, cariño?

Trixie levantó las manos, ambas llenas de lo que parecía pan blanco.

Alcé la vista hacia Noah y me sonrojé cuando me devolvió la mirada con el mismo deseo en los ojos que la noche anterior.

Era evidente que aún no se había saciado de mí, lo cual resultaba reconfortante y aterrador a partes iguales.

Me daba un poco de miedo volver a implicarme emocionalmente con Noah.

Si volvía a pasar, no tendría a una pequeña Trixie para aliviar el vacío y la pena cuando llegara el momento de volver a la ciudad.

Con el calor extendiéndose por mi vientre, supe que yo tampoco me había saciado de Noah. ¿Llegaría a saciarme alguna vez de este hombre tan sexy y enigmático?

—¿Fuiste a la panadería?

—Sí, era la única tienda abierta a esta hora de la mañana.

Se acercó a los armarios a buscar tazas para el café.

Cogí a mi niña, me senté con ella en el regazo y estreché su dulce cuerpecito contra el mío.

—Muchas gracias por dejarme dormir. Ha sido genial tener a alguien que me echara una mano con ella esta mañana.

Eso era algo de lo que me había privado al criarla sola. Mis padres habían ayudado cuando podían, pero en general me habían dejado sola para criarla, lo que significaba que yo me encargaba de todas las noches, los fines de semana y las mañanas. Era agotador.

Me sonrió como si no tuviera importancia, pero para mí esas horas de más de sueño, sabiendo que Trixie estaba en buenas manos, lo habían sido todo.

—No hay problema —dijo—. Nos divertimos, ¿verdad, pequeña? Ah, por cierto, la llevé a conocer a mi madre.

Cogí la taza de café y me quedé paralizada a medio llevarla a los labios cuando asimilé sus palabras.

—¿Tú... qué?

—La llevé a conocer a su abuela. Mi padre murió hace unos años, pero al menos mi madre pudo conocerla.

Noah se sentó frente a mí y me limité a mirarlo fijamente. ¿Había... qué? No acababa de asimilar la idea.

—¿Qué pasa? —preguntó—. Pareces molesta.

—Oh, no. No estoy molesta. Sorprendida. Preocupada, quizás.

—Es que, eh, supongo que no se me había ocurrido que ella tuviera abuelos de tu lado de la familia.

Noah resopló.

—Sí, no creo que pensaras en nadie en ese sentido, incluido yo.

El horror me abofeteó. No había sonado amargado, pero tenía razón. Al mantener a Trixie alejada de él —y de su familia— me había equivocado de lleno.

—Lo sé. Y lo siento. De verdad, yo...

Iba a tener que disculparme por haberle ocultado a Trixie durante mucho tiempo. Cada vez que lo mencionaba, sentía la necesidad de salir corriendo y esconderme de la vergüenza por mis actos.

—No te preocupes —dijo—. Solo te estoy tomando el pelo. Tenemos que recuperar el tiempo perdido.

Cogió platos y sirvió la comida, que resultó ser queso, jamón y pan fresco con mantequilla.

—¿Qué dijo tu madre? —pregunté, desesperada por saber si alguna loba mayor iba a venir a cazarme por haber herido a su hijo.

Se encogió de hombros.

—Estaba un poco sorprendida, pero se toma la mayoría de las cosas con calma. Ella y Trixie parecieron congeniar, lo cual me encantó.

—Entonces, ¿vendrá luego a gritarme? —pregunté, medio en broma—. ¿Debería salir corriendo otra vez?

Noah negó con la cabeza.

—No te preocupes por mi madre. Es bastante maja, la verdad. Y no, no volverás a llevarte a Trixie lejos de mí.

A pesar de lo que había dicho antes sobre no preocuparme, ahora había un filo en su voz. Tragué saliva ante la amenaza apenas velada.

Contuve las ganas de discutir con él, porque yo estaba equivocada y ambos lo sabíamos.

—No lo haré —dije—. Da igual lo que decidamos sobre dónde vivir o cualquier otra cosa en el futuro, te prometo que siempre podrás verla.

Emitió un gruñido extraño y bebió su café.

Se me encogió el corazón.

—¿Dije algo malo?

¿Otra vez? Parecía distinto esta mañana. Me sentía como si tuviera que ir con pies de plomo a su alrededor.

