Lealtad de la manada Ronan #3
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Ronan #3

La manada de Allara siempre me aceptaría, pero ya no pertenecía allí. Mi espíritu anhelaba regresar con Ronan. Pero aún tenía una astilla de duda clavada en el pecho, el terror de que todo aquello fuera demasiado bueno para ser verdad.

—Nunca se trató de un tratado —dijo Ronan con la voz cargada de emoción—. No estabas aquí por ningún pacto político, ni porque te viera como una garantía. Desde el momento en que te vi por primera vez, te quise a mi lado. Siempre.

Me deslizó la mano por el cuello y me echó la cabeza hacia atrás hasta que nuestras miradas se encontraron.

—Tú eres mi familia, Kara. Tanto como Kit. Más, en cierto modo. Eres mi futuro.

Apenas me atrevía a creer lo que decía. Era más de lo que había esperado. Lo era todo.

—¿Qué quieres decir?

—Quiero que seas mi compañera. De verdad —rebuscó en el bolsillo de su camisa y sacó algo.

Entrecerré los ojos bajo la luz del sol, y el corazón empezó a martillearme con más fuerza aún.

—Debería haber hecho esto antes —dijo—. Lo siento.

No encontré palabras para responder.

Sostuvo el anillo entre el pulgar y el índice mientras buscaba mi mano a tientas. El metal estaba tibio de haber reposado contra su pecho.

—Kara, esto lleva en mi familia... no sé cuánto tiempo. Es una tradición humana, lo sé... pero quiero que lo tengas.

Solo pude asentir, abrumada, mientras me deslizaba el anillo en el dedo anular.

—Es una promesa.

El anillo era de oro, dos manos unidas por un corazón. Recorrí el diseño con el pulgar y se me empañaron los ojos de lágrimas.

—Es precioso —murmuré—. Es perfecto.

Una sonrisa asomó en las comisuras de sus labios mientras me tomaba el rostro entre sus grandes manos y me daba un beso suave.

En cuanto nuestros labios se rozaron, sentí la misma descarga que la primera vez.

Cada momento con Ronan era nuevo, distinto, emocionante.

Solo duró un instante antes de que se apartara, y contuve un suspiro de frustración.

—La vida de la compañera de un Alfa no será fácil —dijo, mientras me colocaba distraídamente un mechón de pelo detrás de la oreja.

Me incliné hacia su caricia antes de asimilar del todo lo que había dicho.

—Espera... ¿has dicho Alfa?

—Se acabó esconderme de esto, Kara —su expresión cambió y se volvió seria—. Es lo que soy. Ya es hora de dejar de preocuparme por cumplir las expectativas de otros y empezar a forjar las mías.

Ladeé la cabeza.

—¿Por qué huiste de la manada, Ronan? Necesito saberlo.

Se pellizcó el puente de la nariz y suspiró.

—Eh... no tengo una buena razón.

—Dímela de todos modos —dije—. Y no volveré a sacarlo nunca. Te lo prometo. Solo quiero entender por qué.

—Yo... mi padre me dejó claro desde muy pequeño que no sería un buen Alfa.

Que simplemente no tenía madera de líder.

Lo decía constantemente, de hecho. Por eso tuvieron a Kit, creo.

Para que hubiera un segundo heredero que pudiera asumir el título.

Pero papá murió antes de lo esperado, y Kit aún no tiene edad suficiente...

así que me dijeron que tenía que asumir el manto.

Me sentía un impostor, ocupando el lugar que le correspondía a mi hermano, cuando todos sabían que yo no estaba a la altura.

No podía soportar el juicio de la manada.

Del Anciano Frey... —Ronan negó con la cabeza y chasqueó la lengua—.

Pero no podía irme. Eso habría dejado a la manada vulnerable.

Salí corriendo del recinto, avancé unos cien metros por el camino y me di la vuelta.

No podía dejar a mi manada desprotegida.

¿Y si le hubiera pasado algo a alguno de ellos? Jamás me lo habría perdonado.

—Vaya —dije con un hilo de voz—. De verdad eres un Alfa, ¿eh? Protegiendo a la manada incluso entonces.

Se rio de pronto y me sonrió.

—Yo... supongo que sí. Nunca lo había visto así. Pensaba que era una cosa más que no sabía hacer bien: huir solo a medias y no dejar que Kit tomara las riendas.

Luego se puso serio de nuevo.

—¿Estás de acuerdo con eso? ¿Con que sea un Alfa? —Ronan frunció el ceño y un destello de preocupación asomó en su mirada—. Tú no pediste nada de esto.

—Tú tampoco. Ronan... —ya no pude contener la sonrisa—. Estoy orgullosa de ti.

Ronan me devolvió una sonrisa ladeada.

—Viniste hasta aquí, tan lejos, tú sola...

—Por ti —terminé la frase por él, atropelladamente.

Le tomé las manos y me puse de puntillas para besarlo como es debido.

Cuando me aparté, los dos respirábamos agitados—.

Sé cómo es la vida de un Alfa y su compañera, toda esa responsabilidad...

No es lo que ninguno de los dos imaginaba, pero eso no tiene por qué ser malo. Quizá podamos descubrirlo juntos.

Solté un grito cuando me alzó en el aire, y mis piernas se aferraron a su cintura buscando dónde apoyarse. Él ni se inmutó; se limitó a cubrirme de besos ardientes en las mejillas, el cuello, la nariz y la frente.

Me dejé mimar entre risas antes de atraerlo hacia mí para besarlo de verdad.

Cuando volvimos juntos al pueblo, de la mano, los dos estábamos empapados de pies a cabeza.

Me daba exactamente igual.