Negó con la cabeza y mantuvo la mirada baja, sin querer hablar de lo que le rondaba por la cabeza.

Bebí mi café y picoteé algo, intentando disfrutar de nuestro primer desayuno juntos, pero me preocupaba demasiado lo que él estuviera pensando como para conseguirlo.

Trixie se puso irritable y somnolienta, así que la acosté y limpié la cocina.

Noah se quedó rondando, sin decir gran cosa.

—Si necesitas ir a trabajar —dije—, no pasa nada. Me entretendré por aquí. Limpiaré, prepararé la cena si me enseñas dónde está todo.

Noah negó con la cabeza.

—Me quedaré contigo hoy.

—¿Te preocupa que vuelva a escaparme? —bromeé.

Su rostro se tornó serio como una tumba y sus ojos se ensombrecieron.

—Lo estás, ¿verdad? —me obligué a preguntar, aunque tenía un nudo en la garganta por la emoción que me invadió de repente.

Dejé el paño de cocina y me acerqué a él.

—Noah, no sé qué más decir ni hacer para demostrarte cuánto lamento haberme ido hace dos años. No haberte contado lo de Trixie.

Se cruzó de brazos y siguió sin decir nada.

Junté las manos delante del cuerpo.

—Lo siento muchísimo, Noah. De verdad. Ojalá pudiera volver atrás y cambiarlo todo, pero no puedo. Estoy aquí ahora, dispuesta a encontrar la forma de que esto funcione.

—¿Que funcione el qué, Amy? —preguntó—. Solo volviste porque Trixie va a convertirse en una loba metamorfa y necesitas ayuda para entenderlo y saber cómo criarla. Si no hubiera sido por eso, nunca me habrías buscado, y yo nunca habría conocido a mi hija. Nunca habría sabido que tenía una hija.

Ahora resoplaba un poco, y me abracé el pecho para intentar consolar esa parte de mí que se estaba rompiendo.

Había pensado que lo había aceptado, de alguna manera.

Que volver ahora había compensado un poco lo que había hecho.

Pero ahora veía que no era ni de lejos suficiente.

No estaba segura de si alguna vez lo sería.

—Noah...

—No —dijo con voz áspera—. Es la verdad, y no puedes cambiar ese hecho. Solo tengo que hacerme a la idea de que no volviste por mí.

—¿De qué estás hablando?

—De nada.

Negó con la cabeza y se dirigió hacia la puerta principal.

—Tienes razón. Probablemente debería ponerme a trabajar.

—No me iré —dije, aunque una parte de mí ansiaba huir de toda la locura paranormal que me rodeaba—. Te lo prometo.

—Ya lo sé, porque sabes que os encontraré de nuevo.

Me estremecí ante la rabia en su voz, pero negué con la cabeza.

—No es por eso. No me iré esta vez, ni nunca más, porque ya eres un padre estupendo, y quiero eso para Trixie. Debería haberte tenido desde el principio, y os hice un flaco favor a los dos con lo que hice. Siento que no te tuviera desde el principio, Noah.

Noah gruñó un poco y negó con la cabeza, como si decidiera no seguir hablando. Salió por la puerta principal y la cerró de un portazo.

Me quedé mirando hacia la puerta, con los ojos llenos de lágrimas. ¿Qué demonios había sido eso? Me senté en el sofá y dejé escapar los sollozos que se me habían ido acumulando en el pecho desde que empezó esta pequeña pelea.

Había surgido de la nada, pero estaba claro que Noah estaba muy alterado. Y ahora yo también.

Cogí los pañuelos que tenía cerca y los estrujé, sollozando entre el dolor. Sabía que había obrado mal cuando decidí no incluir a Noah en mi embarazo ni en el parto, y ese error me había perseguido desde entonces.

Ahora me daba cuenta de que nunca más podría tomar decisiones por ella y por mí sin contar con Noah.

¿Era algo que quisiera, que fuera a echar de menos?

No lo sabía. Pero era un pensamiento aterrador después de haber sido independiente durante tanto tiempo.

Tener que responder ante otro ser humano...

Bueno, ¿se le podía considerar humano siquiera?

Tenía tanto que aprender sobre esta vida de lobos metamorfos.

Llamaron a la puerta e intenté contener las lágrimas. Mierda, necesitaba recomponerme. Cogí más pañuelos y me sequé los ojos.

Volvieron a llamar y una voz de mujer preguntó:

—¿Hola? ¿Hay alguien en casa?

Me levanté, respiré hondo varias veces y fui a abrir la puerta.

—Eh, hola —dije, mordiéndome el labio mientras las lágrimas amenazaban con volver.

Estaba hecha un desastre. Qué vergüenza.

La mujer al otro lado de la puerta parecía tener mi edad y tenía un rostro amable.

—Hola, tú debes de ser Amy. Soy Kara, la esposa de Ronan.

La esposa del Alfa.

Asentí, pero no me salían las palabras. Debería ser capaz de recomponerme, pero hoy me estaba costando.

—¿Puedo pasar? —preguntó.

Asentí y me aparté. Recomponte. Me sequé las lágrimas de la cara y recé para que Kara fuera tan amable como Ronan.

—Me han dicho que has traído un bebé. ¿Está despierta? —preguntó Kara mientras cerraba la puerta y entraba en el salón.

—No. La acosté a dormir la siesta hace como una hora, pero se despertará pronto.

Me fijé en la barriga abultada de Kara y en cómo la camiseta holgada se le ceñía. Me mordí la lengua con la pregunta del embarazo, porque ninguna persona en su sano juicio le pregunta eso a otra mujer. Yo parecí embarazada de seis meses durante al menos un mes después de tener a Trixie.

—¿Tienes hijos? —le pregunté mientras me acomodaba en el sofá desgastado.

—Estoy esperando el primero, nacerá en unos tres meses —dijo con una sonrisa mientras se acariciaba la barriga.

Me alegré por ella. —Estás preciosa.

—¿Cómo te fue el embarazo? —preguntó, y después gimió—. He estado fatal.

—Bueno, el embarazo fue bien. El parto, no tanto. Pero puede que fuera porque yo soy humana y Noah, bueno... no lo es.

Kara se sentó en el sofá frente a mí. —Entonces, ¿sabes lo que somos?

Asentí. —Técnicamente, sí. Me lo han explicado, pero no estoy segura de... entenderlo del todo aún.

O de creerle del todo.

Kara me sonrió. —Noah te mostrará su lobo cuando estés lista. Yo te lo enseñaría ahora si pudiera, pero el embarazo hace que me resulte casi imposible transformarme y luego volver a mi forma humana. Es una sensación horrible, como si le negara la existencia a la mitad de mí misma.

Negué con la cabeza. —Es algo tan increíble. Creo que todavía no he asimilado todo esto.

Kara suspiró. —Sí, me lo imagino. Yo nací y me crié aquí, en una manada a una hora de distancia. Mi hermano se emparejó con una humana del pueblo, así que ella sería una buena persona con quien hablar de todo esto. Puedo preguntarle, si quieres.

—¿En serio? —pregunté—. ¿Hay más como nosotras aquí?

—Por supuesto. Y la verdad, creo que Tammy te va a encantar. Es muy fuerte y tiene mucho carácter.

—Me encantaría conocerla —dije, porque cualquier aliada en este extraño mundo nuevo me vendría bien.

—Genial. Lo organizo —dijo Kara—. Pero ya que estoy aquí, ¿hay algo que pueda hacer por ti?

Negué con la cabeza. —No por el momento, pero te lo agradezco.

—¿Quieres contarme por qué estabas llorando?

Suspiré. —Es solo... todo. Estoy un poco abrumada, y Noah está enfadado conmigo por haberle ocultado a Trixie durante tanto tiempo.

Kara suspiró. —Sí, los hombres lobo tienen un corazón enorme y son los más leales que existen, pero también son tercos y tienen un ego del tamaño de una casa.

Me reí por lo acertado de sus palabras. —Gracias por el consejo.

Kara se levantó y me tendió la mano. —Bienvenida a la manada. Si me necesitas, estoy a unos tres minutos.

—Gracias, Kara.

Se marchó, pero me sentía más animada. Si contaba con algo de ayuda para adaptarme a esta vida, ¿quizás podría quedarme aquí a largo plazo?

Suspiré y volví a sentarme en el sofá. Claro que eso dependía de que Noah pudiera perdonarme por lo que había hecho, porque tal como estaban las cosas, no parecía probable.